lunes, 15 de octubre de 2018

ARRASANDO


Resultado de imagen de lluvia
Las lluvias nos sacan los colores de lo malo que hicimos. Lo peor que pagan justos por pecadores. Hay muertos y desaparecidos que no clamaran justicia por lo que ha pasado. Los lodos es lo que tienen que arrasan sin que les importe si es bueno o bazofia. No es la Naturaleza, somos nosotros los que la frenamos, los que construimos en los cauces naturales, ahora también por nuestra acción más seco que una cuenca vacía. Terminaremos comiéndonos el plástico que tiramos, vertido de cualquier manera al mar. Terminaremos reciclando cuando ya sea muy tarde para todos, porque no se olviden que la Tierra no es plana para que podamos esconderle bajo la alfombra nada.                            Todo sale a la luz, todo se lo lleva el barro y las riadas, hasta las fotos que nunca nos gustaron de aquel verano fatídico que no pudimos pisar la playa.                                         Llueve como torrente del cielo porque nos ha llegado la hora, ahogándonos en agua como antes nos secábamos- como mojamas- al sol.                                                                Nunca he sido de pescados secos, más bien de chicharrones como respuesta a muchas cosas que no hay como pensar en comida para que el Santo se te vaya a otra parte sin acordarme que los dolores por la humedad me joroban los nudillos al teclearle al ustedes.                                                                                                                                   Llueve por hartazgo a manadas desbocadas de gotas frías y huracanes que antes nos sonaban a muy lejanos cuando la tele era en blanco y negro y los padres decidían cuándo la veíamos. Ahora hay satélites en el cielo, tantos que no sabemos ni a qué se dedican  porque siguen ocurriendo desgracias y muere gente que se podría haber salvado. Hemos prosperado en el arte de espiarnos y lo hemos hecho casero, tanto que ya no nos importan los realitys que se nos han pasado de madre, cabeceando ante el plasma cuando hacen” gusanadas” bajo un edredón. Estamos hartos de la nada más absoluta , esa que se disfraza de día a día para levantarnos temprano, acostarnos tarde y llevarnos toda la jornada abriéndonos paso como si nos cortáramos las venas, con determinación y hastío al mismo tiempo. Llueve porque es otoño, las hojas se han caído y el pelo se nos volvió ralo, estropajado , con alma inquieta que no se ve pero se toca igual que la gomina del pelo o el rímel de las pestañas. Llueve para secarnos las lágrimas y que no se distingan, porque venimos llorados de casa a hacernos mayores, a dar vueltas la rueda que no es sino acabadero de viejos, rompedero de sueños y acunadero de niños de teta, en orden inverso. Y no cesa, porque no es la Naturaleza, sino nosotros que la puteamos a base de bien, enlatándola y maleándola, regalándole gases que nuca quiso que la asfixiaran a poco que despunte la Primavera. Somos lodo que atasca el progreso, sin que nuestra voluntad recicle nuestra mala baba, la pereza, el engreimiento y el creernos especie elegida solo porque nos tocó el billete dorado de la casualidad más pasmosa.

POLVOS DE TALCO


Resultado de imagen de espinas
Han inventado unas abrazaderas para los muslos ( en tejido sintético) para preservarlos de las incomodas rozaduras. Es a los nuevos tiempos, lo que antes los polvos de talco de la abuela. Y así en todo. No se adelanta en erradicar el cáncer, seguramente porque no se ponen todos los fondos a su empeño, pero en cambio en lo que se traduce en dinero rápido nos damos paradas en el culo para hacerlo. No importa el futuro, solo la apariencia y el presente. Las niñas cogen carrerilla sin pasar por los calcetines, naciendo abocadas a ser mujeres deseables.                                                                                                                     El menor que quemó el hábitat de los camaleones con total ignorancia de lo que hacía- o es más  sin importarle un ápice- no ha trastocado su futuro sino que le ha dado con el subrayador para que sea más inconfundible. Parece que todo da igual, que nada va a cambiar en ese destino conjunto que nos hemos impuesto como sociedad y como especie. Ya no miramos a la Luna más que para fotografiarla, nunca para colonizar, prosperar y anclar en sus lomos pétreos anuncios de Coca-Cola. No creo en la especie elegida para la gloria, excepto cuando veo entrega individual, porque es difícil creer cuando naciste sin la fe incorporada. El mundo nos arrebata las creencias, nos las machaca y evapora como la marea tras un día de agotador calor sobre las espumas.              Los muslos pueden estar tranquilos porque los de Amazon ya se han preocupado de ellos, de todo realmente porque no hay bagatela que no vendan, ni lugar al que no lleguen. Prima el consumismo, el prosperar entendido en igualar a los demás y luego coger carrerilla , lo que nos lleva a aguantar, rechinar dientes y seguir en la mágica rueda que solo gira para agotarnos y llevarnos al matadero. Muchos deberían visitar un geriátrico y adivinar cuáles fueron los más queridos, cuáles los más ricos, cuáles los más avispados, porque la edad, el tiempo y la senilidad han igualado todo en vendas, limitaciones y pañales de adulto. Corremos como desesperados para llegar a la casilla de salida, sin que haya más que ese final del juego. No les critico, me amparo en ustedes. Siempre quiero llegar al final, cuando leo algo que me gusta, sin darme cuenta que como Ulises en el viaje está lo mejor y que la llegada a casa solo trae problemas y desavenencias. No acaba la historia cuando abraza a su mujer y a su hijo, sino que debe liberar su casa, reconstruirla y prepararse para la próxima guerra.                                                    No acaba la vida en un geriátrico sino que comienza, con horas establecidas, pastillas para todo y gente que entra y sale sin billete de vuelta.                                                                         El menor que ha quemado pasto y propiedades, ha comenzado el calvario de la edad adulta sin que le guíen buenas manos, ni nadie reme en su barca, ni le lleve a buen puerto, porque tiene 17 y a esa edad no debería estar con los amigachos prendiendo fuego -ni gamberreando- hasta que acabe quemado, sino estudiando bachillerato para ir a la Uni a sacarse las muelas del juicio. Porque hay muchos caminos, aunque todos terminen en la misma casilla de  salida, siendo el viaje el incentivo.                                      Las abrazaderas para muslos solo son buenas si te permiten buscar soluciones pateándote la vida, porque te sudan. Todo el cuerpo te suda.  Da igual que sean de tela de visillo o en bonitos encajes, por si alguien te sube las faldas. Están hechos para aguantar, como los polvos de talco y el serrín que tragaba lo que hiciera falta. Como los que pateamos, doblamos y esclavizamos al sudor, la frustración y la agonía para hacerla nuestra machacándola e integrándola en nuestro ADN.                                                                   Puede que terminemos en el mismo lugar, pero antes vamos a quemar – no a pobres camaleones en peligro de extinción con bobería de gamberro- sino la intransigencia, el desprecio,  la superioridad y la mala leche.                                                                                Vamos a desterrar el miedo y la indiferencia. Luego nos dará todo igual y vegetaremos pegados a una ventana viendo los días llegar, hechos unos viejos destartalados.

miércoles, 10 de octubre de 2018

NUNCA DIGAS JAMÁS


Resultado de imagen de ojos de manga
 Cae en Melilla una mafia que transportaba personas como si fueran ganado. Los metían en los bajos fondos de los coches porque – para ellos- no valían más que el dinero que les reportaban.                                                                                                                              Miramos en las noticias (con ojos de Manga) realidades que no nos son afines,  mientras nuestros hijos se disfrazan para ir al mundo que le hemos empaquetado nosotros.                  Nos preocupamos del bilingüismo, de que no sufran acoso mientras el mundo va girando para donde le da la gana.                                                                                                  La rueda de la fortuna es ciega y loca, por eso las pitonisas- mirándonos entre las líneas de la mano o en la hendidura de las cartas- no pueden ver cómo se va a reflejar nuestro futuro en la cara oculta de la luna.                                                                                          Los mausoleos de los cementerios no nos dicen nada porque ya su esplendor enmudeció hace mucho, sirviendo ahora solo de cagadero de palomas y desahogo de ratas.                         Las estatuas de museos no nos enseñan más que el tiempo es lo único que prevalece además de las cucarachas que son inmunes a todo lo que no sean ellas mismas.                                      Ir en los bajos de un coche para buscarte la vida- encontrando la muerte- no es plato de gusto un lunes por la mañana. Pero por nuestra negación a verlo como propio nos quejamos de tener trabajo y tenernos que levantar temprano.                                                              Nos gusta soñar con imposibles donde somos la estrella del último reality que nos enchufan,  encumbrados y jartitos de millones de euros. Como los narcos que hasta que no cayeron, se creían invencibles.                                                                                        Como los de la mafia que trata con personas como si fueran ganado, apilados para tener un futuro donde llevarse algo  a la boca algo que no sean sus propias babas y su lengua. Pero el paraíso nos los pinta muy bien y creemos que solo atravesar frontera ya seremos libres, viviremos en paz y lo que más no preocupará será la crisis catalana que ya está demodé y desteñida porque- ya les dije- el tiempo es devorador omnímodo.                                                                                                                      Si han visto alguna peli de manga sabrán que los ojos son más falsos que una moneda de 3 euros. Son ojos de mirar otra realidad, la que quisiéremos, la de que los ilegales tengan trabajo estable, la de que estando en el bajo de un camión no te asfixies o te hieles o te caigas. Yo también uso los ojos manga porque hay días que la realidad aplasta como las toneladas de un camión sobre las espaldas. Días en que todo se te viene encima y la angustia te devora por completo.                                                                      Te ves solo, abrumado y perdido en una selva donde tus congéneres son tratados como ganado propicio para el matadero y los precios, el consumo y la publicidad son los reyes del cacharraje.                                                                                                                                  Ya nos enfrentamos a otra Navidad puesta en escena en octubre, ya nos enranciamos la boca de turrones y golosinas, para pasado enero volver a tensar la cuerda de adelgazamientos, gimnasios y dietas.                                                                                      Vueltas y más vueltas que da la rueda, hundiéndonos la cabeza a cada horcajada. Solo que no lo vemos, porque no queremos.                                                                                       Las tapias de los cementerios podrían contarnos muchas historias, también los pañales de geriátrico o los caretos- partidos en dos- de grandes monstruos de la historia humana , como emperadores , dictadores y otros deleites de rebuscadores de arena y ladrones de estropicios cavernarios que no hay como creerte dueño de todo para hacer fortuna. Fortuna de quita y pon, porque nadie consiguió volver cuando ya se había ido y por muchos rezos o por mucho dinero o por mucho poder, todos se convirtieron en astillas de huesos con carne podrida y cerebro muerto.                                                                          Ha caído una mafia en Melilla que traficaba con humanos, tratándolos como ganado. No es un videojuego, ni un reality, es cucharada de palo en el ojo del tuerto.


VENENO QUE TÚ ME DIERAS


Resultado de imagen de perros
Los perros del Barrio de Santa María en Cádiz ya saben lo que es morir despatarrado, con la barriga encogida y rezando en arameo. Que te envenenen no es plato de gusto, ni cuando es para salvarte la vida.                                                                                       Ana Obregón cuenta en “Hola” el calvario del hijo que tuvo con Lequio, ese macizo italiano que le puso los puntos junto a las comas.                                                                 El mocetón- el hijo, que ya el padre anda de péndulo caído- ha dado mucho que hablar hasta que el cáncer se ha entrometido.                                                                                     Su madre, como las que buscan bebés en tumbas huérfanas de sepelio, ha hecho hasta lo que no podía para salvarlo, como por ejemplo decir que ya no existe su carrera artística.                          No se lo tomen a cuenta, los del espectáculo son así, siempre esperando el foco o la alcachofa en la puerta. No sé lo que será de la Esteban cuando coja el camino que muchos otros tomaron, solo reflejado en revistas viejas manoseadas por archiveros de Biblioteca. No lo sé, pero lo veremos como a Nadia, la niña que los padres vendían a cachitos en entrevistas espectaculares y magacines de máxima audiencia haciendo malabares con la falsedad de que se moría.                                                                                Cada fin de semana degustamos esa mezcolanza de caras famosas- y otras que no tanto- mientras  rezamos como los perros envenenados en Santa María para que el suplicio acabe y nos lleve el aburrimiento, el hastío o la pena, donde las Esteban y Morenos no nos alcancen.                                                                                                                                    El niño- ya les digo que mocetón- de la Obregón pelea con un cáncer, adobado de veneno dosificado a gusto de los doctores americanos que no sirvieron( con su medicina para elitistas) para salvar la vida de la más grande, porque esto es ruleta rusa y solo da oportunidades a quien le da la gana.                                                                                               No , desde luego , a perritos queridos en sus casas y envenenados en las calles por alguien tan corroído como los ocupas de la calle Rosario que la emprenden con desgraciados con el cielo por techo, con nocturnidad y alevosía. Tenemos que vivir un macramé impuesto por Artista que dice no serlo, patrocinado por los grandes capitales y ordeñado por religiones y falsos fieles. Todos somos Nadia conviviendo con sus chulos de barrio, prostituida en su niñez, no sexualmente, sino en su imagen, en su vida que ya tiene 14 años para saber y asimilar lo mucho que la corrieron. No será una mocetona como el hijo que nació predispuesto para las portadas con la Obregón luciendo barriga y el padre emparentado con la realeza. Sin embargo, algo tienen igual, como los perros envenenados, los ocupas de la calle Rosario y todos nosotros…que nos da la luz del sol en la pupila abierta. Nadie vivirá eternamente. Nadie heredara el Planeta más que las envenenadoras que viven en las tuberías y que nos visitan de noche para robarnos el sueño. Pobre perros, pobres madres con tumbas sin muerto.

lunes, 1 de octubre de 2018

SE ME VE LA PLUMA



Desde que los gemelos empezaron el instituto ando traspuesta como dama decimonónica jartita de vinagre.  Resultado de imagen de PLUMAS                                                                                                        Que peleen Díaz y Rodríguez no me renueva , porque solo sirve para que los machistas piensen que las mujeres siempre andamos a la gresca.                                                                     Que la señora del rodillo- en Chiclana- haya matado a su marido mientras dormía tampoco es que me lleve muy lejos porque habrá muchos que se circunscriban al hecho de que nosotras también matamos.                                                                                                  He intentado informarme y hay pocas mujeres asesinas. Rara avis frente a los asesinos de la violencia de género que se cuentan por decenas, año tras año.                                                                                                                              No me invento nada, la Historia se cuenta con prensa, fotos y testimonios.                        Sabemos lo que pasó si alguien se preocupa de contárnoslo, documentándolo para preservarlo.                                                                                                                                Ahora vamos a la caza y captura no de lo mejorable, sino del “atrapasillones” que no hay como intentar salir de la crisis apuñalando por la espalda. Todo el mundo parece en estado de exaltación y no hay como despistarte un segundo en un semáforo para que te pongan vestidita de limpio.                                                                                                     Miramos los cielos plagados de incógnitas, mientras lo cercano nos da igual desbrozando la Ley a nuestro antojo.                                                                                          Somos los niños capados del ayer y seremos los ancianos atrapados del mañana, con la diferencia entre nosotros y nuestros abuelos de que ahora no pintamos nada, absolutamente nada.                                                                                                                 Nos van a devorar en dos bocados los que nos pisan los talones, en esta tragicomedia en que se ha convertido lo que creímos nuestra vida, que puede que no sea más que un show de Truman con móviles incorporados y amigos imaginarios.                                                                                              Las mujeres matan igual que conducen, trabajan o dan puñaladas traperas, en un mundo que es igualmente redondo para todos. Solo la Historia nos demuestra que la trilla de conceptos conlleva el cambio de mentalidades, e igual que los nazis prepararon a generaciones para ejecutar sin fallos “la solución final”, a esta sociedad nuestra se la preparó durante décadas para considerar inferior a la mujer, para poder manejarla, doblegarla y usarla.                                                                                                                Cuando nos hemos levantado en razones nos han dado un palo en la cabeza y cuando se ha institucionalizado la penalización de esas conductas, han buscado con astucia la rendija suelta en una viuda negra o en una presunta asesina.                                                  La pandereta es lo que tiene que por poco que la muevas, suena. Hay muchos intereses en conflicto. Muchas moscas y moscardones que se nutren de las desgracias ajenas, muchos miserables escondidos en armarios empotrados y muchas hijas de vecino sacando tajada. Lo razonable en una fauna tan compleja. Porque el hacer tabla rasa de conductas, de individuos y de opiniones solo lleva a la solución final de aspirar Zitrón de una alcachofa vieja.                                                                                                                     No dejen que les engañen, piensen que no cuesta. Saquen sus propias opiniones y discutan, apasiónense por lo que sea. No en las barras de bar, sino en la terracitas con el sol por montera y la tele puesta con el” Sálvame” escuchándose sola ella, que para eso es sorda y ciega. No lo seamos nosotros, encerrados en una piña debajo del mar sin sentir nada, sin que nos llegue nada más que el pienso que nos sirven los que manejan la pecera, haciendo que seamos nosotros- encima- los que saquemos la podredumbre de los fondos enlodados.                                                                                                                    Ya no se puede hablar sin saber quién te estará escuchando, porque Kiko Hernández ha hecho Máster de ello y se jacta de ser el más grande, sin que Villarejos le pueda sacar los colores , ni enseñarle nada.

UNA TORTUGA EN LA VAGINA



El mundo está desesperadamente solo, con espejos deformados mirándonos las cuencas vacías. Las redes sociales devoran lo que encuentran, a bocados agónicos.                            Por más que vivo, más muerta me despierto.                                                               Resultado de imagen de ABURRIMIENTO                 No entiendo nada, en una realidad confusa y aletargada. No hay vuelta atrás porque la gente mata mientras los demás nos devanamos el cerebro para conservar un sillón de “Sálvame” que otros muchos ven en su casa, apoltronados en su existencia.                                                                                           Sacamos fotos encurtidas y nos mesan los cabellos, cabalgamos en la desesperanza y el hastío como pobres tortugas que se refugian en vaginas , incandescentes por el desamor y la espera.                                                                                                                                             No hay marcha atrás más indigna que la de la indiferencia, que la de los ancianos devaluados a nivel de tortuga de quita y pon, desubicada de útero y residente -de por muerte- en una papelera de Urgencias de hospital.                                                                  Estamos perdiendo el Norte porque hemos viajado hasta el sol sin visera puesta. Se nos han frito los cables que nos sustentaban y ahora vamos de casco pelado, con la montera empitonando todo lo que se nos cruce en el camino. Y aun así alumbramos, seres de luz infinita que amamos y nos aman. Algunos. Otros matan, disparatan y mueren como tortugas anónimas ahogándose en carne trémula. No somos nada más que Historia revenida. Pueblo llano listo para ser apisonado, reestructurado y vuelto a enlosar con lo que quieran, que no hay como mandar para hacer lo que te dé la gana.                           Vivimos épocas de matanzas lejanas, falta de derechos que no nos afectan e hilos tan finos que no se ven cuando nos mueven. Somos felices porque tenemos boca, ombligo y manos para proveernos, más bocas, más ombligos y muchos zapatos que devolver cuando no los hemos usado bastante. Las fotos no nos representan, lo que escribimos no nos sangra y las amistades de Internet no son más que lubricación genital con vaselina para que la concha de la tortuga no quede mellada. Estamos más solos que los cementerios, más que los ancianos desposeídos de claridad mental, más que los de preescolar, más que un maestro en peregrinación de vacantes. Solos de rotundidad.           Pero brillamos, como las luciérnagas antes de que se las trague la noche, en un instante mágico en que nos creemos que todo puede ser real porque nacimos para apreciar la belleza y algunos afortunados para crearla, haciéndonos sentir a los demás que íbamos en el mismo barco, cuando solo era patera deshinchada.                                                                                       Mismo puerto de origen, pero no mismo destino final que no es sino película de desgracias que la muerte alcanza por muy viejo que te hagas, por muy poderoso que seas, por mucho hayas brillado más que los demás. Igual que a la  tortuga hacinada en un sitio que no buscó, asfixiándose en pos de una salida que nunca podría encontrar , porque nació sin marcha atrás (ni frenos), especie prehistórica y alienada, como nosotros que vivimos más muertos, ahogándonos al respirar, sonriendo mientras lloramos, cabalgando sin montar.

viernes, 21 de septiembre de 2018

EN EL CORAZÓN DE UNA MADRE


Resultado de imagen de madre blanco y negro con recien nacido
Una tumba vacía puede ser el principio de la esperanza. Puede que los que te llamaban loca dejen de hacerlo, o simplemente te digas en el espejo que las canas y las arrugas no son sino reflejo de tanto sufrimiento.                                                                                           Hay vacíos en las tumbas de niños enterrados en el cementerio gaditano.                                     No es el único. Habrá decenas por todo el país, porque la impunidad mandaba y los transgresores había cogido el pan debajo del brazo.                                                                      Una tumba vacía abre huecos en el alma, porque los que no están pueden seguir respirando en otra parte sin saber que una madre rompe lanzas para averiguar lo que pasó con su retoño. Debe de ser terrible perder a un hijo, pero no tenerlo porque te lo han robado para hacer negocio con él, es repugnante. Cuánto dolor puede esconderse en una tumba vacía. Cuánta frustración,  cuánto miedo heredado sin saber nunca si es verdad porque te lo dicen tus huesos o simplemente es lo que deseas antes que aceptar que tu pequeño ha muerto.                                                                                                    Hace años conocí a una mujer, hermana de dos bebés desaparecidos. Narraba un dolor excepcional rescatado de madre a hija en ese miedo a perder lo que más amas. Su madre había tenido un embarazo rutinario, sin problema alguno, pero cuando llegó al paritorio  le explicaron que la tendrían que dormir porque no se sentía al niño. Al despertar le dijeron que había muerto pero nunca le enseñaron el cadáver. Lo más penoso de lo que les cuento es que se repitió una segunda vez, con las mismas características, sin que los padres sospecharan adónde podía llegar la iniquidad humana. Al parir por tercera vez ya pusieron cuidado y les nació una niña sana y perfecta que creció con la muerte de sus hermanos pesándole en el alma. Años más tarde, y al encontrar casos parecidos al suyo en el mismo hospital y fechas, empezaron a sospechar que esos dos hijos perdidos solo lo estaban para ellos. Desde entonces han peleado infructuosamente, como solo saben hacerlo los que quieren con desesperación.  No sé si algún día conseguirán encontrarse. Ojalá, pero nadie les devolverá los años robados, los besos, ni los abrazos. Nadie puede comprar el corazón de una madre, por eso los robaban en la impunidad del quirófano con la leona dormida y el cachorro aullando. Ahora no pasaría porque los controles son totales y los padres acompañan a los paritorios, pero créanme ha sucedido hasta los años 80, a la vuelta de la esquina con esperas interminables de datos falsos, partidas de nacimiento trucadas y médicos con juramento hipócrita.                                                               Al corazón de una madre no se le da puerta jamás. No se le compra más que por miradas o balbuceos o arrullos. Es indestructible en el tiempo. Por eso siguen pidiendo Justicia, que se investigue y que se aclare todo porque la espera va comiéndose las evidencias. Hay dos tumbas sin dueño. Agujeros en el alma de una madre que vela .

martes, 18 de septiembre de 2018

LOS MUERTOS


Resultado de imagen de TRISTEZA
Si no has perdido a nadie querido no has entrado en otra dimensión desconocida, porque no has llorado de rabia, ni de dolor extremo, ese que se te clava en las epiteliales y no cesa.                                                                                                                                   Si no has visto morir a un deudo no has pasado la prueba de fuego de doblarte por dentro hasta quedarte más muerto que el propio muerto.                                                           Vamos a una sociedad donde aquellos que nacimos en los 60 nos hacemos –alarmantemente- viejos. Parece que fue ayer cuando nos compraban nuestras madres los zapatos gorilas, los uniformes y los libros para el colegio cuando ahora algunos de nosotros ya somos –incluso- abuelos. No es mi caso, porque parí en tandas biológicas como las cuotas de pesca y mis ovarios levantinos- como el resto del cuerpo- hicieron lo que les vino en gana, encontrándome ahora con dos gemelos que cabalgan las dudas de empezar el instituto.                                                                                                                 Aun así yo sé lo que es perder a un muerto. Lo llevo impreso en el cuerpo como tatuaje invisible que solo se ve si raspas con ganas. La mayoría lo tenemos. Ahora se quieren privatizar los cementerios y propagar los geriátricos porque saben que nosotros- los que nacimos en el medievo de la nueva sociedad española de Landas y Fragas- seremos los que daremos de comer a los del mañana, con nuestros pañales y padecimientos. Esos los que tengan la infinita suerte de ver a sus nietos e incluso bisnietos, como mi amiga Isabel Carrasco que transita por la vida adulta con muertos enterrados en el alma, pero con pies agiles y viajeros y en las pupilas una infinitas ganas de vivir la vida.                        Ya les digo que no es mi caso, ni creo que sea. Si me perdona el Alzhéimer que matará a mi madre a fuerza de convertirla en árbol, abonaré la tierra sin tocarla exactamente igual que todos ustedes que ahora se ven invencibles, fuertes y poderosos.                                  Este verano ha sido raro, se lo confieso, raro en extremo porque se ha pasado en un suspiro sentido de matrona pueblerina de abanicazos en el pecho. Nos dejó- a las del corrillo -una de las más optimistas. Se fue, no sé si sonriendo como decía su marido porque para mí la muerte no es plato de gusto ni para los creyentes. Ella lo era, pero sobre todo una luchadora. Le pegó a su enfermedad todo lo que pudo hasta que la dejó varada como una sirena en el borde de la playa.                                                                                                              Si no has perdido a alguien muy querido, no sabes de qué te estoy hablando porque la gente no comulga con la empatía, en un mundo donde lo virtual es más importante que lo que tenemos enfrente. La vida es peregrina insobornable de inquietudes y metas, pero sobre todo de finales de camino. No me obsesiono, solo lo pienso intentando no rallarme demasiado con pequeñas cosas que se te inmiscuyen en el alma como granos de arena. Las pérdidas tienen que ser asumidas como los destrozos de los zapatos gorilas en las punteras o que te había crecido el pie porque ya eras grande. El espejo en el que te podías ver de pronto porque habían estirado tus piernas no es más que el reloj del tiempo que te dice que eres tan caduco como un yogurt desnatado. Somos sacos de experiencias, de emociones cotidianas y recuerdos, muchos  recuerdos. Supongo que por eso duele la ausencia de los que fueron fuente inagotable de bondad en el universo. Por eso duele que no estén cuando los llevamos tan dentro, algo que nunca entenderán los que no quisieron, los que no perdieron o los que la empatía no es más que un plato de gourmet que cepillarse en un abrevadero. Lo siento por ellos , porque yo viví incluso sufriendo. Los que nacimos en los 60 ya somos hasta abuelos, desmemoriados de ilusiones con los huesos pelados por los acontecimientos. Aún recordamos cómo olían a nata las gomas Milán y qué gusto daba sacarle punta a un lápiz nuevo o desvirgar un cuaderno (o un libro) que nadie había tocado antes que las yemas de nuestros dedos. Éramos inocentes y buenos. Ya no, ahora solo somos caminantes sin rumbo con un muerto – muy querido- al cuello.

viernes, 14 de septiembre de 2018

LAS ZAPATILLAS EN CASA



Cuando no está es porque se ha ido. Estás obligada a entenderlo. Y lo entiendes.  A fuerza de dolor, pero lo entiendes. Pero cuando hay avances en la investigación o alguien logra sobrevivir, no es que no te alegres es que te duele aún más la ausencia. Una cría de 15 años lo ha logrado, pero no mi amiga del corrillo. Esta última deja un crío de 13 y una niña de 15 como la que se ha salvado.                                                                           No es que te amargura el dulce, es que nunca llevó azúcar.                                                                        Una enfermedad que se cura envenenando al cuerpo nunca podrá dar más alegría que la de exterminarla como a las alimañas.                                                                                                 El dolor parece que se atenúa porque el tiempo hace pasar las hojas del calendario y amanceba estaciones, pero persiste aletargado, oscuro y profundo como el monstruo del lago Ness. Espera a que alguien se salve o se haga público un avance médico en las noticias para partirte el alma, dejándote tirada, miserable como la muñeca rota en que te convertiste.                                                                                                                             Las zapatillas ya no están en casa porque los pies que las calzaban no sobrevivieron a la última batalla. No es que te dé rabia que otros lo consiguieran, sólo que no lo hiciera él. No es que los avances no sean gloria en tus oídos, sino que llegaron tarde para ofrecerle una esperanza.                                                                                                                         Pies fríos clavados en tu alma, dañina grieta que no cierra porque el dolor duele sin consideración alguna a hojas de calendario o estaciones almacenadas con el tiempo. Una niña de 15 se ha salvado y su padre está radiante de felicidad porque el amor es ciego y nos entorta e ilumina. Yo también lo estaría, la familia de Lourdes lo estaría, cualquiera lo estaría porque la vida de los que más quieres es lo que más importa.                  El viudo de Lourdes- en su funeral- dijo que había descansado y que murió con una sonrisa en los labios, pero no me vale. Porque nada vale cuando estás plegado sobre ti mismo como los Reyes oscuros del” Señor delos anillos”. Nada vale cuando te han arrebatado la fuerza con una espada, clavándotela en mitad de la cara.                               Lourdes se nos fue en mitad del verano después de pelear tanto con una sonrisa prendida en la cara que la única liberación era la muerte para que dejara atrás tanto sufrimiento.                                                                                                                             No es que no me dé alegría que otros lo consigan, entiéndanme, he llorado con la victoria de la niña de 15 años, pero sigo penando por los que no tuvieron esa suerte porque conocen mi nombre  y me llaman.                                                                            No digan cuando se salvan que lo hicieron porque lucharon a manos llenas. Todos lo hacen, porque de lo que se trata es de vida o muerte. No lo  hagan -por favor- porque otros se quedaron en la cuneta arrebatados por el rayo de la fatalidad, pero nunca por las ganas de salvarse que eran- como las de todos- sobradas.

viernes, 7 de septiembre de 2018

SI TE DICEN QUE VOLVÍ


Resultado de imagen de carabela portuguesa
Ha sido un verano revuelto de mareas migratorias y levantes vespertinos. Ayer mismo los últimos de Filipinas adornaban la perspectiva de una playa exhausta de tanto veraneante. Los locales nos frotamos ya las manos por el paro que nos devuelve a la realidad de ciudades pegadas al mar, encorsetadas en que el trabajo nos venga con el buen tiempo y los guiris. Y aun así, el olor corporal de nuestra existencia es canela en rama y arena mojada con carabelas muertas, matando a retortijones de dolor.                         Los irreductibles de la silla de aluminio, la nevera y la sombrilla ( como mi prima Loreto) no ven más que continuidad hasta que diga el tiempo , que seguramente con el veranillo de San Miguel se nos encastre en noviembre o incluso comiéndonos los polvorones.                                                                                                                                    La vida sigue porque le importamos un haba, igual que a la Luna que por más que le hagan fotos y la mimen solo nos mira despectiva, arrugando la barbilla.                                  Somos tan perecederos como los océanos limpios, porque lo que es de todos no es de nadie y se empapela en plásticos mortíferos que nos tragamos a boca llena en manjares que compramos en lonjas y supermercados. Cadena alimentaria,  podrida en su origen por los que manejamos el cotarro regalándonos los oídos sordos, las manos quietas y los ojos tapados. Los políticos no. Ellos no descansan,  porque nos gobiernan desde el poder o la oposición, que es igual porque pactan su continuidad de silla de playa, de nevera sin asa o de toalla revenida que cambia de color y la venden en mercadillo a mitad de precio. No hemos cambiado, ni nos hemos acostumbrado.  Como mucho hemos envejecido con ganas de querer más, de contar más o de morirnos tranquilamente que no hay como tirarse por un puente para ver el final del túnel.                                                      Hemos vuelto sin ganas, lastrados, pero enteros porque de la cabeza a los pies no somos más que soldados de fortuna con vizcaína en la mano esperando la oportunidad de clavársela a quien sea. Estamos hartos de traiciones, de que no nos salga el príncipe más que rana de cloaca, pero como comemos carne de grulla en el desayuno, prosperamos que no es sino ir contracorriente a pata palo con los dientes rotos.                                              Ya vuelven los niños al cole, los progenitores al trabajo ( el que lo tenga) y la Luna a mirarnos con cara de mala leche porque se arruga y se cruje, la muy desgraciada, con manchas que vistas de lejos parecen de fuego enemigo que lo celestial no perdona ni a las pálidas de corazón. Tenemos unas tremendas ganas de meternos bajo las sabanas hibernando hasta los próximos mil años con coches -por fin- voladores, mares limpios y gente que nos mirará asqueada porque no somos más que primitivos y ruines como la mala hierba o las carabelas portuguesas que matan a una sola picada por propia coherencia biológica.

viernes, 22 de junio de 2018

DESDENTADOS


Resultado de imagen de dentista
No es la primera vez que alguien se queda con la boca sin terminar y encima debiendo dinero por el crédito para arreglársela. Los afectados por el cierre de” idental” estaban en mitad de tratamientos costosos que ahora dejarán de pagar, incluyéndolos la parafernalia procedimental en el registro de morosos. Les van a escuchar como a los de Delphi y Visteón para luego quedarse en aguas de borrajas porque todo lo que no nos duele, no nos quema. Los tratamientos dentales es lo que tienen que te sacan las virutas de los bolsillos. Como no está el arca para paquidermos, nos embarcamos en ese método tan socorrido que consiste en pedirte un préstamo. Ya te lo dicen los mismos de la clínica al pedir presupuesto, con un sonriente “le gestionamos su crédito”. No hay nada como que a los niños se le tuerzan los dientes para que un amable administrativo con bata blanca (o verde) te diga -sin haberte hecho ni la radiografía- que te saldrá por un módico precio durante dos largos años. No es la primera, ni será la última porque conozco ya afectados de clínicas dietéticas, de estéticas y de dentales. Por eso da tanta grima que quieran jugar no solo con nuestra salud, sino también con nuestro dinero, ese que aún no hemos ni ganado. Pero es un fenómeno generalizado, como la delgadez como estándar de belleza o la transmutación en algo que nos lleve a ganar “Supervivientes” siendo borde, luego borde y más tarde aún más borde. La francachela vende y los incautos pagamos. Pagamos todos, menos los que ganan 800.000 sin que quieran que les toque ni el viento. Es cuestión de costumbre,  no de tipo conocedora del derecho sino de pernadas y analogías varias. Mientras que debatimos  en plan monólogo de la comedia los afectados trinan. No es para menos porque los implantes cuestan genitales y las ortodoncias y las extracciones y las subidas de mamás y los adelgazamientos. Los gimnasios son territorio estereotipado donde el sudor es la meta y la musculación la reina de la etapa. No cultivar la mente se ha convertido en fenómeno televisivo desde el momento lejano en que un estudiante de náutica ganó un concurso y le dieron el título sin haber pisado la facultad en tres meses. Tampoco los invitados -poligrafistas y símiles- tienen carreras sesudas , como mucho periodismo y de la vieja escuela que hay que seguir haciendo caja para pagar las hipotecas. Cuando sepan los sueldos que se insuflan los colaboradores se darán cuanta de lo poco que vale ser Ministro, si no fuera por el poder venial que se asemeja al de la barra del gimnasio llena de musculados.                                                                                                                            La vida se ha convertido en una farsa porque las redes hacen héroes milesimales a gente que no vale nada más que chascarrillos y bromas de guardar , que no son ni originales sino enlatada de otro que las ha versionado de otro más lejano.                                        Porque el tiempo y las horas no cuentan, las oposiciones no son lo que eran y lo vomitivo gusta y no escarnece como hace un libro de versos o una opinión desaforada. Somos los más mediáticos, los más chachis y los más enterados. Somos desdentados con créditos por pagar , con el implante a medias y la Administración diciéndonos que no paguemos que ellos se van a encargar de que nos vea otro colega. Paganinis que diría mi padre en medio de su dialéctica a secas, sin afectos ni infartos, solo de válvulas de repuesto. No somos mártires sino de vida prestada, acaecida por ratos, de Mercadonas a sentadillas, vigilados por las cámaras que nos sacan el perfil malo. Ese que a Julio Iglesias le quitaba el sueño antes de salir en portada. “Dientes, dientes y dientes que es lo que les jode”. Mediática tonadillera que se bebe los telemaratones para ver si hablan de ella, que cogió el toro por los cuernos y la embistió , porque no hay como ponérsele delante sin saber hacer la peineta portuguesa de recortadores anónimos y festivos. Dientes partidos que se nos van a quedar porque somos gordos, mansos y lelos. Sin gimnasio que nos guarde, ni preparador que nos meta campanadas de fin de año en las venas, con aspereza.

FÍSICA


Resultado de imagen de selectividad
No hay más que recorrer las aulas de la UCA( mientras se celebran las pruebas de Selectividad )para entender que los tiempos no han cambiado. No en eso de los nervios, las tontadas y no saber que -en pocos minutos- te juegas tu futuro.                                                   No se les dice porque es peor y se balancean en una rama finísima que lo mismo se parte por lo más frágil que son las esperanzas. No se les dice porque no quieres aguarles la fiesta y que encima te la armen, porque los Bachilleres de hoy van de sobrados.             Lo van porque les dejamos que se nos suban a las parras y sobre todo porque con la generalización de los estudios y acceso a universidades hay quien cree que los hijos son pozos sin fondo de sabiduría cárnica. Luego viene  lo del síndrome del pequeño emperador y las desilusiones, pero mientras ya les vale. No crean que me gusta lo antiguo, lo que seguramente les tocó a ustedes o a mí, de padres autoritarios como marcaba el dictador que gobernaba el país como cuartel de mutuas, siguiéndole en el compás quien no quería marcarse. Somos la puñetera generación bisagra entre nuestros padres (ya ancianos) y nuestros hijos que no despegan porque los trabajos son precarios y en casa se vive muy bien.                                                                                                            Nos estamos enchancletando sin que nos demos cuenta, midiéndonos las arrugas del alma con los metros de costurera de la abuela. Hemos fallecido sin caja que guardar, con cenizas expuestas, desafiando los cánones establecidos por la Física cotidiana.                 No sé si ustedes recuerdan su Selectividad. Yo sí, porque aún no me machaca el Alzhéimer.                                                                                                                              Me supera esta rutinaria Odisea en la que Polifemo se fugó a otra isla harto de que su padre le obviara, Ulises está maltrecho mientras Telémaco  hace la Selectividad creyéndose mil veces mejor que su padre. Penélope (la mejor parada) ha dejado de tejer y se ha liado con una sirena. Me supera la ruindad, el desatino y la física de unos tacones aleteándose bajo una gordita en una graduación de primaria. Porque no hay como ver hacerse mayores a los niños para jorobarte la existencia. Nada como eso para sacarte la mala leche y amargártela por las ubres lacias. No es que esté de mal humor es que se acabó la menopausia y la transformación en Alíen( al modo del “Gran Dragón Rojo “de Harris) está por consumarse- sin sangre ni mutilaciones, ni de propios ni de extraños -que yo me transformo como los carnavaleros para echar el rato.                               Los niños están entrando en las Universidades con sus lápices bien punteados, sin acordarse de nadie que no sea ellos mismos que han estudiado y parecen no haber mamado, sino ser de generación espontánea al modo aristotélico. Que les vaya bien y que se harten de trabajo, que dejen los nidos vacíos para que se ventilen y sequen con el viento de Levante. El mismo que nos hará arena de fenicio encajonado, mirando el Estrecho de lado.