viernes, 22 de junio de 2018

DESDENTADOS


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No es la primera vez que alguien se queda con la boca sin terminar y encima debiendo dinero por el crédito para arreglársela. Los afectados por el cierre de” idental” estaban en mitad de tratamientos costosos que ahora dejarán de pagar, incluyéndolos la parafernalia procedimental en el registro de morosos. Les van a escuchar como a los de Delphi y Visteón para luego quedarse en aguas de borrajas porque todo lo que no nos duele, no nos quema. Los tratamientos dentales es lo que tienen que te sacan las virutas de los bolsillos. Como no está el arca para paquidermos, nos embarcamos en ese método tan socorrido que consiste en pedirte un préstamo. Ya te lo dicen los mismos de la clínica al pedir presupuesto, con un sonriente “le gestionamos su crédito”. No hay nada como que a los niños se le tuerzan los dientes para que un amable administrativo con bata blanca (o verde) te diga -sin haberte hecho ni la radiografía- que te saldrá por un módico precio durante dos largos años. No es la primera, ni será la última porque conozco ya afectados de clínicas dietéticas, de estéticas y de dentales. Por eso da tanta grima que quieran jugar no solo con nuestra salud, sino también con nuestro dinero, ese que aún no hemos ni ganado. Pero es un fenómeno generalizado, como la delgadez como estándar de belleza o la transmutación en algo que nos lleve a ganar “Supervivientes” siendo borde, luego borde y más tarde aún más borde. La francachela vende y los incautos pagamos. Pagamos todos, menos los que ganan 800.000 sin que quieran que les toque ni el viento. Es cuestión de costumbre,  no de tipo conocedora del derecho sino de pernadas y analogías varias. Mientras que debatimos  en plan monólogo de la comedia los afectados trinan. No es para menos porque los implantes cuestan genitales y las ortodoncias y las extracciones y las subidas de mamás y los adelgazamientos. Los gimnasios son territorio estereotipado donde el sudor es la meta y la musculación la reina de la etapa. No cultivar la mente se ha convertido en fenómeno televisivo desde el momento lejano en que un estudiante de náutica ganó un concurso y le dieron el título sin haber pisado la facultad en tres meses. Tampoco los invitados -poligrafistas y símiles- tienen carreras sesudas , como mucho periodismo y de la vieja escuela que hay que seguir haciendo caja para pagar las hipotecas. Cuando sepan los sueldos que se insuflan los colaboradores se darán cuanta de lo poco que vale ser Ministro, si no fuera por el poder venial que se asemeja al de la barra del gimnasio llena de musculados.                                                                                                                            La vida se ha convertido en una farsa porque las redes hacen héroes milesimales a gente que no vale nada más que chascarrillos y bromas de guardar , que no son ni originales sino enlatada de otro que las ha versionado de otro más lejano.                                        Porque el tiempo y las horas no cuentan, las oposiciones no son lo que eran y lo vomitivo gusta y no escarnece como hace un libro de versos o una opinión desaforada. Somos los más mediáticos, los más chachis y los más enterados. Somos desdentados con créditos por pagar , con el implante a medias y la Administración diciéndonos que no paguemos que ellos se van a encargar de que nos vea otro colega. Paganinis que diría mi padre en medio de su dialéctica a secas, sin afectos ni infartos, solo de válvulas de repuesto. No somos mártires sino de vida prestada, acaecida por ratos, de Mercadonas a sentadillas, vigilados por las cámaras que nos sacan el perfil malo. Ese que a Julio Iglesias le quitaba el sueño antes de salir en portada. “Dientes, dientes y dientes que es lo que les jode”. Mediática tonadillera que se bebe los telemaratones para ver si hablan de ella, que cogió el toro por los cuernos y la embistió , porque no hay como ponérsele delante sin saber hacer la peineta portuguesa de recortadores anónimos y festivos. Dientes partidos que se nos van a quedar porque somos gordos, mansos y lelos. Sin gimnasio que nos guarde, ni preparador que nos meta campanadas de fin de año en las venas, con aspereza.

FÍSICA


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No hay más que recorrer las aulas de la UCA( mientras se celebran las pruebas de Selectividad )para entender que los tiempos no han cambiado. No en eso de los nervios, las tontadas y no saber que -en pocos minutos- te juegas tu futuro.                                                   No se les dice porque es peor y se balancean en una rama finísima que lo mismo se parte por lo más frágil que son las esperanzas. No se les dice porque no quieres aguarles la fiesta y que encima te la armen, porque los Bachilleres de hoy van de sobrados.             Lo van porque les dejamos que se nos suban a las parras y sobre todo porque con la generalización de los estudios y acceso a universidades hay quien cree que los hijos son pozos sin fondo de sabiduría cárnica. Luego viene  lo del síndrome del pequeño emperador y las desilusiones, pero mientras ya les vale. No crean que me gusta lo antiguo, lo que seguramente les tocó a ustedes o a mí, de padres autoritarios como marcaba el dictador que gobernaba el país como cuartel de mutuas, siguiéndole en el compás quien no quería marcarse. Somos la puñetera generación bisagra entre nuestros padres (ya ancianos) y nuestros hijos que no despegan porque los trabajos son precarios y en casa se vive muy bien.                                                                                                            Nos estamos enchancletando sin que nos demos cuenta, midiéndonos las arrugas del alma con los metros de costurera de la abuela. Hemos fallecido sin caja que guardar, con cenizas expuestas, desafiando los cánones establecidos por la Física cotidiana.                 No sé si ustedes recuerdan su Selectividad. Yo sí, porque aún no me machaca el Alzhéimer.                                                                                                                              Me supera esta rutinaria Odisea en la que Polifemo se fugó a otra isla harto de que su padre le obviara, Ulises está maltrecho mientras Telémaco  hace la Selectividad creyéndose mil veces mejor que su padre. Penélope (la mejor parada) ha dejado de tejer y se ha liado con una sirena. Me supera la ruindad, el desatino y la física de unos tacones aleteándose bajo una gordita en una graduación de primaria. Porque no hay como ver hacerse mayores a los niños para jorobarte la existencia. Nada como eso para sacarte la mala leche y amargártela por las ubres lacias. No es que esté de mal humor es que se acabó la menopausia y la transformación en Alíen( al modo del “Gran Dragón Rojo “de Harris) está por consumarse- sin sangre ni mutilaciones, ni de propios ni de extraños -que yo me transformo como los carnavaleros para echar el rato.                               Los niños están entrando en las Universidades con sus lápices bien punteados, sin acordarse de nadie que no sea ellos mismos que han estudiado y parecen no haber mamado, sino ser de generación espontánea al modo aristotélico. Que les vaya bien y que se harten de trabajo, que dejen los nidos vacíos para que se ventilen y sequen con el viento de Levante. El mismo que nos hará arena de fenicio encajonado, mirando el Estrecho de lado.

viernes, 15 de junio de 2018

AUTOLÍTICOS


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Nos metemos tanto en la vida de los demás que no los dejamos ni que mueran. Llamamos héroes a los que los detienen en su intento de fugarse de una vida que ya no les interesa.                                                                                                                                  Irse no está mal, máxime cuando lo has decidido a conciencia.                                                        Sé que aquí no está permitido-no tenemos una Ley de Muerte Asistida que nos ampare- pero tampoco si te pues autoliquidar a ti mismo.                                                                                  La naturaleza, las casualidades o el destino -incluso con letras minúsculas- son agentes aceptados a la hora de despedir a la vida, pero nunca la propia voluntad del que se tiene que poner esos zapatos cada mañana.                                                                                           Puedes encontrarte con un veredicto de muerte a término y aun así el vago vulgo verá que lo más coherente es luchar a muerte por tu vida. Tratamientos que se asemejan a las torturas inquisitoriales serán buenos si te alargan la vida media milésima. Si eso es así- y sabemos que lo es-cómo va a entender nadie que se quiera poner punto y final a su propia vida cuando ya no te interesa y estás perfectamente sano.                                                        La cría de 25 que quería irse tenía derecho a hacerlo. Lo mismo ahora se arrepiente y pude hacerlo porque su madre encontró su nota de despedida, la chivateó a la Guardia Civil y se compaginaron con la operadora de su móvil para encontrarla – ya inconsciente en su coche- antes  de largase definitivamente. No es que le reproche nada a su madre. Lo entiendo. Solo digo que el suicidio está mal visto.                                      Escribí hace mucho tiempo un artículo sobre el suicidio de los maltratadores, luego de asesinar a sus víctimas. Los tachaba- porque lo son- de cobardes radicales, incapaces de aceptar la ruptura de una relación llegando a lo que siempre quisieron… el control total de su víctima (muerta) a sus manos.  Luego porque la sociedad les ha hecho frente, la Ley los persigue- y encarcela- y saben que en la cárcel las van a pasar canutas, se suicidan. Por eso los taché de suicidas cobardes. Me entró un comentario de alguien que abogada por el suicidio. Alguien que desde el dolor (por la pérdida de una persona por suicidio) se quejaba que yo a los suicidas los llamara cobardes. Nada más lejos de mi pensamiento. Los suicidas pueden ser cualquier cosa menos cobardes. No los que despojan al mundo de su vida, negándose posibilidades. Porque no les hablo de la asistencia a una muerte terminal, lenta y desagradable en la que se descompone el cuerpo antes que el alma. No les hablo de aquellos ajados por el tiempo, satisfechos, gozosos con lo que les han regalado y que ahora se despegan del yugo de las arrugas, la caída y las llagas posturales. Les hablo de los que movidos por la infelicidad, el desánimo y la tristeza, la angustia, la apatía o el desencanto, que quieren cruza esa última frontera. No son cobardes. Todo lo contrario, porque el hastío, el desencanto, la tristeza pasan como la lluvia o los interiorizamos o los dejamos que se vuelquen en nuestras venas , acompañándonos. No es bueno vivir con las agonías que nos produce la mente (o los sentimientos) pero que aun así vemos, oímos y( cuando nos deja la situación )hasta comemos. Es de ellos la voluntad de no ver más las caras queridas que envejecerán al igual que la suya sin remedio, el no palpar el calor del día que nace, las nubes del que se va o las promesas -aun agrias- que nos traerá el mañana.  Todo tiene un final y deberíamos poder elegir el nuestro. Con sabiduría y conciencia.                                      La Guardia Civil la encontró y la trajo de nuevo a la desidia, las envidias, las crueldades y el desánimo. Cuánto hubieran dado los padres del crío que se tiró de un edificio porque le hacían acoso en el instituto y que nunca pensó que un día presidiría la cabalgata del Orgullo o que sería padre o desempleado con muchas deudas por pagar. Porque la vida te da sorpresas muy buenas y muy malas, porque es una perra desdentada con la boca llena de garras y resabiada por antigua. Quizás por soportarla mereceríamos abandonarla cuando nos diera la gana. Marchándonos sin maletas, pero con la cara muy alta.

lunes, 11 de junio de 2018

EL PINGÜINO DE RODRIGUEZ DE LA FUENTE



 No sé si se acordarán de la serie “el hombre y la Tierra”. Si se pasean por mercadillos lo mismo tienen la suerte de encontrarse con algún cuadernillo de campo de aquella época. Uno de los episodios trataba sobre un pingüino (perdónenme pero no recuerdo los apellidos) que habían rescatado siendo solo una cría. Les seguía – a los miembros del equipo-por heladeras como perro de casa. La especie a la que pertenecía tenía la peculiaridad de cascar con una piedra los huevos con los que se alimentaba, cargándola en el pico como si fuera una herramienta.                                                                                     El pingüino adoptado los sorprendió un día haciéndolo sin que nadie se lo hubiera enseñado como si lo llevara impreso en el ADN. “La Sombra” siempre dijo que llevábamos cosas impresas en el ADN que salían como por arte de magia igual que las destrezas del pingüino. Ahora se sabe mucho más que entonces de los rodajes, de los animales que participaban y de los truquillos que usaban, pero sigo pensando que todos somos un poco pingüinos atesoradores de evocaciones que marcan nuestro ADN con una huella invisible que nos condiciona muchísimo más que el color de ojos o la boca carnosa.                                                                                                                                    Es una teoría chapucera y sesgada, ya ven que no me engaño, pero reconfortante porque si lo más importante para nuestro espíritu- eso que nos agrada o sirve para encauzarnos - perdurara dotándoselo a otros,  lo mismo la muerte no sería tan real (ni tan determinante) como habíamos pensado. No, sé que me van a decir que para los creyentes nunca lo fue. Resultado de imagen de cancer
Pero la evolución científica, la lucha contra el cáncer y las enfermedades que nos socaban, me llama más que la posibilidad de un más allá. El puñetero pingüino partiendo ese huevo ajeno con la piedra tal y como hacían los de su especie por generaciones , me da esperanza de que los que nos dejaron pervivan en nosotros inoculándose en las generaciones futuras de las que ya formarían parte en el ADN. Nadie moriría del todo porque estarían sus células, pero también sus vivencias, lo que enseñó o lo que dio de mejoría a su especie. ¿No me digan que eso no sería grande? Nadie habría muerto definitivamente porque los tendríamos presentes en códigos genéticos enrevesados que espaciar en andantes futuros. Es difícil de digerir, lo sé. Más cuando hay cambios políticos y el bolsillo implosiona, el trabajo no es lo que era y los niños nos vuelven locos. Pero sería grande, volverlos a ver. Oír sus voces, abrazar sus cuerpos, renacidos. Porque los amamos y se fueron demasiado pronto, casi sin despedirse.  Volver en otros ojos, otras manos, otros pies con código genético inesperado, rompedor de huevos ajenos en mitad de una playa rocosa y congelada a menos cien grados. Lo mismo es la morriña que no se cura ni con sol a raudales, ni se olvidan los amores sentidos que se te clavan en el alma y no entienden de cierres mortales, ni de tiempos, ni de olvidos.


lunes, 4 de junio de 2018

REGRESO AL FUTURO.


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Ya saben que no hablo de política, pero a veces veo muertos. Muertos que aún se sientan en escaños, que lloran porque dentro de unos años no serán más que carne rasa sobre una tabla de surf parodiados por tuiteros.                                                                                 La gente es idiota y no es por insultar, es más que nada por aclarar conceptos. Alguien súper listo creó esta burbuja que nos lleva a pensar que debemos hacer el papel de hormigas de por vida, para encontrarnos de viejos con una tumba abierta. Eso con suerte, porque ya se empieza a ver con normalidad a los ancianos muertos en la soledad de sus casas.                                                                                                                           Todo se ha desmantelado como en kiosquillo de feria,  en esta sociedad consumista y huérfana de voluntades y afectos.                                                                                                    Los niños nos vienen de placenta, politizados y consumistas. Los aderezamos con fiestas de cumpleaños- y graduaciones a cada paso- y ya tenemos el cóctel perfecto de  ególatras y maltratadores, empezando en casa propia y siguiendo en la del resto.                      No queremos que les falte nada, que nos los toque ni el viento y terminamos en Fiscalía de Menores (y no precisamente porque hayan hecho algo en el colegio) sino porque nos tumbaron de una hostia y le hemos cogido miedo.                                                             Es el síndrome del Emperador mamón, ese que nos esquilma las esperanzas y nos rompe las entretelas. Como los políticos que nos lloran, nos suplican que confiemos en ellos  y luego- con nuestro voto -se nos cachondean sin respeto.                                                                 Porque somos lobo de carnada, integrados en una manada que nunca fue nuestra sino prestada porque en realidad queremos comernos a todos, empezando por el niño gili que se cree más que nosotros porque le hemos comparado el último invento tecnológico y está dopado perdido. Ahora los astros de la informática- sin poner nombres, ni apellidos – nos venden la felicidad del artilugio que les inoculan, pero dicen- dándose golpes en las solapas- que ellos (a sus hijos) no les dejan ni catarlo. Como los camellos con su mercancía, que tampoco la prueban para no intoxicarse. A mí me gusta el futuro. Incluso lo veo con esperanza. Debo verlo. Me esfuerzo, no crean, pero siempre regreso a en este Planeta lo único que hacemos es oxidarnos hasta convertirnos en mocos de caracol en nuestra propia casa. Los políticos, no. Ellos tendrán grandes mansiones, fortunas en paraísos celestiales y cárceles adobadas de noticias. Porque es la actualidad. Nunca el futuro que será mágico y con coches voladores- drones- que nos explotarán las cabezas mientras nos defecan palomas mecánicas dirigidas por manos de cinco años. No sé si quiero ir hacia delante o hacia atrás. Me pasa igual que en la Feria. Que no sé por qué voy. No sé por qué estoy aquí. Ni a qué he venido. Mándenme un mapa de algo. O una motivación estelar. O denme una pastilla. Lo mismo es solo hambre y eso que acabo de desayunar. O que tengo la morriña cogida, sin haber pisado jamás una Ría.

A LA CALLE


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Mientras los padres de la patria peleaban en el Congreso por ver quién se llevaba el Gobierno al río, los caminantes del Estrecho vagaban por ciudades costeras sin recursos suficientes.                                                                                                                                                      En pocos días han arribado muchas pateras, más de seiscientas almas que descarriar porque no hay sitio en las ONG, ni en refugios que se dedican a ellos y tampoco pertrechos. Lo que sí hay es saturación a niveles máximos por lo que se está dando pasaporte de salida para que vaguen sin rumbo fijo por las calles.                                                                Son los nuevos caminantes que gozan de invisibilidad política, que no local porque los de pueblo somos cotillas por naturaleza y no se nos escapa nada.                                                 No sabemos cómo irá el País, qué rumbo tomaremos, ni que será de nuestra contrastada prima, de nuestros exiguos ahorros o de la bonanza económica que consistía en sueldos precarios y muchas horas trabajadas. No sabemos nada, igual que ellos que se embarcan en la aventura de cruzar costas que nunca son amables más que si estás en un hotel a pie de arena con cinco estrellas jalonado.                                                                                    A los marroquíes se los quedan porque tienen pasaporte de salida. Hay un acuerdo entre Estados soberanos para su expulsión, pero los subsaharianos son otra cara de la misma tostada, la de la precariedad. Abandonados por todos, encaramados a vallas y expuestos a la intransigencia de una Europa cada vez más alienada, pobre y racista.                            No tardarán mucho en que se suban fronteras tipo mexicano , no entre naciones que quieren ser cada vez más ricas y prósperas sino separando a las  más ricas de las que solo son bocanadas de huidas a la carrera , con lo puesto y mirada temblorosa.                   Nada puede hacerle frente a una sangre que se desborda, ni a unos pies que se afanan por llegar a un paraíso que se soñó desde la infancia.                                                   Ahora vagan como almas en penas, reclutados por el sinsentido de no saber qué va a pasar. Quizás con suerte los veremos en algún mercadillo, financiándose la aventura con el sudor de bocear el género que piratean otros diciéndolo original, manteros de corazón enlatado por las prisas y las carreras. En los semáforos también se arriendan voluntades a cambio de pañuelos o por pequeñeces que sacan las vergüenzas de la miseria, la desigualdad y lo ajeno.                                                                                                                No los miramos para no verlos, pero se nos cruzaron por las calles para mirarnos ellos, para ser ojos, oídos y testigos de esta vida nuestra que no es más que la casualidad, pero a la que tenemos tanto aprecio.                                                                                                    En el Congreso andan debatiendo, cambiando sillones, yéndose a tomar café mientras a muchos nos consume la impotencia, la desesperanza o el hastío. Somos pueblo soberano pero no tomamos riendas más que para votar que no es poco, con igualdad a ras de uno, sin manadas ni atropellos, con dos pies y dos manos y esperemos que cerebro.                                                                                                   Va a ser tiempo de cuchillos, de Roma sangrienta por los debates, de insultos que se devienen y la mirada de uno que se va riéndose a carcajada de nuestra bobería.                Porque nosotros también vendemos el alma al mejor postor pagándole en infinitas ocasiones con la vida. La Banca nunca pierde, los caminantes nunca ganan. Así son las reglas del juego que ellos hicieron para echarse unas risas. Parecería que estamos a pie de cambio, de regeneración, pero solo es el sueño del caminante que compra billete de ida en una patera para verse gastando calles en una ciudad costera denunciado por los vecinos como si fuera un alienígena. Somos unos indeseables porque creemos. Nos hacen daño porque les dejamos manipularlos. Queremos confiar para poder respirar mínimamente tranquilos, para no vernos desembarcando muertos de frío en una costa que nos pareció (desde donde estábamos) Gloria bendita, pero en la que ahora todos nos miran, recelan y nos cuesta la vida vislumbrar eso que tanta falta nos hacía.

martes, 29 de mayo de 2018

LA NIÑA


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No sé si les pasa que se les enganchan las noticias. No sé si saben que andan liados con una película sobre las niñas de Alcasser como si no hubiéramos tenido poco horror-ya- con ese caso.                                                                                                                                                     Eché un vistazo el tráiler pero no fui capaz de acabarlo, me pudo más la tristeza que la curiosidad.                                                                                                                                     El otro día me acordaba de ellas cuando una amiga de mi hija me contaba cómo salían-despreocupadas- porque no había peligro.                                                                          Peligro siempre hay de que te encuentres con mala gente y te toque la ruleta de la Canina, pero lo de las niñas de Alcasser o lo de María Esther ni siquiera tiene nombre. Ahora, el asesino de ésta última ha salido de prisión porque lo condenaron a 8 años.  “El Vaca” lo llaman. En el 2011 tenía 17 años, ahora debe andar por los 24. Esther ni anda, ni se ha echado novio, ni ha ido al instituto, ni pelea con las amigas porque le hacen acoso. Esther desde el 2011 duerme el sueño eterno que es ni soñar, ni dar la vara a tus padres. Todo porque se cruzó en el camino del “Vaca” y él le arreó tan duro que la mató a peonadas.                                                                                                                                  La UCO no gana más que para disgustos cuando encuentran a una niña de trece,  apaleada y muerta. Esther tendría ahora 20 como uno de mis hijos. Ese que sale sin que le tome el pulso a mis miedos. Pronto los más pequeños tendrán esa fatídica edad en la que no puedes protegerlos de la vida por mucho que lo intentes, porque el destino  los lleva por sendas oscuras done no hay más que miseria. “El Vaca” lo era, de las peores.                                                                                                                                               8 años en la trena no le deben haber servido para nada, más que para embrutecerse y enrabiarse de la mala suerte que tuvo de que le atraparan. Lo hicieron porque dejó restos biológicos, porque hasta que lo hicieron negaba la mayor mientras hacía paripés de que buscaba a la niña. Le cogieron porque era joven e inexperto, pero ya delataba sangre fría y ese desprecio que solo tienen los más fajados. 8 años han servido para que  pague cuentas con la Justicia, para que rehaga una vida que no puede hacer la que se quedó con la cabeza destrozada por los golpes, en una casetilla.                                                                              Tenía 13 años y creía en los Príncipes azules, como Marta del Castillo. En esos chicos malos que tanto gustan a las menores, porque les hacen sufrir tragicomedias que contar a las amigas. Sigue pasando…el maltrato, el acoso, las violaciones, la rabia en forma de golpes y la prepotencia. Esa que les hace abandonar el cadáver como si fuera basura.   No sé si se les enganchan las noticias en los dientes, pero a mí sí.                                       Siempre lo hacen porque los rotativos son comedores de actualidad, devoradores de segundos y luego solo queda, el olvido. Esther murió en el 2011, asesinada. Reventada la cabeza a golpes, ahogada por una bolsa de plástico para ni siquiera verle la cara mientras la mataba. Sus padres jamás tendrán descanso a ese dolor que atenaza las vísceras convirtiéndote a ti también en miseria. Eso no lo sabe nadie más que el doliente, más que el que lleva luto perpetuo. No hacen falta condenas televisivas , sino que se cumplan las penas, que matar no valga tan poco como 8 años en los que Esther se habría enamorado de un buen chico, que quizás luego la hubiera dejado o ella lo habría dejado a él. Quizás estuviera ya trabajando o terminando su grado. Viva, alegre, feliz.                                             Pero ahora solo “el Vaca” lo será, campando por las calles, leyendo si le apetece, riéndose de huesos y tumbas abiertas que dejó él. Porque el asesino siempre gana en la ruleta de la vida. 8 años no son nada a cambio de una sonrisa y sin embargo cuánto son en días de comerte a tu niña a besos, de acariciarle su cara bonita, de verla cómo se va haciendo una mujer con el cerebro tan nuevo que tienes que adoctrinarla continuamente para que te diga que ya lo sabe, que está bien y se va con sus amigas. ¡¡Malditas casetillas cerca de la piscina con niñas muertas a golpes aciagos, con la cara envuelta en una bolsa de plástico para no verle la mirada!!.

MEGAN NO HACE YOGA


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Los sueños toman prioridad cuando se cumplen por decreto.  Hay que trabajárselos mucho-no obstante- antes de que pase eso. Pero cuando lo hacen, empieza el proceso como en Cataluña.                                                                                                                          El de Megan ya sobresale a ojos vista, pareciendo una copia latina de Camilla. Las anglos de la jet asemejan barbies retros , nada que ver con nuestra Letizia que solo se pasa en estirar barbilla. Más afable en los telediarios que ahora siendo noticia.                                     Pero son los sueños, saben, que las traen locas. Esos que a los mortales nos dan por elucubrar lo que haríamos si nos tocara la lotería, si los niños nos salieran geniales o el marido nos quisiera a morir por nosotras. Luego – un día aciago-nos toca la lotería y Hacienda se lleva un cacho, la gente nos envidia, los vecinos nos tiran basura al tejadillo y hasta nos meten demandas – los más listos-para que soltemos algo de nuestro dorado dinero.                                                                                                                                   Si los niños nos salen geniales, nos sacamos las escamillas del cuerpo para darles estudios. Si no nos llega, imploramos becas y buscamos la manera para que diez o veinte años después no nos mire cuando nos cruzamos por la calle o esté a miles de kilómetros sin acordarse de nuestro nombre.                                                                                Si nuestro hombre nos ama como si nos fuera la vida en ello, nos machaca y reconduce, nos limita y absorbe, tanto y de tan mala manera que un día nos la clava atravesada y ya no levantamos cabeza. Porque los sueños no nos mas que pesadillas de noche en vela, de muchachas cotidianas que un día aspiraron ser actrices- o presentadoras de moda – a las que los zapatos les aprietan, viéndose reconvertidas en princesas que no pueden escoger ni el color con el que se pintan las uñas.                                                                  Es el antisueño liberador y feminista. La antítesis misma porque luego de tanto luchar por llegar, entras en una jaula- muy dorada- donde ya no eres más que un producto de una gran marca- la monarquía- que hace contigo lo que les viene en gana. Príncipes que han vivido en la opulencia, con colegios privados, con juergas monumentales y portadas de rotativos que avergonzarían a madres de familia, ahora son azules- cual pitufo cebón - adoradores de muchachas trabajadoras y republicanas, descalzas de pie y alma, sin familias de renombre sino disociadas, como dijo una profesora de la UCA para referirse a las monoparentales, divorciadas y todas las que no gozan con papá y mamá que llevarse a la boca.                                                                                                                       Nunca se darán cuenta de todo lo que perdieron porque los trajes de gala, las ceremonias, los flases de las fotos y el encubrimiento es lo que tiene, que empalagan y ciegan. Nada que ver con ellos que nacieron en cuna dorada, que luego del romance televisado se vuelven esquivos y protocolarios ; Maridos de mesa y mantel de seda, con esposas enlazadas haciendo de actrices 24 horas y presentando actos benéficos subidas en unos Manolos de última tirada.

lunes, 21 de mayo de 2018

POR QUÉ HACEMOS LO QUE HACEMOS



No me pregunten nada que ando descabezada y rala. No es que me importen mucho las noticias, pero las estiro más que nada por darle entidad al cartílago de los huesos. Resultado de imagen de dias nublados                     Me sirve para ver que en todas las familias cuecen habas y que ni realezas -ni encumbramiento- llevan a nada que no sea enterrarnos en un devenir del tiempo. Debería servirnos esa lección magistral que nos da la vida compilándonos a la nada, pero a nosotros nos siguen gustando las críticas a lo ajeno, el trapicheo y las elucubraciones.                                                                                                                                 Ser  humanos nos da venia para todo mientras la bondad se nos escurre de las yemas de los dedos porque es efímera y pesa demasiado.                                                                                Aún recuerdo cuando la jovial Diana- que luego sería llamada de Gales- estaba presta a casarse con el príncipe de su vida, como ahora lo hace otra con otro.                                   Son cuentos de hadas que nos entremeten para decorarnos sueños idealizados, mientras olvidamos los quebraderos de cabeza que nos regala lo cotidiano.                                                       Si no me creen me da igual, pero siempre dije que nunca me pondría en los tacones de Letizia, por servirme de ejemplo a lo que les cuento siéndome más cercana - no a nivel físico sino geográfico- que las anglos.                                                                               Tampoco me hubiera puesto los de Diana, pero entiendo lo del príncipe azul y luego que te salga rana, porque nos han educado en prejuicios y normas tan rigurosas que cuando nos quedamos solas- o la vida no nos va como esperábamos- nos da un parraque que nos cuesta superar más que “Cumbres borrascosas”. Y es que las mujeres no somos plebeyas- ni princesas-sino buscadoras inagotables de amor. Yo encontré quien me regalaba esperanza a manos llenas, tanta y tan buena que cuando se fue, quebró el molde fundiéndomelo en el alma. Ahora camino sola, acompañada por su prole. Empiezo a entender la soledad que tienen todos aquellos que ya no aman más que por recuerdos, por matices roncos de levedades prendidas en una pantalla, en una casa o el pisar sin sentir el crujir del tiempo. Cuando se me fue, se me vino encima el universo porque a Atlas le salieron pechos. No me quejo. Por lo menos no tengo que usar tacones, ni saludar amablemente a todo el mundo, ni encoger el dedo meñique cuando me estén dando la tabarra. Yo vivo día a día, de insomnios prolongados, de no escribir por gusto sino por arrebatos, de soportar adolescentes y caminar por codicia de kilos arremangados. No es malo que se te muela el amor, es malo acostumbrarte a vivir con el dolor rabioso que has heredado, con la amargura, con el llanto. No sé por qué nos afanamos tanto, por qué discutimos, por qué peleamos. No sé por qué queremos casas más grandes, coches más veloces , carreras más largas. No sé por qué ustedes leen, ni por qué yo escribo. Solo sé que lo necesito para no volverme completamente loca. Eso me estiró los músculos para que me sostuvieran…el saber que están ahí, el saber que tienden puentes para que yo ice velas. El que él no querría que no lo hiciera.                           Hay tantas preguntas sin resolver que se nos acabaría el tiempo de darle razones a Megan para que no lo haga, para que no se calce los tacones que dejan el empeine luxado. Porque la fama cuesta y es ahí donde se empieza a pagarla. Como el amor… que cuesta tanto que te mueres al perderlo y te mata si no lo tienes. Como las yemas de los dedos, derretidas de rozarlas con el infinito de las palabras. No me pregunten hoy que ando descentrada y encapotada perdida. Desvelada y con sueño atrasado, sin importarme un ápice los zapatos porque ando en zapatillas de casa. Con callos adobados porque me falta el alma que la traspapelé cuando él se marchaba, tan rápido que casi no pudimos despedirnos, tan callado que creímos que aún estaba. No me digan que en su familia no cuecen habas porque yo sé que sí, como en la mía. De las de bolsa cerrada, congeladas y al vacío en los perecederos apalancadas. Derritiéndose y pudriéndose por el oxígeno,  que nos da como el amor, la vida. Pero que también nos mata.

viernes, 18 de mayo de 2018

LA RIBERA DEL MARISCO



No es buena la genética para las cuestiones de Estado. No lo es el amor para la geografía. Sin embargo, el Puerto- que me fue heredado- me sigue sacando los colores de las entretelas.                                                                                                                                                  La Ribera del marisco no es lo que parece, aviadero de turistas que vienen a las excelencias de marisquito y pescadito frito, playas areneras de baja profundidad y sol a bocajarro. No lo es porque en invierno clama a las mareas bajas y las ratas de las ostioneras se pasean con descaro entre cuerdas de amarre y pescadores imbatibles al desaliento. Donde antes estaba “el Rubio” ahora vegeta la desidia, y aun así, me gusta… Supongo que porque la edad corrida en vez de estarme dando prestancia (como a otros) me convida a la decadencia de los vampiros. Puede que el Puerto de Santa María no sea la ciudad-que no pueblo- más hermoso de la Tierra, pero acoge con garantías de impunidad a recuerdos, de lazos y cadencias costeras. A mí me acogió entre los brazos más fuertes, segadores de miedos, reconfortantes y voraces de amor y otras frugalidades de la vida. Eras tú el que me esperaba en la parada de “los Comes” de la Ribera, asentadito en tus plantas, serio y soñador, con batir de ojos preñados de futuras caricias. Eras tú el que me enseñaste la Prioral y me hiciste consagrarme a ese amor que era más que creencias, más que vida porque en vida se convirtió y desde tu muerte en miseria.                                                                                            Esta Ribera me recuerda a ti, a tus cucuruchos de pescado, al Romerijo de los escaparates prodigiosos, a las bocas de cangrejo a pie de playa y los niños galopando a nuestro lado, con tu voz ufana y tronista presidiéndolo todo. Me acuerdo tanto de ti que se me resbala el alma y puede que algún día la pierda quedándome catatónica ya de frugalidades, amores y esperanzas. Se fue lo que nos llevaba a la gloria.. la corriente, el aire, las mareas y la arena de la playa sobre las que las gaviotas defecaban sin que lo notáramos, porque solo estábamos nosotros contra el Universo. Sin espadas, ni láseres, solo dos manos y mucho querernos, hasta que se nos rompió la vertebración que nos sustentaba porque el destino es cruel y hace lo que le da la gana. Aún aguanto el ancla sin elevarme, porque nunca fui ave voladora aunque tú lo pensaras, sin notar que la imaginación, el encantamiento y las verdades eran tuyas porque eras tú el que me hacías ser verdad, ser  furia, ser llanto enamorado y caricias. Ido tú hace –hoy- dos años, se me ha cortado la leche de las entretelas, el maravilloso mundo de Yupi, la reconciliación con los humanos y la estabilidad  para escribir. Se me ha ido todo de las manos sin que nadie lo note porque aparento tan bien que solo tú- que me visitas en sueños y pliegas tu manos con las mías -lo sepas. Aún te quiero, porque quizás esto sea un amor para siempre. Quizás lo bueno permanezca aún más allá de la memoria. Como llaga encendida, como espera sin esperanza. Muerta, pero viva.

miércoles, 16 de mayo de 2018

CÓMO PROTEGERSE DE UN IDIOTA


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Los líderes mundiales andan jugando a los gallitos de taberna de mala muerte. No es que me cabree, es que me da muy mala grima. Por la vida,  ya ven, que no valoran en nada los que no quieren la muerte digna dada por nosotros mismos, aduciendo que no somos dioses para regularla, pero después se quedan tan tranquilos cuando un prenda juega a los cohetitos.                                                                                                                    La vida era más fácil cuando los humanos nos tirábamos piedras a la cabeza. Más bestial no hay duda, pero nunca menos cruel que la gran sociedad que vestimos ahora de indiferencia, menosprecio e hipocresías bien combinadas.                                                                  La gente muere ahogada para tener la oportunidad prosperar, mientras que nosotros cambiamos de canal.                                                                                       Homenajeamos a los que se implican pero desde la retaguardia de despachos, cocinas y francachelas porque nacimos de úteros confortables que añoramos cada día. Somos pacifistas de boca, idealistas de película de ficción y agradables a larga distancia.       Los coreanos deben estar tan acojonados como el resto de la humanidad solo que más cerca, con la disculpa de que ellos no votaron lo que tienen y los americanos sí. Y siguen en ello. Con twiter por medio. Como el judío que se quería convertir en “el Decamerón”.                                                                                                                           Los puntos van sobre las ies y nadie puede cambiarlo. No queremos cambiar nada,  porque somos tan acomodaticios como el punto de la i aunque el palo de abajo se nos esté metiendo por las entretelas. Aguantamos lo inaguantable porque nos dan tregua, salida de sábado y francachela del domingo con gente tan cansada y acomodada como nosotros mismo. La bicicleta, la caminata y la marea baja es lo que tienen, que nos dispersan las dudas y la mala hostia.                                                                                       Cualquier día no será una montaña la que destruyan sino nuestras tejas, la tela asfáltica, la azotea donde soñamos con beneficiarnos al Presidente de la Comunidad cuando su pareja mire para otro lado.                                                                                                           Será ahí mismo donde caiga porque un prenda con poder se habrá levantado de mala leche y la pagará con el mundo, como hacen todos los prendas del mundo loco que tenemos que habitar. Porque no hay cohete que nos saque de él y si lo hubiera seguro que llevaría entre sus pasajeros  al puñetero del prenda siguiente que acabará con el sistema planetario a poco que le dejemos.                                                                                             Lo mismo solo somos un virus letal para nosotros mismos. Quién si no engordaría hasta matarse o adelgazaría hasta matarse. Quién crearía modas que te atormentan, distinciones que separan a los niños, los acosos, las violaciones, los robos, los secuestros y las extorsiones. Quién. Quién tendría hijos con esos cohetes planeando sobre nuestra conciencia volátil.                                                                                                         Y sin embargo amamos, desmesuradamente. Nos damos más allá de cualquier trato, de juegos de engaños por completo, sin límites, ni pautas. Porque queremos más que a nosotros mismo, por encima de toda cordura de prenda imantado.                                                 Y transmutamos, como los capullos en mariposas, como los pokemon en guerreros, como las bolas de dragón en algo más que matar por matar.                                                Nunca seremos Ángeles, pero enamorados lo parecemos porque ese amor nos da fuerza, nos consume y vuelve a hacernos emerger, libres de toda la miseria humana.                    Lástima que no sea contagioso porque nadie enamorado es capaz de jorobar, ni de lanzar cohetes que maten por miles o millones. Nadie sería capaz.                                           Pero no se pude inocular, ni contagiar, ni traspasarlo como la envidia, el desprecio o el resquemor.  Sería la única forma de protegerse de un idiota, inoculándolo, enamorándolo y haciéndolo transmutar. Cambiando cohetes por ilusiones y esperanzas para no dejar nunca de soñar.

EL JETA


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No sé si estarán conmigo en que la gente echa cara, a lo que sea. Se han acostumbrado a pasar de todo porque nuestros políticos- en versión Gran Hermano- nos estafan y se van de rositas. Los que pagamos sufriendo no entendemos que  haya otros – tan socorridos con lo ajeno- como el jeta que encerró a su cita para sacarle los cuartos en plena motorada.                                                                                                                                         Las motos es lo que traen  ...gente en moto, que gastan y se divierten y encuentran a un maromo en la discoteca. Luego se van a un apartamento a surcar las Américas, pero el cuento dura poco porque el jeta se larga con la tarjeta dejando al prenda encerrado a dos llaves. No pudo -como Rapunzel- tirar de mata de pelo, así que pidió auxilio por las ventanas. Nadie fue a rescatarle. Desesperado, tuvo que jorobarse hasta que el jeta volvió, contándole uno de Borges con que la tarjeta se le había caído en la cama. Peripuesto- pero acongojado - se fue más quemado que convidado de amor. Luego se encontró con una patrulla de nacionales a los que les contó el episodio. Juntos fueron hasta un cajero, descubriéndose el pastel de que le habían volado 800 euros por arte de magia.                                                                                                                                        La motorada ya no está porque el mismo lunes se iban los últimos con sus motos rugidoras, con sus ilusiones puestas en el año que viene. Los esperaremos porque dan dinero sin necesidad de quitárselo, porque les gusta la buena vida y las playas y comer y pernoctar. No que los estafen, ni aún después de consumar amor en paredes encorsetadas.                                                                                                                               La gente le echa cara a lo que sea – hasta al amor espontáneo-porque les va en ello la esperanza y porque se han acostumbrado al dinero sin ser trabajado. Lo más irrisorio…que creen que van a seguir pudiendo hacerlo siempre, como la niña que mima en el colegio el profesor porque la madre es una jíbara y luego la pobre cría se estampilla en secundaria cuando el colchón se desinfla como un globo de feria pasado por agua.                                                                                                                           La vida es la más perra de todas las gracias porque nos estafa a todos quedándose con los dientes que le mordemos, la lengua que la vanagloriamos, con nuestras riquezas y nuestra trampas. Con todo,  porque ya les digo que es jíbara como la madre de la niñata que se burla de los compañeros y hace luego mohines a la Directora para crea que es una santa. Como el de los 800 corriendo hasta el apartamento para liberar a Rapunzel sin que le remordiera más que la coraza que le pusieron los nacionales cuando dio trazas de presunción aun no pasada por jurisprudencia. Con lo a gusto que venía el de la moto a darse una vuelta, para luego ver el Puerto desde una ventana pidiendo audiencia. No tratamos bien a los invitados que nos socorren iniciando el verano, con la buena propaganda que nos hacen para que venga un descerebrado a robarnos la fama.