miércoles, 12 de diciembre de 2018

FREGONAZOS EN PATINETE


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Con los patinetes pasa igual que con las solares, que se quieren hacer cosas para las que las legislaciones no están preparadas. Todo lo que es bueno, práctico y barato parece que hace la puñeta a alguien- en el caso de las solares, a las compañías eléctricas- que empieza a fustigar hasta que vuelven a ganar el dinero que tan fácilmente les caía del cielo.                                                                                                                                              Los patinetes no están nada mal, ya les digo que mis hijos siempre han sido consumidores finales, pero en plan amateur. Lo que pasa es que ahora con las modas- y el individualismo- nos hemos dado cuenta de que hacen la función de transporte gratis que – lo mismo- no les interesa a algunos.                                                                                       Es una sociedad rara ésta en la que nos movemos en patinete eléctrico para ir a ninguna parte, en la cual tenemos mayor grado de confianza con alguien a quien no le hemos visto nunca la cara que con el vecino con el que nos cruzamos todos los días.                            No tiene por qué caernos bien ese vecino que lo mismo es “gili” , pero por lo menos la educación debería ser plato principal en una buena dieta educativa, sobre todo cuando por las redes damos los buenos días como si fuéramos pregoneros de Villar del Rio, el pueblo mítico que Berlanga inmortalizó para siempre .                                                       El pueblo real –Guadalix- se nos ha transmutado en colores de poderío desde que  los de Gran Hermano se asientan allí, con sus filias y sus fobias, retransmitidas en pixeles luego de comentadas por astros decadentes.                                                                              En esta nueva sociedad nuestra, los patinetes matan a ancianas que transitan en soledad por la acera a compás de un andador tras una rotura de cadera. Colisionan con sus huesos cansados y la voltean - de tal modo y por tantas veces- que la dejan sin que puedan salvarla los de Emergencias.                                                                                  También matan por desconocimiento, idiotez o estulticia que son la santísima trinidad de los desgraciados que creen que el valor se presume como en los héroes troyanos. Esos imbéciles que se asientan en dos patas, se montan a cabestrillo y a trotar se ha dicho, sobre un motor de lavadora marchando a 80 por hora en una secundaria.                          Pero si se acuerdan de la monja polaca que iba a Santiago a toda leche bicicletera- hábito al uso, piernas troteras- ya no se extrañarán de nada, que no hay como vivir para quitarte las legañas de golpe.                                                                                                             No crean que me disgusta todo este sin vivir de cambios y” dimes y diretes” que lo único que me cabrea son ellos, los políticos que quieren poder y poltronas, pero no nuestra mejoría que sería pagar menos y disfrutar mucho, justo como hacen los lactantes. Queremos mamar de la teta enorme de la vida, chupándola con ganas hasta saciarnos, sin gastar en electricidad cuando hay soles de vida- como anuncian los del Ocaso -esperándonos en esta bendita tierra nuestra que se ilumina con ellos.                    Queremos ir en patinete y no caernos, ni matar a ancianas que salen a dar un paseo con todas las bendiciones de medio vecindario.                                                                     Queremos correr y ser corridos, ponernos la camisa de fuerza y desabrochárnosla, porque no hay nada como respirar bajo el agua sin ser sirenita varada.                          No me den mucha cuerda que me ahorco, que tendremos que votar y ya me escuecen las palmas de las manos de tanto deshojar margaritas que no sabe una como acertar en esta sociedad tan confusa que parece crecer por un lado , mientras otros se quedan estáticos justo como el cuerpo de los adolescentes en transición hacia la edad adulta .                                  Nunca me ha gustado meter el sobre por la rajita de la urna, porque-como en la boca de la Verita- pienso que lo mismo me pilla los dedos durante 4 largos años en los que tendré que aguantarme con lo votado.  Como una amiga de la Facultad que iba con el programa electoral en mano para ir tachando- de él- las promesas incumplidas. Ana Rosa se llamaba, como la de Telecinco.

BOCADO A LO BESTIA


Resultado de imagen de PERROS SALVAJESNo es un juego de amor, ni un ritual diabólico, sino perros desbocados arreando muerte a dentelladas.                                                                                                                                     Habría que ver la cara del marido de una de las asesinadas por los dogos, cuando llegó a su casa y vio a su mujer y a su suegra despedazadas por los bocados.                                                En Colmenar de Oreja los han sacrificado, no solo a los autores -que han informado los especialistas que no tenían recuperación posible -sino también a los demás perros criados con ellos que eran de una raza catalogada como peligrosa.                                             Nos asombramos de que cosas así sucedan porque nos creemos intocables, pero la chica que ha asesinado la ex de su novio( por celos) debe saber bien lo que pasa cuando pierdes la humanidad y te conviertes en una bestia sedienta de sangre.                                           La mató con presunción de inocencia, destripándole el abdomen a puñaladas traperas. Hay mensajes amenazantes a porrillón y una amiga de la víctima con la que hablaba antes del suceso que lo escuchó todo, aunque solo proceder a su detención la presunta negó los hechos.                                                                                                                                  Los” puristas” de la Violencia de Género quieren igualar este suceso a los hombres que matan por despecho, celos o ira hacia su pareja, cuando aquí no hay pareja que valga, ni convivencia en desigualdades y maltratos. Pero como los dogos, aprovechan la punta de la escoba para barrer casa ajena.                                                                                                             Hay muchos que se meten en el corral del vecino para ajustarle las gallinas cuando el suyo está hasta arriba de gallinazo. Siempre  tienen la boca enchancletada.                            Denisa estaba por encima de negro sobre blanco y ahora estará por debajo de tierra a perpetuidad,  porque la ex de su novio presumió que podía hacer lo que le diera la gana sin que la Justicia le tocara el pelo. Esa es la clave del asunto y ahí les doy la razón a los “puristas bocachanclas” que en el fondo saben que los hombres maltratan a las mujeres y las matan porque creen que no les va a pasar nada y luego- cuando les cae encima el peso de la Ley -se lo hacen por patas .Como la presunta que dijo que no sabía nada, porque matar a dentelladas solo es cosa de saliva y bocados, y en cambio testificar asumiendo la culpa, trabajo difícil de ejecutar cuando eres una piltrafa humana. Nunca pude entender cómo se podía disparar una bala a la cabeza de alguien desarmado y atado, cómo se puede matar por la espalda y sin previo aviso para luego ponerse a temblar o creer que el mundo está contra ti, cuando te detienen o te meten entre rejas.                                                                                       Nunca podré entender esta gente que odia, envidia y vive maldiciendo a los demás porque no son ellos, unos llegando a ejercer violencia como perros ciego. Otros metiéndose en casa ajena, martilleando la lengua, babeando , injuriando y blasfemando para intentar destrozar el abdomen a puñaladas traperas, a navajazos salvajes de bestias sedientas. No tiene nada que ver con el amor, cuando acabas malherida o muerta.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

VAMOS A ESTAR SOLOS


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Una anciana fue asesinada en la Rinconada. Tenía gloriosos 90 años que la imposibilitaban para cuidarse sola por lo que su familia contrataba personal para ello. Ahora se juzga en la Audiencia Provincial cómo ocurrieron los hechos y quién mató a la anciana a la que sofocaron con un trapo impregnado de amoníaco.                                            No fue la muerte agradable que desearíamos todos para nosotros mismos, porque encontraron los pulmones y las vías aéreas con múltiples edemas.                                        Nuestras barbas están creciendo de una forma incontrolada, mientras nuestros padres entran en la senilidad más agria. No sabemos cuándo nos las pondrán a pelar, pero ya vemos la espuma de afeitar moldeándose en el tiempo cuando viene borrasca y nos duelen las articulaciones.                                                                                                                       Las residencias para ancianos son costosas y no dan los servicios que necesitaremos los que en el futuro seremos- quizás- desposeídos de toda humanidad razonable.                             La actualidad es trágica, tanto como la soledad, el ostracismo y la mayor edad que deparan los beneficios económicos, la sanidad pública y los cuidados sociales. Pero estamos en bancarrota en empatía, respeto y educación.                                                                Qué podremos esperar de estas generaciones que mueren en juegos de rol, tan banales que enganchan las retinas y envalentonan para no estudiar sino tumbarse a la bartola. Qué será de nosotros “paganinis” de por vida, asaltadores de neveras nocturnas para evitar la frustración y el miedo, con hijos en casa hasta más allá de los 40.                           Las residencias no son bicoca que quitarte la inseguridad que genera que te metan un trapo impregnado en amoníaco porque nadie vela por ti más que tus ahorros en la libreta del banco. Seremos blanco fácil para los sacaperras, los desalmados y los ingenieros del engaño, con sillón y pandereta. Como ella, aspirando amoniaco hasta quebrase bronquios y pulmones. Con la boca y la nariz tapada, llorando sin que a nadie le importara.                                                                                                                            La ancianidad pesa, mientras las arrugas apestan porque hemos conformado un mundo donde Gandalf es un viejo loco subido al caballo que solo da malos augurios. Las operaciones cuestan un riñón y a veces la vida, porque queremos ser eternamente jóvenes como preludio a un paraíso en la Tierra.                                                                            La bondad, la generosidad, el respeto o el saber valen tan poco que se deterioran en el armario donde antes se apolillaban las medallas y los libros de catecismo.                             Hemos pasado de admirar tanto a los mayores -que los engrandecíamos por encima de la novedad, el progreso y las ideas renovadoras- a abandonarlos como lastres que no soportan nuestra vida actual, llena de horarios imposibles para los más pequeños y con obligaciones que nos hacen perdernos en un laberinto que no nos conduce más que al sillón de una residencia,  cuando ya no engrasemos la máquina infinita que es el consumismo integral.                                                                                                                       Son los ancianos actuales el refugio de los trabajadores- de mediana edad- con responsabilidades familiares por lo mucho que contribuyen, ya no solo a la economía de los suyos sino al cuerpo de casa que consiste en proveer a los más pequeños de las socorridas clases de extraescolares que los sitúan en la cúspide social del futuro.                          O al menos eso creemos, porque todo se basa en creencias. Cuando inviertes en un plan de pensiones, lo haces creyendo que vas a sobrevivir a la hecatombe de las múltiples C que hay hoy día. Que estarás en tus cabales y que serás capaz de pensar con suficiente claridad como para que no tengas que necesitar asistencia domiciliaria -pagada- que te meta un trapo mojado en amoníaco en la boca para robarte la miseria que te queda, después de haberte pasado media vida ahorrando, aguantando gente y peleando, por llegar a esos glorioso 90 que pensaste que serían la hostia de buenos.

SEXO A CONTRARRELOJ


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En un cortijo de Vícar mantenían a mujeres emigrantes bajo llave. Eran preciosa reliquia de la España más cañí, cambiando sexo forzado por minutos de placer cobrado.                                                    Gracias a la valentía de una testigo protegida, han detenido a los integrantes de una banda que se dedicaba a reclutar a desesperadas por encontrar trabajo en este país de pateras que pintan desde afuera como puerta de Europa.                                                          Luego la realidad es que se te acerca un prenda ofreciéndote trabajar. Cuando te las haces tan felices, estás reclutada en esclavitud permanente en un cortijo apartado del mundo donde llegan hombres con los que te obligan a acostarte cada diez minutos. Si no lo haces te regalan vudú del bueno y hostias a tutiplén, pagando multas por no prostituirte y durmiendo bajo llave para que no escapes.                                                                                                                         Las instalaciones eran de zafarrancho, no había más que verlas. Opresión real y miseria donde las vendan. Maldición de carne morena que parece nacida para dar a otros lo que quieran, sin identidad más que la esclavitud más cruel.                                                              El mar del Estrecho conoce muchas tragedias, pero también el papel de periódico y los funcionarios de Cuerpos del Estado, porque la ignorancia, el vapuleo social y la incomprensión no es más que desprecio disfrazado, la prepotencia de unos pocos para victimizar a muchas que son tratadas como muñecas de carne y hueso, mas carne que hueso porque desluce el poco blanco entre tanta lágrima negra.                                                 No hay cómo civilizarse para traer hasta Vícar las mejores posibilidades de placer cotidiano, diez minutos de tocar el cielo, con orgasmo asegurado que es lo que tiene pagar para tener sexo que siempre deja satisfecho porque obedecen al “yo quiero”.                         Qué más da la esclavitud, los cerrojos o los camastros infectos, qué  más da nada cuando nos regalan placer al lado de casa, ultramarinos sin conciencia- ni realeza -que son elecciones y el alma no pesa. Emigración que busca mejoría, trabajo y condiciones dignas y encuentra camastro viejo y aislado, cerramiento y ocultación, explotación y abusos, casi lo mismo o peor que lo que había en África.                                                          No somos mejores sino más hipócritas, engañamos a la vista con bolitas de Navidad que ahora no son redondas sino aplanadas, jaleados por amigos virtuales que nos mandan mensajes alentadores y abrazos infinitos con gif personalizados por cientos.                                      Cómo crujen en la conciencia los muelles del olvido, con espaldas mojadas y gemidos de frustración y miedo. Qué valiente la que denunció para acabar con esto, qué miedo estará pasando, que vudú más fuerte el de ella para luchar – una vez más – con lo que la atenazaba. Esclavas quitándose los grilletes, abriendo las puertas del cortijo y haciendo cortes de manga. Se han quedado solitos los penes tristes de los cortijeros porque “las morenitas” ya no quieren abrirse de patas, ni recibir empalmes, sino ser asistenta o dependienta o incluso estudiar que para eso las pateras lo más que transportan son sueños a cada remada.

jueves, 22 de noviembre de 2018

NO HAY MÁS QUE UNA


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A Mariana le han machacado la cabeza a golpetazos. Ha sido quien más quería, que volvía ebrio de vida y le quitó la suya porque los jóvenes no saben apreciar cómo aman las madres de verdad.                                                                                                                Hilarión Eslava fue reclamado por la Iglesia cuando- bañándose con sus amigos en el río Arga- lo vio el Director del coro de infantes de la Catedral de Pamplona. Estaba tan fijado su destino como el de Mariana que ha muerto en la calle que lleva el nombre del músico porque amonestó a su hijo de que no hiciera lo que hacen muchos chicos,  sin que nadie les diga nada.                                                                                                                                    Hilarión- según cuentan los anales de la Historia – tenía una gran voz que lo llevó al coro,  a estudiar Música y también Humanidades. Pero lo que adoraba era la ópera en la que los cantantes por medio de la música solventan sus diferencias. No fue así para Mariana que después de llevar quince apacibles años- al menos en apariencia, en un barrio sevillano- se ha convertido en asustadora de niños que eran empujados por sus madres para que no vieran la vida real – desangrarse-en la puerta de la casa de al lado.                                                                                                                                  Cuando a Hilarión lo escucharon cantar se cerró su libertad y su vida anterior, porque su voz hablaba con personalidad propia. Quedó atrás familia, amigos y las cosas tan pequeñas que te hacen sentir  libre y poderoso. Transmutó como la oruga para convertirse primero en cantor y luego en músico y compositor con oposiciones sacadas por mérito y relevante descubridor de nuevos talentos musicales, como habían hecho con él aquel día bañándose en el rio Arga.                                                                              Mariana no tendrá ese renacimiento, ni transmutará más que en madre muerta, madre santiguada y bendecida por todas aquellas que sabemos que una madre lo es para siempre, porque no hay golpetazo que la disuelva de su propósito de cuidar a sus hijos. Ni siquiera el propio egoísmo, la embriaguez o la poca edad de ellos. Ha tenido mala suerte, de que la mate el objeto de su preocupación, por quien ella hubiera muerto cien veces  y matado otras cientos. La puedo ver gritándole, dando el do de pecho y a Hilarión -como su calle, estático y tieso- escuchándolos horrorizado de estos nuevos tiempos en los que una madre tiene que morir para que le hagan caso.                                    La calle de Hilarión no tiene música en cada esquina, ni partituras en las casapuertas, ni las madres son otra cosa distinta de las de cualquier parte del mundo, derrotadas, abandonadas y quietas cuando ya no nos quieren los que amamos desde dentro para afuera, sin mesura , ni atisbo de duda.   Siempre en guardia para ellos.                                                                                          A mazazos la ha matado. Nadie velará por él, ya. Nadie irá a prisión a verlo. Nadie le buscara abogado, ni llorara por él, porque se han secado las lágrimas, vaciado la sangre que lo creó de una pobre célula alimentándolo con su sustento. 

VIUDA GRIEGA


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Mi difunto decía que la vejez solo te da potencia en lo que eras. Supongo que por eso mis fobias se están disparando y las filias extinguiendo. Veo a Susana abrazando gente y me da grima. Veo la visita al submarino y me entran escalofríos. Solo falta que alguien se tire en parapente -y lo grabe mientras se estrella- para que se dé la Trinidad de lo que me revuelve el estómago.                                                                                                                    Es inicio de campaña electoral, con lo que eso conlleva. Si no escribes de política explícita- como es mi caso-mejor sería untar el teclado de atún y dárselo al gato, porque intentarán llevarnos a su terreno como la luna a las mareas, aunque sea arrastrándonos. Han reformado en Cádiz la Facultad de Medicina- que no sé si saben los que me leen de fuera - que es aledaña al Falla, ese templo que solo se viste de gala en los Carnavales. Recuerdo de jovencita sentir aullar a los perros, quitándome la respiración, saliendo el quejido de entre callejuelas y ladrillos más viejos que la piedra Ostionera.                                  Un noviete militar que tuve – mamoncete con ganas- me contaba que provenían de la Facultad porque los estudiantes hacían experimentos con ellos.                                                                              No sé si han visto “Novechento”, pero la imagen del perro con la barriga abierta para que les ayudase a investigar lo que pasaba cuando las infecciones se asentaban en las tripas, aun me revive la amargura solo pensar en ella. Ese silencio sepulcral en esa sala llena de animales agonizando  y la protagonista preguntando.. ¿¿¿por qué no aúllan???.  El médico respondiéndole que era porque le habían cortado las cuerdas vocales. No se me puede ocurrir una mejor forma de plasmar el infierno, solo, abandonado y sin ni siquiera poder quejarte porque te han abierto en dos.                                                               Los tiempos han cambiado y yo con ellos, me he hecho más agria, menos festiva y más apagada. Igual que al naranjo cuando lo podas con dureza, he ido echado espinas para protegerme del dolor.                                                                                                                Los chicos de la Barriada del Príncipe en Ceuta, también saben lo que es el dolor, encañonados con la realidad presente, las pistolas de mentira y los coches pateras,  recordándonos la laboriosidad de las hormigas.                                                                                 Todos sabemos lo que es el dolor, excepto- quizás- los que sonríen a las cámaras, abrazándose a extraños porque llegan elecciones con drones que juegan su papel estelar.                                                                                                                                            Hay mucho oportunista, mucho que ama tanto la imagen o las cámaras -o las redes -que solo sentirlas , ya vibra y fíjense que no digo brilla, porque brillar solo pueden hacerlo los que tienen luz propia.                                                                                                              No crean que me refiero a mí que solo tendría luz negra de lo apagada que estoy. Hubo una vez que tuve sueños, que viví… Tanto y de tal modo que solo sonreír ya me descolocaba las muelas.                                                                                                                Me dijo un político fracasado que en el mundillo literario no me vendía bien, y llevaba razón. Luego una literara- metida en lata- dijo que yo era de mentira porque no iba a eventos, ni me dejaba “cultureizar”. También llevaba razón. Me cuesta hasta ir a recoger los premios y juro que no lo haría si no fuera forzoso.                                                                 Mi difunto llevaba razón en eso, como en tantas cosas que no puedo decirle porque ya no me escucha, ni se queja.                                                                                                      Daría mitad de vida y cuarto de mitad de la que me queda, porque volviera a quejarse, por darle un último beso o poder abrazarle. Pero no puedo , como los de la Barriada del príncipe no pueden irse a Matalascaña todos los días a pescar o la Presley estirarse las arrugas del alma.                                                                                                                           Hay cosas que no se pueden como entrar en el submarino atracado en la bahía de Cádiz y sentir plenitud de ideas, gozo del alma y ganas de hacer el amor, por sitio muy raro donde quieras hacerlo, que no es mi caso que soy más casera que la gaseosa.                             Ya ven lo mala que es la Política que para no tener que hablar de ella les he liado el hilo de Ariadna, de la tragicomedia que no es sátira sino epopeya de un artículo inconcluso de una viuda muy griega.

martes, 13 de noviembre de 2018

MURIÓ


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Un hombre murió en Madrid, apuñalado. Otro  en la Bahía de Cádiz, ahogado y con los pantalones bajados hasta media pierna. No es la Canina gourmet que rechace ningún plato, ni por raza, ni por género, ni condición. A ella con estar muertos,  ya la alimentan. El que murió apuñalado lo hizo por mala suerte de que los de Urgencias no estuvieran más cerca o porque la trapería de rajarle la barriga fue mortal y se desangró sin remedio en mitad de la acera.                                                                                                                                 Nunca me queda nada claro lo que estamos haciendo, en este jodido Planeta en el que todo se oxida porque somos carbono y nos quemamos al tiempo que respiramos esencia. No me queda claro que sean invisibles las muertes del Estrecho, las tumbas sin nombre o los cadáveres desnudos y frágiles como el equilibrio marino o los habitantes de los Océanos.                                                                                                                                    Me da la sensación que damos vueltas- sin sentido -como los enfermos de Alzhéimer que dan pasos ciegos a ninguna parte mientras defecan en pañales de adultos , esperando la siguiente comida. Allí no hay clases, ni capitalismos, ni Gran hermano, solo un plasma que se ve sin que nadie lo escuche , ni sienta, porque los habitantes de los geriátricos hace mucho que perdieron substancia corpórea y solo son recipientes como los que habitan en los museos.                                                                                   Museos que dan esplendor del pasado a los ojos venideros, que esperan- con ansia- alguien que ame el brillo y oropel tan ajado por el tiempo como la sonrisa de amor que la dama Éowyn  le dispensaba al rey Aragón, ahora trasmutada en mueca por el tiempo siendo tía de Sabrina y bruja ella, madurita y buenorra que es como trata Hollywood( ahora Netflix) a las mujeres cuando envejecen.                                                                            Ya lo dijo Antonio Banderas -cuando creía en la Griffith- que en el cine no se hacían papeles para mujeres mayores , pero para hombres tampoco(añado de mi propia cosecha)porque nadie quiere ver la vejez- ni la postración de los cuerpos, ni las limitaciones que estos recogen- como si fuera peste bubónica que echarnos a la cara.                  Si quieren ver el infierno, no piensen en el Estrecho (de noche y con mareas bestiales) hacinados en una barca de goma pensando que van a tirarte a las aguas negras en cualquier momento, sino que paséense por un geriátrico. No porque no los traten bien, sino porque aunque sea el mejor de ellos y con todos los recursos que el dinero pueda pagar, no son más que aviadero hacia Ella, la infalible y más trabajadora de este Planeta , a la que no le importa nada más que recolectar.                                                                              El hombre que murió apuñalado- mirando la noche madrileña, con los ojos clavados en las estrellas- no llegaba ni a la treintena. El ahogado tampoco, con piernas tan delgadas como guitas de amarrar espárragos trigueros. Tan delgados como nos quedamos cuando nos hacemos viejos y los pies no son más que barcas sin remo.                                                          La muerte no la entiendo porque conlleva degradación y sufrimiento, esos minutos previos en tragas agonía y el frío velo. Se me escapan las razones para darnos un regalo tan grande y quitárnoslo sin remedio, dejándonos con sabor de boca a besos de miel y salitre dentro.                                                                                                                              Lo mismo por eso los enfermos del Alzhéimer dan pasos lentos , sin saber qué les espera , ni cuál es el camino correcto en ese trasiego de sillas llenas de compañeros que vegetan.                                                                                                                                        Yo tampoco, se lo confieso. Solo doy pasos lentos, uno a uno para no ahogarme, ni doblarme del dolor de las puñaladas que se clavan de fuera adentro, con cicatrices que dan hasta miedo. Soy invisible para quien no me ve, ni me siente, para quien se mofa de mi dolor o mi corporeidad, como los ahogados del Estrecho a quienes la marea baja los pantalones en una última burla-cruel- del jodido tiempo.

SI LLEGÁRAMOS A SABER


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Mi padre se ha operado de cataratas. Por lo privado. Es lo normal, si no quieres pasar por las listas de esperas. Mi marido pasó por ellas y -en ese tiempo- la enfermedad siguió su curso y se lo llevó a la tumba. La gente dice que era “su día”, pero no creo en banalidades y si en hechos y estos son que si te atienden los mejores profesionales- y a tiempo- te salvas de casi cualquier cosa.                                                                                      Mi padre ha quedado mal…Ve borroso y siempre tiene rastros de sangre cerca de la pupila como si le hubiera rascado el ojo “la Bestia”. No es mi padre de ir a los Juzgados, pero debería porque si no ese profesional seguirá haciendo estropicios.                                        La verdad es que- cuando enfermamos-estamos jodidos. La casualidad también hace su función y como ya les dije, la Malora. Mi marido la tuvo, esperando para que le operasen (un cáncer gravísimo) desde septiembre hasta enero, encontrándose su cirujana -cuando por fin le abrió- con que estaban los ganglios linfáticos ya tocados. La Sanidad pública no es lo que debería, pero la otra vaya usted a saber, porque han caído en operaciones banales tantos o más que moscas con insecticida, solo que no nos enteramos porque no interesa. Les contaré que prefiero la pública para todo, pero hace unos años estando embarazada, empecé a tener pérdidas y recurrí a lo que estaba más cerca, en este caso la concertada. Me hicieron un legrado porque había perdido en embrión tras horas de angustias donde me enchufaban a un ecógrafo para ver cómo la burbujita estaba desinflándose. El legrado no fue mal, pero a la salida de quirófano me fui entera de viaje adonde los muertes pacen para siempre. Sentí correr a mi alrededor y cómo me metían algo en el pecho. Luego volví porque tenía cuatro críos y muchas ganas de contárselo a ustedes. Pero pude no hacerlo, como tantos otros que se fían incondicionalmente y no retornan al mundo de los vivos. No es mala muerte, no crean, porque no te enteras de nada, no sufres como mi marido, ni se despegan los dolores de cada suspiro como mi pobre Lourdes. Tampoco vas al colegio casi gateando como Fany, ni ves el cuerpo desligarse de ti machacándote por entero. No es mala muerte, si es elegida, pero si te caza en una operación de estética es muerte negra que te roba todo lo que soñaste para cuando despertases. La muerte duele, ya lo he dicho muchas veces. También la de mi marido. Mis hijos- como aquellos familiares que ven en los juzgados la solución a la pena- querían que lo llevásemos a juicio, pero se impuso- no la sensatez , ni el conocimiento de que es difícil probar que una persona ha muerto por negligencia médica-sino el puro machaque que da el que te quiten lo que tanto quieres. Ese es el problema, el querer vivir a toda costa y el que la Malora te atrape por el cuello, dejándote seco en un hospital lleno a rebosar de todo lo que te podía haber salvado la vida.

lunes, 5 de noviembre de 2018

HUEVADAS Y OTRAS CALAMIDADES


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Hemos sobrevivido a las fechas, un día más, pero ya se nos asoman tsunamis de compras, regalos forzados y otras necedades tan grandes, o más, que tirar huevos por Halloween.                                                                                                                                         En Sanlúcar los locales han retirado docenas de huevos listos para el impacto contra lo que fuera, que no hay como gamberrear a gusto gozando de total impunidad.                                        Iban con pasamontañas – los muy menores- para preservar su identidad, como los que pagan los seguros de muerto para no quedarse con los pies colgando cuando ocurra el deceso.                                                                                                                                      Los muertos pesan, ya se lo digo, casi más que los adolescentes. Pesaremos toneladas  a los que nos sucedan, por eso nos aseguramos de prever lo que pasará cuando ya no seamos más que guano de murciélago. Parecen cosas de los abuelos, porque mis abuelos pagaban “el Ocaso” como si fuera agua bendita que les costearía los amplios gastos mortuorios con los que no querían grabar a los suyos.                                                                                                     A mí siempre me dio dentera ese papelito doblado, cabalgando entre cajones, aletargado y dormido hasta el suceso. Nunca me la dio el hecho de la muerte, ni las tapias, ni los cementerios, sino el olor a muerto despegado de sábanas de hospitales, de rostros macilentos y sonrisas forzadas.                                                                                                                            Con el tiempo a la chepa, he entendido que lo que realmente me da pánico es la agonía hasta dar el paso final, con macabra pirueta.                                                                             Perdonen que no esté muy ufana, pero veo futilidad y pesadez por todos lados, fatiga y hastío, hasta de gloria bendita porque ya ni la comida, ni las series, ni siquiera este hablar con ustedes ( en callado) me cura de la presencia de que somos finitos y en polvo nos convertiremos.                                                                                                                                      Son días raros, en los que solo ganan los supermercados con ofertas eternas en las que no hay fechas -ni calendario- sino ganancias y productividades.                                                             Ellos, son el auténtico infierno que nos consume con desgaste de cartílagos que ni Ana María Lajusticia puede subsanar porque la Canina nos come por dentro , llevándonos en porciones de cataratas y artrosis.                                                                                                                          No soy vieja, aun no, solo mayor de huesos, ancha de caderas y cada vez más estrecha de sentimientos.                                                                                                                         Mido por las personas que conozco, me miro en las esquinas dando pasos de ciega. Intento -por intentar -hasta vivir sin amor, que ya les cuento que es tan desagradecido como la cerveza sin alcohol o el coca cola cero cero.                                                                                                         La vida no es nada, sino no nos quieren de esa forma tan inhumana que no se altera con el tiempo, ni la cotidianeidad, ni el sudor amargo, ni las vacaciones rotas, ni la muerte de alegados, ni el sufrimiento ajeno. Ese sí que es infinito aunque muramos por dentro, palpables, absolutos, sin huevadas ni seguros, solo él llevándolo todo, haciendo del infierno un cielo.                                                                                                                                               Si los menores gamberros supieran lo que les espera, tirarían los pasamontañas y los huevos y correrían para intentar librarse de la maldición de este Planeta que es hacernos guano de murciélago. Bien lo saben los viejos que apalabran entierros a los que no asistirán a menos que estén bien muertos. De eso viven los seguros y los supermercados, de creernos inmortales, de preservar lo que será barro, cal y oxido a poco que nos salgan cataratas y el corazón se nos congele , porque no tenemos a nadie que nos quiera, ni a quien quererlo.               Ese es el infierno, hielo por dentro- hielo por fuera, desamor clamando huevos que le machaquen el alma para sentir algo aunque sea rabia jalonada de pasamontañas y gamberros, vida perdurable y envidiada para el que muere a plazo concreto.                                                                                                                                          Sin que los seguros le den más que féretro, corona y sepultura para huesos cancelados, despiojados y secos. Sin amor que nos tape, ni nos dé anhelos, estamos- definitivamente- muertos.

viernes, 2 de noviembre de 2018

VISILLOS FUERA


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No sé si saben que a partir del SXV los balcones se echaron para afuera. No era moda, sino modo de hacerse con la vida de los demás por montera.                                                      Desde entonces nos han llovido los adelantos y el Internet hace que nos metamos más y más en honduras y que graben a un desgraciado, tirándolo desde un contender de basuras en otro de reciclados.                                                                                                    No es broma, es mala educación y desvergüenza que tíos grandes como un pino desocupen sus vidas cuando hay tanto que leer, tanto que aprender y tanto que ayudar a los demás, sin joderles, ni humillarlos.                                                                                           Sé que les habla la voz de la conciencia olvidada, porque está todo perdido. Casi todo. Aunque aún haya críos de primaria que luchan por los demás y  personas buenas que son ignoradas en este maremágnum de idiotas.                                                                                                       Rato expía el mea culpa de “me cogieron”, suponemos que por los beneficios carcelarios que da el perdón y el reconocimiento del perjuicio que se le ha hecho a la sociedad.                                                                                                                                             En realidad, nada cambia sino que evoluciona y eso nos cansa terriblemente. El caminar de cada día, para llegar por la noche al mismo punto -decadente y flácido- de nuestra existencia que no es más que penar en una rueda infinita de laberinto de rata.                           El antiguo Rey también pidió perdón, sin que nos quedara claro de si por equivocarse o porque lo pillaran igual que a Rato, en cosas que no se deberían hacer como coger a un perjudicado y tirarlo en un contendedor de basuras.                                                                               La magia no está en la mordida sino en la dentellada, en el brillo de los molares que se reflejan en los pixeles.                                                                                                              Por eso se mueven y actúan , no los mortales de dos patas, sino los que velan por nuestros intereses. Eso no existía antes…el temor a que los videos se difundan y den  al traste con todo lo conseguido, como en la época de la guerra fría en la que los espías se quedaban cortos con sus camaritas diminutas para esconderlas en tacón de zapato. Ahora se requisan los móviles en las bodas para no perder la exclusiva y hay  paparazzis agazapados en cada esquina, sin que tengan rostro -ni identidad- sino avidez por sacar tajada de dónde sea, sin olvidarnos del protagonismo,  que al final es lo mismo.                         Rato ha pedido perdón a las puertas abiertas de Soto del Real, donde se dice que no hay calefacción, pero estamos seguros que huésped tan afamado no pasará frio como no lo han hecho otros fotografiables que sus pasos ya anduvieron sin género que les guarde.                                        Ya nadie se salva, porque -desde que Lola Flores protagonizó aquella cruzada contra los que parecían invulnerables- todos tenemos la cabeza en la picota.                           Gran Hermano nos vigila y sabe mejor que nosotros qué compramos o cuánto o por qué motivo.                                                                                                                                      Llegará el día en que no habrá supermercados a los que acercarse los sábados , sino que los drones nos traerán el pedido a casa, adaptándolo a nuestra salud para que la sanidad funcione y no gastemos mucho, que seremos plaga los ancianos del baby boom de los sesenta -ya entonces- calzando pañales.                                                                                                          Eso si no tenemos que pedir disculpas por vivir demasiado y cobrar pensiones que nos paguen esos que ahora duermen en el bartoleo de institutos fugados y trabajos precarios. Qué será de nosotros si los que echan a personas en los contenedores -porque pueden ,entre risas aplatanadas- prosperan y se hacen dirigentes. Qué será lo que nos guarde de los que piden perdón, cuando la puya nos rezuma-aún- sangre.                                                Estamos muy perdidos en nuestra rueda infinita, pagando plazos de cosas que son tan perecederas como nosotros mismos, pobres animales que todavía esperamos la vuelta de los dioses que nos abandonaron porque nunca nos pusieron nombre, ni nos rellenaron la cartilla de vacunaciones.

PROTOCOLO


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La mujer que han asesinado en los Pajaritos no es un caso más de violencia de género, sino que parecía predestinada a ser sparring de un condenado por apuñalamiento.                 Fue su hijo mayor –el de doce- el que llamó a Emergencias para decirles que a su madre la habían matado en el rellano de las escaleras.                                                                                   Este hijo que ahora ha hecho activarse los Protocolos de Menores, porque su padre biológico- que no era el presunto- está en la cárcel pagando penas de agresiones y malos tratos.                                                                                                                                                          La mujer lo tenía claro, en su vida no entraba nadie limpio de polvo y paja, ni que la quisiese para otra cosa que pegarla.                                                                                                          La han matado porque la Muerte la esperaba en el rellano de la escalera y todos sabemos la paciencia que tiene la calva.                                                                                        Era ella u otra, tampoco la hacía temer no tener caza fresca, porque el presunto había sido denunciado por cuatro ex compañeras sentimentales a las que le daba- a placer- lo que antes se llamaba ”mala vida”·.                                                                                                                     Te da que pensar porque hay muchos que dicen que la violencia de género( las muertes que conlleva) no tiene que ver nada con el machismo, pero vemos- y nos duele- cuando entendemos que este presunto,  mujer que conocía , mujer que maltrataba, hasta que ha matado a la última que tuvo la desgracia de no darle pasaporte antes que él a ella. Porque son buscadores incansable de mujeres fracturadas, heridas en su orgullo y minusvaloradas.                                                                                                                          Alguien las uso de sparring y bajaron la cabeza, asumieron que ese era su rol en la vida , como si alguien pudiera nacer para ser machacada a palos.                                                                        Luego se activan los protocolos y los de la Local estaban avisados porque el que estaba- y está- a buen recaudo en la cárcel tenía una orden de alejamiento, pero el nuevo no, no de esta pareja, aunque sí había denuncias previas.                                                               Debían de estar hartos de oírla denunciar, como si fuera la telenovela del barrio, siempre la misma mujer con el mismo problema, como si la vida se hiciera bucle y se estancara en una imagen imperfecta de un mamón dando una bofetada y una madre, recibiéndola. Los críos (de doce y nueve) deben estar muy asustados, heridos en su equilibrio vital, desolados y rotos, habiendo visto en sus pequeñas vidas tanta violencia continuada. Ahora todo seguirá y el presunto continuara su búsqueda incesante hallando otra Paloma sin paz, a la que desplumar atada a una casa y unos hijos tal vez de otro tan miserable como él mismo.                                                                                                            Lo mismo se ven los dos maltratadores las caras en la trena y se matan a puñaladas. Nunca será justicia carcelaria la que solucione la violencia de género, ni el maltrato, ni el machismo, ni la orfandad de los que menos pueden defenderse. Hay que ir al origen del mal, al menosprecio del boxeador ante un saco de arena, ante el sparring que nació para recibir sus golpes en su mente enferma.

martes, 23 de octubre de 2018

SI TE MUERES EN TU CASA


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Los que nacimos en los 60 vamos de capa caída. Ya no somos la gran esperanza del país, sino que (para lo bueno y lo malo) hemos dado carpetazo.                                          Conozco Directoras de cole de primaria, abogadas, algún fiscal y mucha buena gente trabajando- o en el paro- que ronda la cincuentena sin saber que les quedan un par de telediarios para concurrir a la oferta de viajes del Inmerso.                                          Ahora-los que aún los tenemos- miramos a nuestros padres y creemos que la vida nos será infinita, salvo por  algunos visionarios que sienten que el dolor de rodillas (de por las mañanas) no es sino aviso de que se acerca el invierno.                                                            Cuando tus hijos lucen plumas en vez de irte desplumando, ya puedes decir que la vida te ha doblado como tortilla francesa. No es malo, si no te ves a los 73 siendo portada de periódico porque has aparecido muerta y nadie sabe cómo ha sido.                                                 Los ancianos andan devaluados. Siempre lo estuvieron desde la privacidad, “el casado , casa quiere” y otros lemas consumistas que nos hicieron pasar del clan familiar a la soledad como eslogan de película americana. Ahora todos andamos solos, sin que queramos darnos cuenta.                                                                                                                                       Las parejas ya no son lo que eran y cuando los de esta generación- que sobrevivimos a los coches sin cinturón de seguridad, con más misas sordas que métodos anticonceptivos-desaparezcamos, ya no quedará nada.                                                          Quizás siempre estuvo previsto que nuestro destino fuera la soledad , para estos embriones concebidos en una época en que las guiris iban en bikinis sin que tuviesen la menor idea de a qué se debía su nombre.                                                                                         Nadie conjeturaba nada, ni había tonterías como Internet para -en vez de sacar bocado y pensar o estudiar o ver la cenefas para el próximo jersey de punto- enfrascarte en luchas verbales que no llevan a nada , con insultos de por medio porque alguien ha dicho algo que no te ha gustado.                                                                                                      Nadie sabe qué ha pasado con la anciana de 73 que se ha encontrado muerta , pero no es la primera, ni tampoco será la última en un trasiego maldito donde lo que no nos sirve -en su inmediatez- es fácilmente apartado.                                                                                        No nos son útiles la depresión, ni la tristeza, ni el desatino. Sí la juerga,  el comer, la jodienda y la apariencia. Estamos volando sin avioneta, en círculos concéntricos cada vez más bajos y allí -en el suelo- esperándonos, ya alguien ha cavado una tumba con nuestro nombre.                                                                                                                  Nuestros dioses nos han abandonado porque se hicieron viejos y murieron de tedio y oscurantismo en un geriátrico municipal, con alentadoras jovencitas de mofletes sonrosados que los sacaban a pasear en sillitas de ruedas por una módica sonrisa. Nuestra semilla se esparce por la Tierra en pequeños o grandes pies, pisadas extrañas de gente a los que rozamos cada día regalándoles nuestras epiteliales.                                        Frotarán nuestro cuerpo y no podremos quejarnos, nos moverán deseando el descanso que da la juventud, los planes y las ideas renovadoras que nacieron tan viejas como esta Tierra que nos protege y acuna aunque la odiemos.                                                              Porque nacimos oxidándonos , en aquel primer chillido, nunca llanto sino exaltación de la vida que lo es todo. Aquellos que fuimos llamados el baby boom, ahora vegetamos en despachos con aire acondicionado que lame toneladas de polvo rancio. Miramos por balcones que dan a calles que no transitamos, rompemos esquemas que seguirán igual de inalterados. Pasaremos como ellos pasaron y los que vendrán también pasarán , sin darse cuenta de que es una rueda infinita que nos diluye por gusto de vernos consumidos. No es mala venganza- tan silenciosa, tan ufana - vernos convertidos en cenizas inocuas cuando en vida fuimos libros, risas y llanto. Epiteliales de aspecto inofensivo vagando por el espacio. Colonizando nuevos mundo y sobre todo, soñando.