domingo, 8 de octubre de 2017

RETOMA

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Las aguas andan revueltas, no tengo yo que decírselo. Pero andan siempre, solo que a veces no las vemos desde nuestra ventana.                                                                                Siguen habiendo refugiados, pateras que naufragan y guerras silenciosas que no son retransmitidas porque han perdido fuelle.                                                                                       Es como el duelo, sigue estando ahí solo que a nadie le importa más que al doliente.                 La vida nos impulsa a seguir hasta ese momento en que nos vencemos y caemos eslorados como el “Vaporcito del Puerto” contra el Muelle de Cádiz.                                             Sigue ese machismo silencioso que mata a pasos contados, ese que quiere que te limites a lo mínimo y dependas de él hasta para hacer puñetas.                                                            Los “tocamientos” del sobón del autobús ahora se han perfeccionado porque las redes protegen a los acosadores aunque los policías vigilen como halcones.                                              La vida es rala y no siempre cuerda, nos cuesta dar pedaladas. Quizás por eso nos asombre tanto que a unos pocos- envalentonados- les valga más el “yo” que el “todos” para bailarse una sardana. Es política superior de  clase avanzada sin diplomáticos al uso sino vociferantes que desbaratan voluntades y hacen que se tema por todo cuando antes solo nos asustaba la desesperanza.                                                                                   Siempre andan las aguas revueltas solo que ahora las vemos como- en las marejadas –bailando salsa en nuestras costas poniéndole ya el palio a la Virgen de la Palma para que no nos inunde las casas la derivada, ni nos mate las macetas de mariguana.                        Mientras empapelamos los pasos para reconducir a unos niños que ya lucen vellos incipientes bajo las nasales. Niñas que perfuman botones mamarios. Pensamos en los ruines que los esperan a la puerta del Instituto encogiéndosenos las ganas , sabiéndonos idiotas por procrear cuando había tanta vida y libertad aguardándonos. Pero eran las hormonas  las que nos guiaban, esa mismas que lo mismo disfruta Puigdemont rebozado de poder y gloria . Riña de pasillos de instituto que ha llegado al Director porque los padres han hecho denuncias y los peones se han movido y las cuentas del Ampa se han ido a otro Instituto más pacífico donde prosperar porque éste – creen que- se convertirá en un gueto.                                                                                                                                La vida gusta de vicisitudes, de cambios y de tropelías, de gente ahogada sin edad con ojos vidriosos de tanto llanto acumulado. Nadie piensa que lo mismo la sal del mar viene de tantas lágrimas vertidas en sus costas, en las llagas de su espuma blanquecina. Nadie piensa en nadie cuando la trifulca está en marcha,  cuando el muerto está cremado y cuando la viuda es un mar de emociones poniendo cara de póker para que sus hijos avancen sin lacra. No soy de vaticinar , pero creo que las aguas se reconducirán a su cauce hasta un tiempo en que todo vuelva a moverse como las mareas, las fases lunares y los ermitaños perezosos buscando otra concha donde esconder su fealdad  porque han evolucionado y en la vieja ya no caben. Lo mismo este ermitaño pasará de enconcharse buscando más bien simbiontes que la recubran, como esponjas y algas calcáreas. O bien  como los litótidos vivirá sin protección abdominal escondida entre las rocas. Se pueden ver muy bien las aguas revueltas desde una atalaya o  desde el azul cristalino de los fondos subterráneos con la silueta amañada de la quilla y la roda de las pateras transitando. Espuma blanquecina revuelta de flequillo por las motos tripuladas que entregan carnaza morena en playas solitarias. Luego las plantas de los pies vuelan cargadas de esperanza, mientras las aguas revueltas esperan troquel de tiempo, vaivenes de aspavientos, roces de sobón al uso e Instituto plebeyo que no hay como un Rey para cerrar una ecuación que se eleva al cubo. Nada como un Vapor estrellándose contra un Muelle por hartazgo de trasiegos, por levantes interminables y pasajeros que miran hacia otra parte. 

viernes, 6 de octubre de 2017

MOVIMIENTO DE AGUAS

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Las medusas no pueden vivir en aguas estáticas. Tampoco sobreviven a las burbujas.    Si lo piensan un poco a eso se reduce la tesis Piqué. Para mantenerse a flote hay que ejecutar el arte de birlibirloque. No hay que olvidar que vivimos conectados y que está muy bien abrir la boca para decir lo que nos dé la gana, pero no perder seguidores porque al final se traducen en dinero.                                                                                                                       Caixa y Sabadell se tienen que estar acordando de la genética de Puigdemont porque les están pelando las barbas que no hay como la inestabilidad y los saltos malabares para jorobar las cuentas. Al fin- créanme- nos afectará a todos que somos Economía galopante y pagadores de platos rotos.                                                                                       Miren que he intentado soslayar el tema que saben que soy más de pie de calle, pero no me gusta que me toquen los euros que son batidos de chocolate y pan tierno del desayuno de antes del colegio.                                                                                                    No sé si saben que en la Bahía tenemos una medusa sui generis con pedigrí gaditano como los bancos de la Plaza Mina con el Barrunto o los bajos de la Caleta resguardo de invisibles refugiados.                                                                                                                  Aquí no entendemos mucho lo de Cataluña porque los vemos lejos, lo más-algunos pocos- ponen banderitas muy chicas en los balconcillos o ventanas que dan a la calle. No somos muy de nada más que de juerga y buen comer, pero sí que entendemos que las medusas nos pican por mucho que tengan pedigrí gaditano porque los fenicios no nos legaron más que tumbas y piedra quieta, no exoesqueletos. Por lo tanto lo de Cataluña nos afecta por mucho que quitemos la voz de la televisión cuando los vemos pelarse como niños en patio de colegio porque nos aburren hasta la saciedad. Les inculcamos a los niños que discutan los problemas, hay incluso mediadores escolares que pactan las condiciones para que haya concordia y armonía, pero en el ámbito nacional somos una pifia porque ni siquiera nos ponemos de acuerdo en qué es lo que pasa. Ya apretujamos los dientes cuando los ingleses nos jorobaron con el brexit que estremeció a la bolsa afectándonos a nosotros que pagamos el pan sin poder escaparnos. Ahora no sabemos lo que pasará y eso es aún más malo porque no podemos irnos para que no nos afecte, porque como un virus Z está por todas partes.                                                Sé que esto se circunscribe al dinero, no hay otra. Alguien se está –ya- tocando los bolsillos para hacer sitio, pero a los que vamos a dos patas por la vida creo que nos la van a hacer pagar como siempre, como cuando los bancos daban las hipotecas a dos cuartos y luego las pagamos entre todos porque nos “rescataron”. Ojalá se pudiera parar esta Tierra para bajarnos de ella, pero me temo que nos tocará mirar por el cristal las medusas sin pedigrí gaditano que no pueden vivir en aguas sin movimiento, pero que tampoco pueden hacerlo con burbujas. 

lunes, 2 de octubre de 2017

HEREDEROS

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Siempre creímos que serían las cucarachas las que heredarían la Tierra. Por qué no , si son –al parecer- indestructibles aún con radiación en el ambiente.                                        En Cádiz las palomas han puesto el ranking de la supervivencia más alto a su favor, dejando lastrados a los insectos.                                                                                                                   Sabíamos – hasta ahora- que los edificios abandonados eran reducto de desheredados que buscaban un techo con que cubrir sus cabezas. También que  los stock  inmobiliarios- de los que los bancos no podían deshacerse- campaban inalterables entre la jungla urbana. Pero en la Tacita sabemos que los indigentes prefieren cobijarse bajo puentes y en casapuertas recogidas que en mamotretos ladrilleros, así que son las palomas las que habitan un edificio abandonado – propiedad del Santander-habiéndose convertido allí en plaga.                                                                                                     Judicialmente todo tarda muchísimo así que el edificio asentado en la Barriada de Segunda Aguada –a la espera de ser adjudicado-anda inundado de palomas incordiando a los habitantes colaterales.                                                                                                                                      No es extraño porque son insanas a más poder por mucho que Noé las escogiera como emisarias de buenas nuevas o Picasso las pintase para un cartel intentando impedir que hubiera más guerras en 1949.                                                                                       Antes del cristianismo- y de Picasso- ya las palomas lo petaban, siendo Afrodita( nada menos )quien las tenía como mascota. La verdad es que también tenía almejas, delfines y anémonas esa diosa de gustos tan diversos.                                                                       El problema real de las palomas es el asentamiento y la defecación que pueden transmitir entre otras la neumonía, la hepatitis o diversas afecciones cerebrales, así que imagínense el chollo de tenerlas cerca.  Están los piensos esterilizantes que las recogen en su número sin que se multipliquen a su antojo. Después los coches, las ratas, las patadas de bestias y los accidentes fortuitos hacen los suyo. Lo malo del invento es que elimina a los gorriones que están en decadencia. No tengo ni idea de por qué Picasso escogería un animal tan desastroso, más que por su estética de ojos de cierva enamorada con alas. A mí que soy muy de animales no me ha dado nunca por ellas, supongo que por la convivencia obligada de años de paseante de la Plaza España viéndolas posarse – piojosas perdidas- sobre las cabezas de incautos angelitos. Ya les digo que siempre me dieron dentera como los reptiles, los insectos y por supuesto las ratas. Sé que hay algunos que son también símbolo de buena suerte además de ser culturales las fobias o filias que nos acarrean, pero ya les digo que los que tiene que convivir forzosamente con ella- que no está la vivienda hoy día como cambiazos- tienen mi absoluta comprensión y apoyo.                                                                                                                                        Supongo que nadie heredará la Tierra cuando los dictadores rijosos se metan cañonazos de puchero adobados de fantochería y estupidez a raudales. Quizás por estos nuevos tiempos -tan afines al 49 cuando intelectuales de medio mundo se reunieron para que nunca más hubiera una guerra mundial-las palomas nos toman como refugio anidando en los esqueletos de la crisis económica que no es sino embrión de muchos conflictos y desigualdades. No sería raro escuchando los arrullos que nos empapásemos de política internacional más que en cualquier debate de la Sexta, porque muy limpias no serán pero de seguro están en el aire junto con tierra de maceta ventolera y chismorreos vecinales. Lástima de pasado glorioso -que como el de la Bahía- se diluye en los mares azules, los trasatlánticos de lujo que arriban de costado y las familias de apellidos ilustres. Pobres palomas sin paz que se precie, sin pienso que multiplique los panes y los peces, sino que lastre las ansias amatorias, los arrullos , los idilios de película en cinemascope, sin first dates de raritos queriendo batir récor de audiencias. Pobre Afrodita tan vapuleada por ser moza de buen ver y libre de ataduras, griega e ibérica de mañas con padre opresivo y mascota mansa.

viernes, 29 de septiembre de 2017

ROBOTS

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No sé si han ido a pedir cita al ambulatorio, pero es de risa. Me hacía falta una radiografía y la máquina estaba averiada. “Llame a este teléfono y ya le diremos cuándo puede venir a pedir cita” me vinieron a decir, a modo de réplica a mi cara alucinada.               La vida es más fácil cuando estamos conectados. No hablo de la pirada que está las 24 horas encariñándose con los de GH sino de la normalidad  de poder  pedir cita médica vía internet y que te la den sin hacerte ir varias veces a una oficina. Tampoco estaría mal ver a tu médico por skype y no tener que hacer piernas. O que te mandaran las medicinas directamente desde la farmacia- una vez prescritas informáticamente-  vía dron. Eso mejoraría la vida de muchos enfermos y sobre todo de cuidadores agotados.    Pero hay mucho escéptico que dice que eso quita trabajo. Como con las gasolineras nuevas- que no sé si ya las han catado- en las que te sirves tu diesel sin que haya nadie para incordiarte o limpiarte las ventanillas. Tampoco – es verdad-nadie te ayuda si te hace falta algo como saber por dónde se le mete el aceite al coche, ni con esos recurrentes lavabos que en los viajes infinitos hacen evacuarse la fatiga y el cansancio a golpe de vejiga desocupada.                                                                                                                       La rutina está cambiando ante nuestras narices y no les puedo decir que me disguste. Internet es una herramienta que usada bien da para mucho, porque te permite independencia. Para los introvertidos- como yo misma- te da la facilidad de no tener que interactuar con demasiada gente.                                                                                               En un futuro muy cercano – créanme-nos cuidarán los robots, no sé si humanizados en su aspecto, pero seguro que incansables porque tendrán autonomía ilimitada y fortaleza para levantarnos y asearnos. Lo mismo – los que tengamos ahorrillos- nos compraremos un exoesqueleto a modo de viejo rico de Prometheus.                                                                        Lo ideal sería tener una vejez digna con la que podernos ir a hacer unas puñetas al otro barrio cuando nos diera la gana, pero ya les digo yo que esa cuita va para largo porque la muerte libremente asignada en propiedad -en este país- está maldita.                                    Como les decía nuestra realidad va cambiando, si se dan cuenta sobre todo para ganar fortunas que es el origen de todo avance o ruptura. Cuando soplan vientos de cambios con presidentes altivos que solo insuflan su ego a modo de niños de cinco años, los paseantes seguimos esperando milagros como que las mareas se abran evitando ahogados o que las traslaciones migratorias solo sean para guiris ricos y aburridos.               No sé si ustedes querrían vivir cien años peleándose con su cuerpo, viendo cómo se pliegan sus deseos a lo mínimo. Pero igual nos renuevan con piezas de titanio, nos cambian la piel y los cartílagos por otros elaborados en un laboratorio. No sé si quiero vivir cien años sin Sombra que me mime, ni sol que me guarde por mucho que la ciencia avance y mi cuerpo aguante.

lunes, 25 de septiembre de 2017

MALOS AL VOLANTE

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No es la norma, es su incumplimiento el que determina que solo por poco más de 2000 euros puedas llevarte la vida de una persona. Si le metes sacas de puñaladas vas a chirona, pero si te saltas un paso de peatones solo será condenado a pagar una multa. “El Mangui”- torero retirado- atropelló mortalmente a Gertrudis Jiménez de 79 desplazándola más de cinco metros.                                                                                      Dice la sentencia que no iba bebido, pero sí distraído porque ni se percató de que la anciana iba pasando, ni reaccionó para frenar en el acto el Touran que cabalgaba.               Por ello se rebaja la pena al “Mangui” al haber padecido- dos años antes- un ictus cerebral que le impedía actuar con la suficiente diligencia.                                             Me da miedo esto, se lo confieso. Cuando pongo los pies en el coche, cuando me ajusto el cinturón, cuando pongo el retrovisor en su sitio- y las caras de los míos se reflejan en la luna- siento un intenso miedo.                                                                                                Los coches destrozados, los quitamiedos abatidos en los barrancos, las volteretas que empujan a la gente a salir despedidos y los testimonios de los que sobrevivieron a un impacto. Cuando encima llevas en la trasera niños de otros y en una rotonda te pasa un descerebrado -sin sexo que guardar- por la diestra que tienes que tomar- haciendo un revés inverso- ya ni les cuento.                                                                                                       Mi amiga argentina – en esas benditas ocasiones-declama las yuxtaposiciones latinas al ritmo de bachata, mientras yo sonrío – que para eso soy ibérica de magras- como la lagarta de V cuando se zampaba una rata. No es para tomarlo a broma lo sé de sobra , pero díganme qué se puede hacer cuando la justicia no repara lo que el hombre destroza por su imprudencia. Porque nunca es reparable la existencia, ni la cárcel devuelve nada a las familias, tampoco las indemnizaciones por muy cuantiosas que sean, porque la vida libremente vivida es intangible e invaluable. La falta de respeto a los demás y la estulticia son endémicas. Se transmiten de padres a hijos saltándose generaciones, permitiendo que las víctimas cero sean una utópica maravilla difícil de conseguir en este mundo nuestro más interesado en el nuevo Gran Hermano que en los tesoros incalculables de cualquier biblioteca de barriada.                                                                            La gente se droga como antes comulgaba, los jóvenes se lo infiltran en vena y luego pasean borrachera a cuatro ruedas no solo matándose -que ya es necedad -sino reventando al que tiene la mala suerte de ir cerca. Vas pidiendo angelitos- de cualquier color -que le quiten de en medio a ese que llevas delante- que hace eses encurtidas -o al que se salta los cedas el paso o los stops o lo que le echen. Meditas en las estadísticas mientras vas escuchando las risas traseras de los tuyos, tan ajenos a esto que se destila que es que hay alguno a los que les importan los demás una pifia.                                                                           No creo que “el Mangui” esté bien, no por las secuelas del ictus sino por Gertrudis que se le aparecerá mil veces volando por los cielos sin poder hacer nada para salvarla.             Fue un instante que se repetirá en su conciencia infinito, quizás hasta el mismo momento que él muera.                                                                                                                  Por eso los 2000 euros no son pena, ni indemnización la del seguro del coche para sus familiares, porque Gertrudis era autónoma y seguro que gozaba de esa vida que se asienta en barrios altos y bajos de Sanlúcar,  en sus mareas traviesas con guiris nacionales a pie de sombrilla y ese sol a raudales que marca las líneas de cebra, tan intenso que – a veces- ciega el entendimiento.                                                                                     No es la norma quien nos protege, sino el respeto, la empatía hacia la vida de los demás y el sabernos hábiles o no, aptos o no para llevar una escopeta cargada. Porque si no te pones ante un toro ebrio de droga o alcohol,  ni sin las óptimas capacidades físicas o mentales, tampoco deberías hacerlo ante un coche de unas dos toneladas que embiste -como morlaco loco perdido- a las Gertrudis que pasean su alma a pisadas. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

MAMÁ-TAXI

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Empezó el curso escolar transmutando el colegio porque las veteranas ya aspiramos salidas, mientras las iniciadas presentan proas abultadas en el peregrinaje por preescolares. Pero no es solo el colegio el que vulnera nuestro horario de independencia, sino las extraescolares que nos llevan a hacer kilómetros sacando a los niños a paseo. No llevamos solo a los nuestros sino que apañamos viajes engrosando las filas y apretando sillones para que quepan los máximos permitidos en ese corto espacio. En la niñez de mi amigo Evaristo Cantero- relatada magistralmente por él en nuestros albores de Derecho-su abuela Pilar acompasaba la tranquila conducción de su abuelo Manolo con Padrenuestros y Avemarías, mientras reñía a los nietos que -desde los asientos traseros -iban dando morcilla en barra. Era Doña Pilar majestuosa matrona, maña ella, de belleza -heredada por las hijas- inolvidable y cercana. El abuelo era pan bendito, bueno hasta la médula con los ojos más risueños y bondadosos que hubiera. En semblanza a aquellos viajes- desgraciadamente sin abuelo que me vele- yo (que aún no soy abuela) me persigno en silencio cada vez que escucho atrás risas y suspiros porque ya vislumbro la adolescencia, el acné y lo que ello conlleva. Ahora somos madres de muchos menesteres, tantos que se nos disipa el día y nos enturbia la noche el querer ser meritorias para tantas labores como nos metemos en vena. Las extraescolares lo son…El inglés, las matemáticas, ahora el francés y como no los deportes, que en el caso de los míos consiste en meter canasta para gloria de los que dominamos gradas como gavilanes, plegadas las alas cuando los críos pierden. Hay aficiones y aficionados, padres y madres de quita y pon y los de siempre -de ley- como los abuelos de Evaristo. No llegan mis magras para sacarme el carnet de madre estrella que tienen conocidas mías que llevan a la prole – desde el Puerto- a Cádiz para que estudien idiomas, música, o ballet. No llego ni mucho menos a aquellos que combinan con más familia el llevar- varios días a la semana- a la prole de Sanlúcar a Cádiz para que juegue al futbol o del Puerto a Cádiz para que lo haga en el Gades o de san Fernando a Sevilla para que disfrute en el Betis. Somos de la mejor calaña, porque pensamos que estas criaturitas- en ese mañana que nadie ve- nos apuntarán con el dedo acusador diciéndonos que ellos nos son Joaquín o la Paz Padilla porque no pusimos de nuestra parte. Mientras elucubramos batallitas que contar a los amigos, vaticinamos hipotéticos resultados y nos hacemos amigachos de las aficiones contrarias porque hay muy buena gente solo intentar ver que los deportes son educación y vida combinadas. Al final te vas a casa con lo importante, que son tus hijos, sus sudores, los abrazos- dados o no- y esas miradas cómplices que el entrenador detesta- echadas  a hurtadillas- desde la pista hacia la grada donde mamá-taxi asienta sus enormes esperanzas.

lunes, 18 de septiembre de 2017

AGUAS VENIALES

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Los futuros universitarios no quieren ser empresarios. No me extraña, solo decanta sensatez la decisión, porque díganme quién querría jugársela de por vida.                           Miramos las noticias y vemos empresariado- enrejado- que pactaba con politicuchos que les llenaban bolsillos, al lado de gente que se dobla las espaldas para pelear contra grandes superficies sin nunca ganar la batalla.                                                                                    Los niños de dieciocho -que quieren estudiar- buscan soluciones de futuro. Deberían  estar mejor informados, no sobre los diferentes grados, sino sobre cuántas plazas se solicitarán en años venideros de determinadas profesiones para justamente cuando ellos terminen su carrera.                                                                                                        Hablando un día con mi podólogo me explicaba que a ellos les inflaron las estadísticas sobre cómo Sanidad los absorbería para después quedarse con dos manos y un currículo buscando trabajo en Australia.                                                                                                   El inglés es otra mecha corta que nos separa porque ahora se mete en vena a los infantes , pero para los de mi generación- que son los empresarios actuales- se nos quedó la chistera achatada dándose más importancia a la asignatura de religión que a la de inglés. Eso cuando la impartían,  porque en mi colegio- valga el ejemplo- se nos inculcó el francés que ahora sí que se enseña en infantil desde hace un año y también en secundaria, pero que a modo de salida de expediente -vía trabajo- no se valora casi nada.                                                                                                                                            Se nos pasó la moda de los ingenieros en Alemania y aún colea la de los sanitarios, porque seremos los cuidadores de esos guiris que mientras se tengan de pie y puedan valerse les serviremos como camareros,  para luego limpiarles las aguas veniales solo se postren indefensos en un geriátrico. Es triste lo sé, pero realista. Por eso a los niños hay que serles muy francos, sobre todo cuando las posibilidades son escasas y nos cuesta un riñón tenerlos convenientemente preparados. Hay mucho majadero que ve más cool estudiar un grado del que no hay salidas ni caminando para atrás, que hacer galas en FP porque no sé por qué motivo estrambótico hay quien no la pisa ni loco. FP se ha remasterizado, pero aun  así hay gente que se mete a perder cuatro años de su vida en estudiar arameo para declinarlo sirviendo cubatas en una discoteca. No crean que los critico que yo estudié derecho y miren como tecleo, al modo de Ramón Corrales que decía que era mejor entrar en cualquier carrera que ya después cada uno encontraba su camino. Es cierto, lo importante es prepararte pero si lo haces con cabeza, miel sobre hojuelas. Por eso ni veo mal- ni desafortunado- que los que salen de Selectividad- y puedan- escojan no solo Sanidad sino cualquier grado que les lleve a hacerse con un trabajo del Estado, sea cual sea. A mí los funcionarios me molan como estilo de vida más que los empresarios, quizás porque soy un eslabón perdido en esa cadena invisible que ligaba a los de mi familia con los negocios. Pero también pinta mucho en la ecuación haberlos visto pasarlas canutas, saber que hay que dar alma y vida en una profesión que solo unos pocos entienden porque la han mamado desde dentro. Los horarios son jornadas intensas si quieres preservarte,  porque poner un negocio y quitarlo en dos días no es opción adecuada más que para quedarte soplándote las manos embargado hasta las cejas. Son malos tiempos para el tejido empresarial, pero entiendo que quien no arriesga no gana, que siempre habrá como mi bisabuelo- mi abuelo y mi padre -quien quiera y valga para ello, solo que yo tecleo con funcionarial eficiencia en horarios aceptables para conciliar vida familiar, con jefes sin rostro -ni voces altivas- cuando el producto que vendes no llega a tiempo. He visto caer en la senda que lleva al colegio muchas ilusiones, también veo permanecer negocios que se integran en nuestra vida como vertebras que la sustentan. Lo mismo lo que los diferencia es la preparación y la planificación. Lo mismo la inteligencia de saber tomar bien, la decisión correcta.