domingo, 2 de julio de 2017

WONDER WOMAN

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A estas alturas ya estamos curadas de espanto. Hemos currado el curso escolar y ahora los tenemos en la chepa. Los vivimos como si fuera propia piel, no sé muy bien si porque nuestra propia vida es miserable o porque nos importa un haba.                                  A un par de  colegios sevillanos les han puesto cuantiosas multas por superar el nivel de ruidos permitidos por los partidos de los críos, pero nosotras sabemos- de primera mano - que si no hay ruido no hay vida, sordas perdidas por los gritos que le damos a nuestra prole cuando hacen magia deportiva en las canchas.                                                                                             No importa la edad que tengan porque sufrimos igual por un cólico del lactante que por una muñeca dislocada en plena ferocidad de encontronazo en campeonatos provinciales. Da igual que les den por las ciencias, que nos maten de indignación por las repeticiones de curso  o que vayamos tras ellos en peregrinación por los deportes, porque seguimos deschancletadas y prestas como las fanáticas que somos sentadas a la puerta del Centro, tomando el cafelito con las amigas o en las gradas adornadas con los tambores de guerra.                                                                                                                                     No tenemos afanes más que los de ellos, ni futuro más que verlos brillar en la sandez más grande que se propongan.                                                                                                 Llega un momento que se te despegan porque tienen sus propios amigos y solo sirves de transportista sin el morbo de la película del tío bueno, pero sí con la preocupación de “qué irán a hacer esos pencos”.                                                                                             No descansas nunca más que cuando lo tienes dentro, nueve meses aletargados y babosos, de muchas cuestiones que te corroen el pensamiento con venas que se van ensanchando para darte riego a un corazón que irá a mil por hora a partir de su nacimiento.                                                                                                                   Siempre me acuerdo de Amparo Butrón cuando decía que lo queríamos todo porque no éramos como nuestras madres que se afanaban en ser ellas mismas como les habían enseñado en catecismos, rezos y adoctrinamiento de mesa camilla.                                   Nosotros somos mujeres maravillas que quieren un fututo propio porque somos maestras o abogadas o limpiadoras de casas ajenas, arremangadas para que otras trabajen a jornada completa sacándole los colores ingratos de los rincones.                                 Pero es más, también somos consoladoras de ellos que nos acompañan en la cama, que no son sino niños pequeños que vienen con penas adultas que ya no pueden contar a sus madres, que se han convertido en suegras y muchas de las veces nos empalman las ganas porque no somos lo suficientemente maravillosas para tal prodigio de hombre.                No nos pesa la memoria en entender que lo mismo seremos ellas en un futuro, criticadoras en despiece , vividoras de vidas ajenas atadas a un visillo y una reja con bastones o muletas.                                                                                                                                     Nunca hemos llevado capa pero sí corsé o ajustatorio porque pasaron los ochenta y ya las vainas de las lunas pectorales van mejor amarradas al torso que bailando la salsa de la libertad sin tregua. No nos hemos hecho más que a puñaladas traperas, a sortear hombres que eran neandertales y ahora casposillos que se dan de liberales pero que si les rascas -como a la Venus de Milo- encuentras no mármol , sino marmolillo del ladrillero.                                                                                                                             Hemos acabado el curso escolar a un lado u otro de la pizarra, pero aún nos queda todo el verano porque somos -además de maravillosas- infinitamente pacientes y bordamos barbacoas familiares, fiestas de cumpleaños atrasadas, piscinas colegueras y nocturnidades con niños a porrillón.                                                                                              No tenemos desperdicio ni en nuestros andares y no engordamos sino que engrosamos calidades, desperdigando nuestro garbo por doquier donde vayan ellos que nos parten el alma desde que aquel día de nacidos en que la episiotomía abrió carne para regalarles a ellos tiempo.

viernes, 30 de junio de 2017

FURIA GADITANA

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Es curioso que ni el paro, ni los chancleteos nos muevan las caderas a los gaditan@s, pero eso sí la realidad cotidiana de la tolerancia se nos va de las manos. No temo que me clasifiquen de Kichera porque no gasto. Lo que sí les diré-como buena gaditana- es lo que mis redactores me permitan.                                                                                                        El respeto, la igualdad y sobre todo la educación está siempre sobrevalorada. Si no fíjense en cualquier tema, violencia de género por no ir más lejos, o – dada la época- éste tan cacareado ahora mismo de la igualdad de derechos.                                                           Los derechos son para todos, lo que pasa es que no los procesamos. Como hetero asimilada y rediviva sé de lo que les hablo porque no solo nos metemos en camisa de once varas, sino que además nos las damos de algo por creernos más que preparados para ponernos en la piel de otros solo por tener la mera decencia de saber dónde acaba nuestro ego y donde empieza el debido respeto a la vida de los demás.                                  En una ludoteca gaditana se ha hablado de la igualdad de derechos, de las diferentes identidades y géneros y se ha armado parda porque el locutorio era infantil y gratuito. No sé a qué edad se enseña la tolerancia, ni la educación que debería ser en vía de teta materna, pero sí sé lo que pasa cuando ésta se evade, porque comienzan los chistes rancios, las amenazas, y luego las agresiones y los asesinatos.                                                          La libertad y la igualdad que van de la mano, reciben tantos palos que van vestidas de luto para que no se les note. Como les digo creo fundamentalmente en la libertad de enseñarles a tus hijos lo que te dé la gana y esté dentro de la ley, en cuidarlos, en educarlos e incluso – ya ven- en darles tus falsos ídolos de barro. También creo que esta máxima debe aplicarse a las instituciones sobre todo cuando las pagamos todos los ciudadanos con nuestros impuestos. Pero en lo que creo por encima de todas las cosas es en que hay que saber guardar el paso y leer las programaciones y tener la mente abierta para que pase un resquicio de aire, que también es idolatría porque sé que hay magnanimidades a las que ni el viento de levante mesaría los cabellos bajo los que se esconden tantos prejuicios. A los niños de la ludoteca no les hace falta saber la diferencia entre un gay, una lesbiana o un transexual, solo que sus dos padres los recojan de la mano con normalidad o que su tía- o su abuela hagan- lo mismo con su mujer. También que cuando quieran- si no les gusta el cuerpo con el que han nacido- transmuten, sin grandes operetas sino con normalidad que para eso está la ética, los buenos sentimientos y la máxima de que los niños son lo primero. Nadie puede serlo sin que le traten con respeto. Es lo bueno de la libertad, de la tolerancia y la igualdad que salen de paseo a poco que las invites a ello.

martes, 27 de junio de 2017

FINALES FELICES

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La mujer de sesenta que fue agredida por un utrerano de 23, llevará dobles férulas porque le ha roto las dos muñecas. No es un final feliz porque no existen, ni la justicia repara lo que está definitivamente machacado.                                                                                                    Se nos muere la esperanza a cachos enormes, porque nos desangramos en esta vida que no es más que un patear incesantemente.                                                                            El utrerano probará la trena y ella se dolerá- quizás de por vida- de esas roturas que dejan huella.                                                                                                                                   Debe ser que nos pasa factura el final del colegio amargándonos  de igual modo que nos alivia.                                                                                                                                          Al no ser profesores, los padres que sufrimos de hijos menores no vemos la ventaja en un verano que nos agrieta las horas teniendo que hacer lo mismo que hacíamos mientras ellos estaban en el colegio, pero ahora además con ellos de actividades presentes. Buscamos soluciones. Por ello a la puerta de los colegios- solo es llegar primeros de junio -ya nos ofrecen desde cursos de pastelerías infantiles hasta enseñarles a ser los científicos del futuro.                                                                                                           Nunca llego al punto de saber si lo que buscamos es tener niños perfectos o quizás quitárnoslos de en medio. No me aclaro- se lo confieso- si cuando los padres chillan como una sola voz primitiva en un partido de baloncesto es porque desean que sus hijos ganen o para que los otros pierdan.                                                                                     Tampoco voy muy allá de esas amistades de banquillo, esas cenas y barbacoas que se gestan como uñas y carne que luego se volatilizan solo los niños suben a otra categoría o cambian de primaria a secundaria.                                                                                               No soy mucho de temporalidades, más bien de décadas necesarias, porque todo me cuesta. Abrirme y cerrar puertas, ser auténtica.                                                                       Me falta tiempo para ser yo misma, porque lo secundario abunda y las horas se te van en llevarlos a colegios y extraescolares, en hacerlos mayores para que te dejen tirada.            No es que quiera tenerlos atados a mi yugo, ni ser futura carga, es solo que la vida me altera porque ella sí que hace lo que le viene la gana.                                                                       Este ha sido un año difícil que comenzó en mayo del pasado cortándome la yugular y dejándome con la corbata colombiana al viento. Inició con dolor amortiguado por las vacaciones anticipadas, que no lo fueron …Los niños a su manera y yo doblándome por las esquinas. Pasamos a un principio de curso que se nos hizo eterno, cuando nunca nos había costado nada.  Al fin hemos acabado, pero no lo parece porque no somos los mismos que cuando lo empezamos.                                                                                            No tengo -como otras veces- el aliento ya salado por la proximidad de la arena de playa, ni el viento de levante presente en la mirada. No me cogen por la mano para que no salga volando, porque hundo mis plantas en la miseria más oscura.                                              No sé bien si el rugido que sale de las gargantas de los padres cuando los niños se la juegan en la cancha es animal o tan ancestral que se pierde en la memoria de los tiempos. Pero da miedo. Como las amistades cotidianas, como la verbalización que nos impregna el cuerpo cuando pasan los meses y nos deshacemos en esta vida que es tan perra.                                                                                                                                        Un utrerano ha partido las dos muñecas a una mujer de sesenta, como Mayka,  que ya no leerá, ni bailará, ni vivirá para siempre. Como los veranos que se inician para morir al sol, en una playa con vigilantes apalabrados. Como nosotros que  sin conocemos somos tan afines que nos buscamos en párrafos sueltos, en iguales inquietudes, en tristezas que son verdades y nos nutren más que los juicios ganados de la Esteban o una fábrica inagotable de tonterías. Somos almas parejas, que aún no han llegado a conocerse, rulando en un mundo que gira para marearnos y hacernos perder el equilibrio. Pero juntos prevaleceremos .

viernes, 23 de junio de 2017

MAYKA FLORENCIO

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No soy de sepelios, ni de misas de difuntos. Menos ahora que llevo tanto dolor dentro acumulado. Chary Arjonilla ha intentado revenirme a la realidad de que nos hacemos mayores y la vida nos cerca, pero no me he dado cuenta- hasta hoy- de que faltaba una de nosotras.                                                                                                                              Las del cafelito de las Carmelitas entenderán de lo que hablo porque ya han caído compañeras en la uniformidad de un pichi azul y unos zapatos gorilas.                                    Mayka era carne de nuestra carne porque asistía a todas las reuniones, tenía novio con sesenta cumplidos, vestía con elegancia y reía como arrullo de paloma.                       Era mucho de vida plena, ella que lo tuvo tan difícil luego de cruzarse con la polio que estuvo a punto de partirle las alas. Pero peleó como jabata porque eso era. Siempre lo fue como me lo demostró cuando la conocí no sé con cuántos pocos años, aún sin estrenar nada en mi cuerpo.                                                                                                                                    Fue la primera que me hizo ser coqueta, la primera de los primeros sueños, sin cigarrillos, sin novios, solo amistad que no es poco para la niña rara, hija única e introvertida a paladas que siempre he sido.                                                                                                               Fue mi sombra cuando la Sombra aún no estaba ni previsto, acompañante de mil empeños, trasegadora de pasos compartidos. Sobre todo ello,  regaladora de una humanidad desbordante que le revenía por vena heredada directamente de su madre, su padre y su tía María.                                                                                                             Chary Arjonilla también la conocía porque somos almas parejas… mismo colegio, mismas coletas, mismas medias, misma vida.                                                                                 Ella me ha avisado porque estoy alejada de todo, egoísta perdida con mi dolor por bandera, intentando sobrevivir en esta jungla de miserias.                                                                                                                      Mayka no era nada egoísta. Para nada. De hecho, cuando pasados los años tuve noticias de ella me admiré  -no de que tuviera tantas actividades- sino de que fuera tan fuerte, tan preparada, tan autónoma. Puede que algunos la vieran como una persona con discapacidad, pero yo nunca la vi así ni siquiera en los primeros tiempos. Nunca pude, porque la conocí por los tuétanos y esos los tenía revestidos de piedra ostionera.                        La he visto bailar, coquetear y morder con ganas porque no había otra y su carácter tan fuerte era ejemplo para mí que ni bailo, ni coqueteo, ni muerdo. Supongo que el dolor que siento ahora dará paso a recordar lo valiente que fue y lo mucho que luchó por los demás. Ahora no estoy para misas ni para funerales. Estoy demasiado cabreada con la perra de la vida que no la dejó disfrutar de eso que era esencial para ella …respirar y sentir, enfadarse, vibrar y gozar a tope.                                                                          Esa mujer que se hizo a sí misma, cambiando no solo su nombre sino su apariencia. Esa pedazo de mujer que vivía sola por haber perdido a sus padres y a la tía que la crió, pero que se mantenía con el esfuerzo de su trabajo. No quería escribirte este artículo, amiga mía. De verdad que no quería echarte tanto de menos.

lunes, 19 de junio de 2017

REBUJITO FÉRREO

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Si te dedicas al trapicheo de droga para ganarte el condumio, no vas a meterte en vena nada que no sea de lo más puro. Otra cosa sería de tontos que para algo eres el que menea el cotarro.                                                                                                                   Chano ha muerto como había vivido entre rebujitos y cocas aspiradas a saco. Lo han encontrado seco porque se había convidado en firme dándose una manoletina mirando al ruedo. No saben las fuerzas  de seguridad quién heredará su miseria pero sí que morir así no vale la pena.                                                                                                                         Ellos que llevan botas reglamentarias en pies hastiados, que patean asfaltos inflamados de calor y se desloman a lluvias intempestivas, no le ven la chicha a esto de negociar con la muerte a horcajadas. Está bien porque cuando le ven el lado interesado a los euros fáciles transmutan y se convierten en ajenos que no tienen más pulseras que esposas en las manos y ya se sabe cómo acaba un uniformado hospedado en la trena. Los que trafican a pequeña escala son como las farmacias de guardia, abiertos las 24 horas siempre con la mercancía a cuestas.                                                                     Chano se ha quedado bacalao porque estaba destinado a ello, porque probaba su intendencia y hacía maridaje con ella.                                                                                            No sabemos si lo que lo matado , al ser tan puro, tenía el gusto de un beluga o la estirpe de un caballo árabe, pero seguro que lo ha mandado directo al cielo de los desmanes.  Lo mismo llegó de la Línea en una barca de esas rápidas que las patrulleras intentan interceptar y los helicópteros empitonan, para luego atracar en mitad de la playa y emprenderla los costaleros con pedradas a discreción con todo lo que se menee.                     Lo mismo llegó a Sanlúcar y se perfumó de agua de mar azul y malva, dejando en la radial del Chano la marca de las sirenas voraces que quisieron probar la carne de Ulises sin que sus leales las dejaran.                                                                                                                     Quizás solo haya dejado el infierno para comérselo entero con pasaje de primera por haber traficado con tanta desgracia, con tanto enfermo que solo se siente Supermán cuando por su sistema nervioso circula la muerte a grandes dosis.                                     Dirán algunos que quien a hierro mata a rebujito muere , pero ya saben que no soy piadosa -ni beata- así que la muerte del Chano solo me parece otra mueca más de la vida que es perra de sombra largada, afamada por cachondearse de los vivos a los que atormenta hasta que los mata.                                                                                                                       Como soy amiga de imaginar a contraviento, pienso en el Chano llegando al otro lado para dar explicaciones no solo a esos que ayudó a enganchar o a los que proveyó de mierda , sino más bien a aquellos padres y madres a los que mató a puñaladas certeras de hijos descarriados en su casapuerta.                                                                                No son los barrios marginales los que ven nacer a los Chanos, son esos traficantes de rebujitos y cocas a estocadas los que hacen ennegrecer la buena tierra, los que roban en la noche a los niños para sorberles a saco la sangre, los que los malician y alientan. Los que nos dan muerte a plazos contados como de sangrienta hipoteca.                                  Ha muerto un traficante y ya habrá otro sentado a su puerta esperando la clientela, abierto las 24 horas, viajando para reponer la mercancía para dar abastecimiento a las almas atormentadas que no ven en la Metadona una salida de la nada más abyecta. Luego los voluntarios de la Cruz roja- en esas noches de frío en que se hielan las almas- reparten bocadillos y mantas, curan llagas emocionales y donan preservativos, mientras los Chanos de este mundo- ya dinero en mano- se mete el beluga nasal y el caballo árabe más poderoso en la radial tan castigada.                                                                                  No se han dado cuenta  ninguno de que en el dintel de su puerta hay un letrero de bienvenida que pone… “Salud Chano, los que van a morir te saludan”.


HABEAS CORPUS

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Hay un niño en el Macarena de Sevilla. Las lesiones tan graves que sufre la criatura- de solo seis meses- son debidas a sacudidas con violencia como si fuera una maraca de feria.                                                                                                                                      Está médicamente probado por las lesiones en el cráneo, la columna y la retina de los ojos.                                                                                                                                    Sus padres son conocidos de la justicia, jóvenes en extremo, él colombiano y ella española. No sabemos dónde lo gestaron, pero sí que ella salió de la trena con bombo de cinco meses. Nació prematuro a los siete y pudo haber tenido suerte porque Servicios sociales- dados sus antecedentes- le podían haber tutelado, buscándole una buena casa de acogida. Pero no, porque siguió con los consanguíneos que se preocuparon, él de enamorarse del móvil de un policía nacional que visitaba a su hijo en el mismo hospital y ella de barrenar las taquillas ajenas en la sala de lactancia de las madres.                           Me imagino que debe ser muy difícil requerir la custodia de este menor pretextando estos datos porque de quién va a aprender mejor que de estos ejemplos humanos de superación y entrega.                                                                                                              No voy a entrar en que al parecer no iban mucho a visitarle a la UCI, porque son cotilleos de barrio donde todos se conocen pero nadie quiere saber nada.                                   Lo que sí les diré es que el niño estaba apalabrado con el Macarena y antes o después iba a encontrarse hospitalizado. Ahora lo tiene crudo en la vida, si es que sobrevive, porque quedará muy tocado, quizás ciego, quizás paralizado por completo. Pero no se preocupen que los padres pidieron prontamente- cuando se vieron el marrón al cuello- “habeas corpus” lo que nos da a entender su mucho conocimiento de los procedimientos judiciales y lo bien que saldrán parados también en éste. Ya solo quedar por saber en qué casilla quedará la basura barrida, quién se comerá la culpa y con quién irá el menor, dado que las vecindonas dicen que la madre lo trataba muy bien y que solo es culpa del padre. Podrían preguntarle a los sanitarios que  lo atendieron en la UCI del Macarena cuando nació prematuro que fueron quienes informaron a servicios sociales para que se hicieran cargo de él, o lo mismo al responsable de control de niño sano al que no acudían los padres en las revisiones obligatorias. Lo mismo deberían preguntarle a los que esperan ser padres -en largas listas- que nunca culminan con el deseado hijo que ya tiene puesta habitación, con cunita y empapelado a juego. Lo mismo a estos biológicos les haría falta pasar los cursos de los que esperan, a los que los llevan a entrevistas y más entrevistas por esa deseada idoneidad, con visita domiciliaria incluida y con informe de su solvencia. Pero claro ellos no tienen la biología de su parte, sino la legalidad, el probar que serán buenos padres y que no sacudirán a un bebe de seis meses cuando tenga un simple cólico de lactante. 

lunes, 12 de junio de 2017

JENARO

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 A mi Jenaro me pone, no como persona sino como personaje. Díganme cómo no podría encandilarme alguien que se inventa su muerte y le sale mal cuando lo cogen en plena pasión húngara.                                                                                                                              Sé que paga pena de prisión por gustarle jugar con lo ajeno, pero lo novelesco se impone como en el caso de Julián Muñoz de paseo por Marbella abriendo zapaterías para la Pantoja.                                                                                                                       Tenemos un país de panderetas políticas, de gente corrupta que solo destina dinero a cuentas opacas y vive extremadamente bien , pero ni fingen muertes ni salen con Reinas de la belleza. Estamos hastiados de Bancos que se esfuman de la noche a la mañana con mensajes del ultramundo económico de habemus quiebra, para que los bajistas se forren los bolsillos vendiendo los despojos del muerto.                                                                             Hay muchos que declararon con amnistía lo que tenían fuera de nuestras fronteras y lo hicieron con menos coste , no solo ya legal sino monetario, que los que siempre pagamos . Ahora sentencias dirán que estuvo mal, pero lo que está hecho, hecho está  y alguien se frotará tan fuerte las manos que le saldrán billetes de quinientos euros.         Por qué no entonces personajes de novela negra como el Tenebroso o Jenaro, o Julián Muñoz o la Campanario no van a ser encandiladores de una sociedad que nos fagocita en la cara.                                                                                                                                                      De lujo se lo podía pasar Jenaro si compartiera sus vivencias en Sálvame. También nosotros si escribiera sus memorias que van desde ese Cádiz contrito, capillista y carnavalero, de Alamedas apocadas apoyadas en barandillas milenarias de piedras y casas de vecinos arrebujadas en miseria. Es perfecto decorado de drama urbano para un triunfador que nació para serlo, de buena cuna y muchas luces. Su mala cabeza lo llevó a paraísos donde muchos esconden pasta, pero él solo se escapaba de la rutina familiar, una mujer y una cotidianidad  que lo mismo le abrumaban. Pasó de niño bien a delincuente primario- en su primera sentencia- y rápidamente a insolvente. De marido dejador de viuda joven a empresario jerezano, consorte de una Reina de belleza sudamericana.                                                                                                                         El Juzgado -en la sentencia que le condenó por primera vez- valoró mucho su falta de arrepentimiento, pero cómo puede arrepentirse alguien de querer empezar de cero, a base de dejar atrás todo lo que te lastra para coger el vuelo directo a una vida brillante, aunque sea a costa del dinero del cuñado y con identidad prestada.  Tampoco es que no se quisiera suicidar por intentar hacerlo con traje de neopreno, es que ya sabemos que las aguas de Zahara son para los guiris que vienen del Norte, como los Stark con alusiones festivas a que se acerca el invierno , no aptas para insignes gaditanos que aún en agosto nos cogemos una mantita aunque estemos a 40 grados a la sombra.                                                      Ahora ha reaparecido en los Juzgados de nuevo, remasterizado, llevado en furgón policial , primero desde Puerto III por los civiles y después traspasado a los nacionales. Se barajan cantidades “perdidas” cercanas al millón de euros , que no sé a ustedes pero a mí me descolocan. Pero se le ve tranquilo, negador de acusaciones.                                                       No creo que el encandilamiento literario se refleje en sus dos mujeres, la que dejó en Cádiz -antes de ahogarse improvisadamente- enlutada y la que buscó en Paraguay con la que tuvo una hija a la que puso el nombre de la primera.                                                          A mí como persona me parece banal, como Muñoz comprándole zapatos a la Pantoja o Los Puyol pasando fronteras con novias que luego delatan la trama completa. Pero en cambio…con el traje de submarinismo preparado, con los nervios en manteca colorá sin pensar en nada que no fuera escapar, tiene por lo menos reglones para un cuento. Solo borrón y chaqueta nueva ha entrado por los Juzgados y algunos dicen que iba desmejorado, pero seguro que él piensa que le quiten lo bailado.