viernes, 19 de enero de 2018

TÍMIDA PRESENCIA

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Te joroba que te den la patada, pero más si te la pegan en los bajos. Ser mujer no es un intento, sino un trabajo. Constante porque nunca cesa. Ni tras once años de demostrar que puedes hacerlo tan bien o mejor que ellos.                                                                            Las costaleras portuenses de dos antiguas Hermandades han visto sus barbas pelar porque les han dado la carta de despido de algo que- perdónenme ustedes- no haría ni pagándome.                                                                                                                         Tiene un componente fedatario no hay duda , porque si no quién en su sano juicio se metería a cargar tantos kilos sobre los morrillos.                                                                          Hubo un programa de estos de docu-periodismo donde una reportera se proponía hacerlo y ya les digo que lo hizo, pero a costa de luxarse medio cuello.                                             No es por tanto desfilar, ni ponerse una medalla, es sufrimiento y devoción cogidos por las solapas.                                                                                                                      Entendería que las largaran si no pudieran hacerlo, pero llevan once años en ello.                      Ha cambiado la titularidad de los capataces y se ha evaporado el buen rollo, la igualdad y la hermandad porque le hemos puesto vaginas por delante. No es nuevo, antes las mujeres no podían estar al mando de las Hermanes, ni pregonar, ni salir más que de penitencia porque eso era su vida…Penar si les pegaban, aguantarse en casa teniendo hijos o que le pregunten como a la Machi si no tiene descendencia por su carrera. Somos maquinitas de dar pacer y engendrar hijos, la doble cara de la moneda en que nos crucifican los machistas. Y si nos salimos del plato les rascamos el fondillo testicular , regalándole una peineta exportable. Así que niñas a coser y no a cargar que los pasos son cosa seria, porque si llevas once años demostrando calidad y buenos méritos , se la repampinfla a los capataces. Ya es hora de que te vayas a casa, que los cargadores son todos varones y masculados se quedan. No se quejen -ni den ruedas de prensa -que solamente es una tímida presencia, que se ha quedado en dos cargadoras protestando y las demás callando como nos enseñaron nuestras abuelas.                                                      Cuando yo era niña no te dejaban ser penitenta, ni nazarena, porque nos estaba asignado ir tras la Virgen de penitencia. Qué bonitas las mantillas, qué lindos los tacones puntiagudos o los pies descalzos que para el trote y las paradas son hermanos, porque se te clavan los unos en el calcáneo y las porquerías en la planta desnuda, agujereándotela. Porque hemos venido a sufrir un calvario porque fuimos el origen del pecado. Pero háganme caso, cambiamos. Transmutamos como los reptiles para hacernos mejores y más fuertes. Sin tener que cambiar de sexo, solo demostrando que cargamos los kilos igual que los demás porque es con fuerza y quizás con esa fe que tan poco entiendo. No con vaginas, ni con úteros. Con esfuerzo. Pudiendo. Quizás por lo que llevas sobre el cuello, porque crees en ello. Las trabajaderas no entienden de vientres bajos, solo de levantás . Tras las bambalinas no hay más que resuellos.

lunes, 15 de enero de 2018

EL ÁNGEL GABRIEL

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Una chica de 17 denunció a un hombre- de nombre Gabriel-por tener fotos comprometidas de ella que se disponía a publicar en las redes si no accedía a tener relaciones íntimas con él. No es nuevo ya lo sé. Imagino cómo pudo llegar a esta situación porque las redes son opacas y la gente parece trigo limpio. Este ángel Gabriel ya era un conocido de los Cuerpos de seguridad, porque- justo cuando lo buscaban para arrestarlo por la denuncia de la menor -estaba declarando ante el Juez de Guardia por (siempre supuestamente)haber usado los datos bancarios de otra persona para comprarse dos bicicletas de más de 2000 euros. También está siendo investigado porque se le vio salir corriendo de un incendio que se inició en el coche de un vecino con el que había peleado , que se extendió hasta otro coche y una casa donde vivía una anciana que tuvo que ser atendida por los servicios sanitarios. Como les decía un angelito. Ahora hay que saber si en realidad (como dice la victima) tiene o no esas fotos en su móvil con las que la amenazaba por medio de mensajes con vejarla públicamente. Lo que pasa es que para analizar el móvil hay que pedir una orden judicial, así que denles tiempos que “se está en ello” como diría con acento tejano Aznar. Es curioso el ambiente enrarecido que se ha formado con lo del “Chicle” supongo que porque nos negamos a creer que los monstruos andan sueltos y caminan a nuestro lado haciendo barrabasadas tales como matar a alguien y luego irse a cenar a casa.                                                                          Nos negamos a ver que en realidad no somos pueblos civilizados sino adiestrados por un Cesar Millán infinito y legal que nos inculca desde pequeños qué está bien y qué mal , para que no orinemos en la alfombra del salón , ni defequemos en la puerta de entrada a la vista(y olfato) de los vecinos . Angelitos lo somos todos metidos en nuestra piel de normalidad, en nuestro trabajo de muchas horas mal pagado o ni siquiera eso porque nos valoran lo mismo que el vejador a la de diecisiete como material devaluado  y cambiable quizás a otro degenerado tan vil como él.                                                            Material desechable como los cartuchos de la impresora, las bolsas del supermercado o los envoltorios que nos hacen creer que los productos son más bonitos, más grandes o mejores, igual que una de menos de 17 pintándose con un eyer line,  subiéndose a unas plataformas o poniéndose relleno en el sostén. No nos ven como iguales sino como recorrido de pulgas, por eso nos arrojan a la basura y nos ningunean sin que tengamos más que ardores de estómago y mala baba. Estamos cogidos en una tela de araña esperando que venga la devoradora de almas y nos succione hasta la última gota que podamos dar. Esperando nada más. En cambio los ángeles caídos trotan en las redes, se hacen uno con ellas porque los protege el anonimato , cazadores de ovejas que pastan entre comentarios jocosos y fotos divertidas, deseando que nos quiera alguien que no nació para querer sino para dañar, para estafar y minar la confianza que le dimos a raudales. Pero cómo hacemos que nos crean, cómo les quitamos el disfraz sin que las menores nos vean como a verdugos de su independencia o libertad. Cómo protegemos a tanto incauto cuando nosotros también lo somos exponiéndonos, lamiendo las suelas de todo lo que consideremos que nos puede encumbrar a que nos sigan, digan que les gustamos o nos quieran aunque sea a nivel virtual. Porque qué hay más hermoso que la virtualidad que ni huele a pies , ni suda por las glándulas axilares.                                               Nos gusta soñar con hipotéticos viajes astrales que nunca se harán realidad porque son tan irreales como los amigos cambiantes, las cenas de recetas de blog copiadas o los piropos para hacerte desnudar ante una cámara que te robará la dignidad. No porque estés desnudando el cuerpo , sino porque hay un ángel que te va detrás. Ya ha captado tu estela, solo tiene que tender las alas y atrapar tu imagen pulsando el “descargar”. Luego entran en juego las amenazas, las apetencias de los caídos, las denuncias y a esperar ( siempre igual) la orden judicial.

viernes, 12 de enero de 2018

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL ANUARIO DEL2017 DEL FARO DE CEUTA

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Llevo mal la vejez. A veces creo que estoy en una cápsula del tiempo. Los idiotas solo tienen más arrugas, los “malasangre” dientes implantados.                                                   Me veo a mi misma y sigo igual, perennes dedos sobre teclas sin que pase nada , ni se mueva el mundo.                                                                                                                                                  Ha pasado un año porque lo dicen los calendarios julianos que se hicieron por amor para jorobarnos a todos y robarnos la cordura de las estaciones en la cara y los fríos inviernos.                                                                                                                                                    Se hace fiesta de lo más usual porque necesitamos el olvido del pasar el tiempo matándolo con aburrimiento. Ya ni vemos escaparates de juguetes, ni compramos turrones en octubre , ni noviembre. Nacimos empachados de noticias, de amistades consensuadas y de ritos paganos que no destilan ni sangre, ni sudor, ni lágrimas.      Incluso “Gran hermano” se ha desfasado y ya buscan cómo comernos el coco con otra payasada.                                                                                                                                         No crean que estoy deprimida por el nuevo año, todo lo contrario. No crean que me pasa factura la falta de mi compañero. Aguanto entera. Es la duda vital de si esto merecerá la pena, de si no será un espejismo que nos componemos todos los días cuando nos levantamos cada mañana en un paneta que llamamos Tierra con tanta discriminación que aún existe la esclavitud , la trata de personas y la venta de órganos.                                          Un planeta apegado al sol que lo protege y mata- al mismo tiempo- con radiaciones que no sabemos a qué nos conducen pero que nos da igual porque nacemos para oxidarnos con ese aire tan puro que se nos mete en las células y nos las envejece y mata.                       Nos paren llorando por lo que se nos vienen encima , porque la vida es trabajosa aun recién estrenada. Nos devenimos en pateárnosla entera, en buscarnos acomodo, en leernos un periódico local que amasamos como si fuera de la familia porque nos da la tranquilidad de que no estamos en una burbuja del tiempo, sino acabando diciembre y pendientes de un hilo de enero.                                                                                                         Es la más soberana tontería celebrar este nuevo año- esta nueva vida- porque estamos en una burbuja temporal en la que comemos, defecamos, amamos u odiamos para morirnos sin plazo inagotable de espera, porque somos finitos desde nuestro nacimiento.                    Llevo mal estas fechas. No sé si se han dado cuenta, pero aun así escribo porque es lo que soy… párrafos sueltos, desmantelados y áridos como yo misma . Doy gracias porque aun estáis ahí y no os habéis ido tirándome -hecha unos zorros -en la más cercana papelera. De todas formas me reciclareis como a vosotros mismos, como a la vida, como al año que ya olvidamos porque quedó atrás como los meses vividos, nuestras penas o nuestras miserables glorias. Se recordará porque la mente prodigiosa nos digiere todo lo que sentimos y nos lo traduce en lágrimas, sudor y sangre.                  Somos perecederos como el pescado que venden para la cena de fin de año, como los polvorones que se enranciarán en la despensa, como los saltos de subsaharianos rezando arriba de la valla de Ceuta, como el mar azul plagado de gritos de gaviotas, como una estrella que se convirtió en planeta.                                                                                     No es que lleve mal la vejez, es que me hago vieja. Mucha más desde que no está quien me hacía reír, quien me reñía y gritaba mi nombre- con cálido acento- llamándome casi todo el día. Siento un pie en la tumba del olvido cerniendo mis días, acumulando errores -nunca aciertos- perdiendo vigor vital y acunando -hijos de hijos- que nos sucederán donde estemos. Perdónenme pero son las fechas. No me gusta una reunión formal. Los gritos de los niños me dan dolor de cabeza. No bebo alcohol , ni canto , ni bailo porque soy lo que llaman en Cádiz una “siesa”. Es la fecha, el 31 que tiene pico de insectívoro clavándosenos en la médula, sacándonos el tuétano del tiempo, alojándosenos en el cerebro para volvernos majaretas. Debería estar brindando por lo que hay por llegar , porque se acabe el invierno, pero me duelen los dedos que aprietan las teclas. Ha pasado más de un año en mi cápsula del tiempo. Estamos de nuevo a Diciembre con polvorones y espumillón falseando las fiestas.

DESAPARECIDAS

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 Diana Quer ha aparecido pero hay otras muchas que esperan en un limbo cruel sin saberse qué fue de ellas. Ahora se ha descubierto una mandíbula que creen pudo pertenecer a una cría que desapareció hace 25 años, poco antes del suceso de Alcacer que ya casi nadie recuerda.                                                                                                                      Dos chicas que tenían entonces menos de 15 años volviendo a su casa hicieron autostop, subieron a un coche y nunca más se las volvió a ver, hasta ahora. Muy similar todo a lo de Alcacer si hacen memoria. Se llamaban Manuela y Virginia.                                          Sara sevillana de 20 aún no ha aparecido. No la se la ha visto desde el día de Reyes. Tampoco a una británica de 35 que desapareció dejando atrás a dos hijos menores, yéndose sin móvil, sin llaves, ni nada de ropa o dinero, después de haber sido agredida por su pareja.                                                                                                                                 Dicen que los familiares descansan tras la larga duda, las noches sin dormir, las cavilaciones y culpas reiteradas de lo que pudo ser y no fue. Porque quién prevé lo que puede hacer un asesino en modo caza.                                                                              “El Chicle” es presunto porque lo protege la ley que no pudo hacer nada por Diana, más que ahora sentenciar a su asesino si todas las garantías legales así lo dictaminan. Pero …¿ la mandíbula se quedará en una estantería del anatómico porque la suerte quiso que hubiera sequía y que del pantano donde la arrojaron haya rebrotado pujante para que un paseante la viera y la entregara a la policía?. No creyeron que fuera más que huesos viejos de los enterramientos que había de antes de hacerse el pantano, hasta que los forenses dictaminaron que eran de una chica muerta hacia 25 años. Lo mismo creyeron que había sido una fuga voluntaria como en su momento pensaron de Diana Quer o ahora de Rebeca Muldoon. Pero lo cierto es que desaparecen porque las matan y tiran los cuerpos como si no valieran nada, en pozos , en pantanos o en mitad del monte. Los ocultan para que no los descubran, para poder revivir ese asesinato una y otra vez en su mente. Luego confiesan cuando los atrapan, para luego arrepentirse solo ven cerca una toga negra empezando a tergiversar los conceptos, argucias de mentir por mentir en un juego en que la vida dejó de tener sentido y solo se presume la inocencia aunque lo cojan con las manos en” la masa”. “El Chicle” ha cambiado la versión como si fuera un guión bien escrito mientras Diana ya es tierra acompasada , dolor constante y llaga que no cierra. También las familias de las dos crías que no tuvieron la suerte de fugarse para vivir su vida serán rescatadas tras 25 años de ausencia, de conjeturas, de tragedia. No sabemos si lo será un día Marta del Castillo que también presumían algunos fugada para andar aún descarriada sin poder volver a casa para que sus padres puedan pasar página. Se darán cuenta de que todas son mujeres, que todas sufrieron violencia. Dicho queda

viernes, 15 de diciembre de 2017

RECLAMACIONES

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Si están hartos de oír musiquilla enlatada o voces automáticas ya saben de lo que les hablo. Un auténtico latazo. No es que tengamos mala baba es que nos tienen muy quemados. Si han cambiado de compañía de teléfono, si han reclamado un recibo de aguas o se les ha ido el frigorífico(estando en garantía) serán prisioneros de la burocracia de la que se quejaba Larra pero que ahora se ha generalizado y- lo que es mucho peor- informatizado.                                                                                                       Nos ponen paneles virtuales que tenemos que cruzar con gente que no existe al mando, para darnos vueltas como al huevo y al aceite saliéndonos  la mayonesa por las cuencas de los ojos .                                                                                                                                 Ya no se lleva eso de patearte calles y oficinas para hacer reclamaciones. Ahora te enchufas a internet -y al móvil- pero pasan de ti igual solo que escudados en un  “por favor” y algunas “gracias” .                                                                                                                      Tengo poca paciencia todo hay que decirlo, pero hablar con un autómata por teléfono me desquicia. También hablamos con algún humano después de teclear el número de nuestro DNI por aquello de la ley de protección de datos. De darle a los numeritos según lo que queramos. El humanoide por fin se presenta. Deletrea las silabas como si fueras aún a preescolar, mientras te pide que te calmes cuando llevas media hora escuchando el soniquete de una canción machacona o la retahíla sin fin de audioventa de sus propios artículos.                                                                                                                                           Soy visceral qué vamos a hacerle. Me gusta el chocolate espeso que lo sea, no adulteraciones, ni marcas blancas vendidas como pedorreta de gourmet.  A mi si el frigorífico se estropea estando en garantía no quiero que durante dos meses me tengan en espera los de Atención al cliente , ni tener que ir a los de Consumo con el cuento. Lo único que quiero es que lo arreglen que para eso está en garantía. Soy así de simple , ya ven. Si cambio de compañía de telefonía y se sacan de la manga un recibo impagado cuando los tengo domiciliados me mosqueo. Mi padre me lo advierte “ no puedes estar todo el día cabreada”, pero es que me buscan los cuartos y las medias. Si cancelo un seguro y les mando toda la documentación como me piden , por qué no hacen el ingreso lo mismo de rápido que me lo cobraron cuando lo contraté. Son cuestiones veniales, lo sé. También que los tele operadores se encuentren con gente borde como yo que se cabrea con las musiquitas atemporales que acojonan muchísimo porque me recuerdan a los dentistas y los ascensores en un mismo cuenco de sopa. Seguro que entenderán que me guste más un humano que alguien que me manda sin que pase la prueba final de darme una explicación de por qué las cosas no se hacen como se tienen que hacer. Porque esas grandes compañías que nos controlan no nos mas que paneles con gente que no existe en un laberinto de ratones que buscan una salida que nunca lo fue.

lunes, 11 de diciembre de 2017

YO TAMBIÉN LO HARÍA

Resultado de imagen de subsaharianos subidos a una valla en ceutaNo sé si aguantaría nueve horas- subida -a una valla, pero si eso me sirviera para buscarme mejoría a cualquier precio al menos lo intentaría.                                                                                       En “El planeta de los simios”- la original de Charlon Heston- trataban a los humanos como a los sudafricanos en la otra frontera . No es que nosotros seamos mejores es que las leyes imperan y cuando alguien se salta la mata, actúa y castiga.                                   Eso nos protege, pero quién les cuida a ellos que solo ven metal y esperanza al otro lado del infierno.                                                                                                                             Nueve horas es tiempo de desayunar y de quitar la mesa , de llevar niños al colegio, de ponerte a trabajar en el ordenador, de ir haciendo extras para los que nunca tienes tiempo. Incluso de ganarte un jornal completo y hacerte una extraordinaria para gastos no previstos. De un Consejo de Ministros donde se debatirá que hacer con los ilegales que quieren traspasar las vallas de Ceuta.                                                                                           No sé si saben que Ceuta huele a vida, a risas y gentío. Que huele desde el bosque donde se ocultan – los subsaharianos- es una certeza que no sale en periódicos ni rotativas. Por eso saltan. Por eso se mantienen firmes cabalgando sobre el acero y las estalactitas que se clavan en la carne como dentelladas del destino que no sabe de nada más que de pares y nones. Pares de tener casa y techo sobre la cabeza, nones para vivir en la pobreza, en los aledaños de guerras tribales, para ser mujer y violada, para ser joven y esclavo, apaleados por porras que no tienen más que uniforme y botas militares, mientras levantan las manos -al vuelo- como palomas.                                                                  Cuando tras nueve horas te arrancan de la mierda de esperanza que es abrigarte entre concertinas e infames hierros, das coces e incluso te rebelas porque la batalla a una mínima normalidad se ha perdido y vuelves a ser carnaza en “El planeta de los simios” que te apalean y muerden. No sé quién de nosotros podría estar agarrado a esa valla nueve horas, dos más que los pecados capitales porque se le añaden el dolor y el hastío. Pero perseveran porque hay quien lo consigue, quien se encarama -como macho joven de la manada- para esperar su momento y caer como pluma ligera que lleva el viento. Luego solo tienes que burlar a los civiles…Ya estás en Ceuta, puerta segura de legalidades y prosperidad en marcha.                                                                                                        Es doloroso verlos aparcados como escoria allí arriba sobre las vallas esmeriladas, expectantes y adormecidas, porque son humanos sin humanidad galopante.                                  No son más que pueblo de ninguna parte con carne y vísceras, abatidos.                                      La desesperación ciega llagándonos el saberlos pernoctando cerca de viveros, apalabrados a los semáforos o masificados en los centros de emigrantes cuando el sueño europeísta no lleva más que a un callejón sin salida.                                                                         Es la realidad más cruel verte en ese espejo deformado para no hacer nada más que comentarlo, más que pasar página porque nadie perdería nueve horas esperando que al otro lado de la vida se obrase un milagro.                                                                                            Cada uno que cayó es una losa sobre nuestra tumba como especie, una lacra a nuestro futuro porque nos enseña -en carne viva- lo que existe más allá de nuestras cómodas fronteras. Uno a uno fueron desalojados entre gritos y pedradas ocasionales de los ya realojados en el CETI , que se recuerdan en otros ojos y otras caras.                                                      No tardaremos nueve horas en olvidarlos, ni siquiera nueve minutos porque la vida nos ancla en el presente cotidiano que nos agrada , en nuestras deudas y conflictos más glamurosos sin huesos rotos , ni porras.                                                                            Caminamos a paso seguro porque no sabemos lo que nos depara el futuro, porque la esperanza está enlatada al lado de “la nocilla” del desayuno de los niños mientras nos devanamos los sesos para que nuestros amigos no sepan lo que nos cuesta llegar al trabajo cada mañana. Nueve horas sin sueño reparador jugando a video juegos, nueve horas de parto por gestación subrogada, nueve por coger el coche para pernoctar al lado de un río congelado.

lunes, 4 de diciembre de 2017

COMO EL DESTELLO DE UNA BALA

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Lo que no ves no existe en tu mente porque somos especie escéptica. Lo que no te llega a la médula no te duele porque somos carne de oveja bien dispuesta para el matadero. Creemos en los eslóganes que nos inculcan en los anuncios por palabras más que en las enseñanzas igualitarias.                                                                                                                   Ana Orantes nos conmovió porque nos abrió los ojos a machetadas y nos llegó al tuétano con sus palabras. Nos dolieron sus palizas en carne propia, narradas en voz impersonal de locutora de radio avezada en faenas irrealizables. Porque era imposible llegar hasta allí y salvarse.                                                                                                                                  Supongo que lo sabía porque su mirada tenía la profundidad de los que van al cadalso. Y sin embargo no vaciló ni en el relato de los hechos, ni en la postura, ni siquiera en esa voz que nos desgranaba los sucesos como si fueran ristras de ajo que un vampiro llevara colgadas al cuello. Murió abrasada en el 97 visibilizando los malos tratos de tal modo que abrió en canal la permisividad patriarcal que muchos hombres tenían al construirse un régimen dictatorial con el que gobernaban su casa. Luego de ella- de su asesinato por contar la verdad- ha habido muchas que han caído como las estrellas fugaces sobre la faz de la Tierra. Muchas como ella luchadoras por su identidad de género , su independencia y libertad. Fue tan grande está mujer que bien que merecería un cielo donde los maltratadores fueran condenados a galeras de educaciones a paladas para nunca tocar a una mujer que solo los cuidaba, los mimaba y  los temía a fuerza de diarias palizas y mamonadas imprevistas.                                                                                      Como el destello de una bala nos parió por segunda vez en nuestra vida, porque su testimonio nos hizo darnos cuenta de lo que éramos y de lo difícil que nos iba a ser seguir en el empeño de buscar nuestro sitio en este planeta. No creo que Ana se sintiera lo revolucionaria que era, lo valiente y libre que era. Porque  quién de nosotras abriría la boca para contar algo que sabe que tiene pena de muerte asegurada. Quién aguantaría un solo año- cuando ella pasó cuarenta con miedo en las carnes- para luego quitárselo de golpe, pisar fuerte y reclamar lo que siempre había ido suyo…la integridad,  la libertad de pensar, de actuar , de vivir como una quiera. A las de mi generación nos educaron para obedecer y callar, para no hacernos preguntas y para confiar en los mayores con género masculino y plural. “Las mujeres en la cama y la cocina” no era un eslogan sino un credo, pero nunca lo tuvimos tan claro como cuando ella lo dijo a la cámara -sin odio , ni temor -sino con conciencia de que estaba partiendo cadenas que nunca se podrían volver a soldar sobre su cuello. Hemos andado mucho, casi a ciegas, dándonos codazos entre nosotras y atándoles las manos a algunos a base de jurisprudencia, sentencias y prisiones. También ha habido suicidios tras los asesinatos y muchas hermanas caídas, demasiadas. Aún seguimos aquí luchando por algo tan esencial como que no te maten, que no te peguen o que lleguen a considerarte persona- no un bulto o una ignorante sin derecho a hablar ni a pensar -como denunció Ana Orantes ante Irma Soriano. A todas nos marcó su testimonio, supongo que a Irma más que a nadie porque la sintió vibrar a dos metros de distancia. Nunca será una más, porque abrió camino para que no caiga ninguna en el abismo que el maltrato genera. Nunca ninguna debe ser una más , porque sin cada una de ellas somos mucho menos. Menos persona, menos corazón, menos fortaleza. Hay que dar la cara para que ellos vean la cruz, abrir los ojos a destelladas de balas dirigidas a la opinión pública, a las fuerza de seguridad, a los medios de prensa. Hay que batallar porque sigue ocurriendo, porque la educación no lo es en igualdad y hay jóvenes promesas que rompen el ruedo con vítores de machadas retransmitidas. Hay que visibilizar- educar, denunciar, proteger, asesorar- porque lo que no ves no existe y lo que no te llega a la médula no te duele en el alma.