lunes, 11 de diciembre de 2017

YO TAMBIÉN LO HARÍA

Resultado de imagen de subsaharianos subidos a una valla en ceutaNo sé si aguantaría nueve horas- subida -a una valla, pero si eso me sirviera para buscarme mejoría a cualquier precio al menos lo intentaría.                                                                                       En “El planeta de los simios”- la original de Charlon Heston- trataban a los humanos como a los sudafricanos en la otra frontera . No es que nosotros seamos mejores es que las leyes imperan y cuando alguien se salta la mata, actúa y castiga.                                   Eso nos protege, pero quién les cuida a ellos que solo ven metal y esperanza al otro lado del infierno.                                                                                                                             Nueve horas es tiempo de desayunar y de quitar la mesa , de llevar niños al colegio, de ponerte a trabajar en el ordenador, de ir haciendo extras para los que nunca tienes tiempo. Incluso de ganarte un jornal completo y hacerte una extraordinaria para gastos no previstos. De un Consejo de Ministros donde se debatirá que hacer con los ilegales que quieren traspasar las vallas de Ceuta.                                                                                           No sé si saben que Ceuta huele a vida, a risas y gentío. Que huele desde el bosque donde se ocultan – los subsaharianos- es una certeza que no sale en periódicos ni rotativas. Por eso saltan. Por eso se mantienen firmes cabalgando sobre el acero y las estalactitas que se clavan en la carne como dentelladas del destino que no sabe de nada más que de pares y nones. Pares de tener casa y techo sobre la cabeza, nones para vivir en la pobreza, en los aledaños de guerras tribales, para ser mujer y violada, para ser joven y esclavo, apaleados por porras que no tienen más que uniforme y botas militares, mientras levantan las manos -al vuelo- como palomas.                                                                  Cuando tras nueve horas te arrancan de la mierda de esperanza que es abrigarte entre concertinas e infames hierros, das coces e incluso te rebelas porque la batalla a una mínima normalidad se ha perdido y vuelves a ser carnaza en “El planeta de los simios” que te apalean y muerden. No sé quién de nosotros podría estar agarrado a esa valla nueve horas, dos más que los pecados capitales porque se le añaden el dolor y el hastío. Pero perseveran porque hay quien lo consigue, quien se encarama -como macho joven de la manada- para esperar su momento y caer como pluma ligera que lleva el viento. Luego solo tienes que burlar a los civiles…Ya estás en Ceuta, puerta segura de legalidades y prosperidad en marcha.                                                                                                        Es doloroso verlos aparcados como escoria allí arriba sobre las vallas esmeriladas, expectantes y adormecidas, porque son humanos sin humanidad galopante.                                  No son más que pueblo de ninguna parte con carne y vísceras, abatidos.                                      La desesperación ciega llagándonos el saberlos pernoctando cerca de viveros, apalabrados a los semáforos o masificados en los centros de emigrantes cuando el sueño europeísta no lleva más que a un callejón sin salida.                                                                         Es la realidad más cruel verte en ese espejo deformado para no hacer nada más que comentarlo, más que pasar página porque nadie perdería nueve horas esperando que al otro lado de la vida se obrase un milagro.                                                                                            Cada uno que cayó es una losa sobre nuestra tumba como especie, una lacra a nuestro futuro porque nos enseña -en carne viva- lo que existe más allá de nuestras cómodas fronteras. Uno a uno fueron desalojados entre gritos y pedradas ocasionales de los ya realojados en el CETI , que se recuerdan en otros ojos y otras caras.                                                      No tardaremos nueve horas en olvidarlos, ni siquiera nueve minutos porque la vida nos ancla en el presente cotidiano que nos agrada , en nuestras deudas y conflictos más glamurosos sin huesos rotos , ni porras.                                                                            Caminamos a paso seguro porque no sabemos lo que nos depara el futuro, porque la esperanza está enlatada al lado de “la nocilla” del desayuno de los niños mientras nos devanamos los sesos para que nuestros amigos no sepan lo que nos cuesta llegar al trabajo cada mañana. Nueve horas sin sueño reparador jugando a video juegos, nueve horas de parto por gestación subrogada, nueve por coger el coche para pernoctar al lado de un río congelado.

lunes, 4 de diciembre de 2017

COMO EL DESTELLO DE UNA BALA

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Lo que no ves no existe en tu mente porque somos especie escéptica. Lo que no te llega a la médula no te duele porque somos carne de oveja bien dispuesta para el matadero. Creemos en los eslóganes que nos inculcan en los anuncios por palabras más que en las enseñanzas igualitarias.                                                                                                                   Ana Orantes nos conmovió porque nos abrió los ojos a machetadas y nos llegó al tuétano con sus palabras. Nos dolieron sus palizas en carne propia, narradas en voz impersonal de locutora de radio avezada en faenas irrealizables. Porque era imposible llegar hasta allí y salvarse.                                                                                                                                  Supongo que lo sabía porque su mirada tenía la profundidad de los que van al cadalso. Y sin embargo no vaciló ni en el relato de los hechos, ni en la postura, ni siquiera en esa voz que nos desgranaba los sucesos como si fueran ristras de ajo que un vampiro llevara colgadas al cuello. Murió abrasada en el 97 visibilizando los malos tratos de tal modo que abrió en canal la permisividad patriarcal que muchos hombres tenían al construirse un régimen dictatorial con el que gobernaban su casa. Luego de ella- de su asesinato por contar la verdad- ha habido muchas que han caído como las estrellas fugaces sobre la faz de la Tierra. Muchas como ella luchadoras por su identidad de género , su independencia y libertad. Fue tan grande está mujer que bien que merecería un cielo donde los maltratadores fueran condenados a galeras de educaciones a paladas para nunca tocar a una mujer que solo los cuidaba, los mimaba y  los temía a fuerza de diarias palizas y mamonadas imprevistas.                                                                                      Como el destello de una bala nos parió por segunda vez en nuestra vida, porque su testimonio nos hizo darnos cuenta de lo que éramos y de lo difícil que nos iba a ser seguir en el empeño de buscar nuestro sitio en este planeta. No creo que Ana se sintiera lo revolucionaria que era, lo valiente y libre que era. Porque  quién de nosotras abriría la boca para contar algo que sabe que tiene pena de muerte asegurada. Quién aguantaría un solo año- cuando ella pasó cuarenta con miedo en las carnes- para luego quitárselo de golpe, pisar fuerte y reclamar lo que siempre había ido suyo…la integridad,  la libertad de pensar, de actuar , de vivir como una quiera. A las de mi generación nos educaron para obedecer y callar, para no hacernos preguntas y para confiar en los mayores con género masculino y plural. “Las mujeres en la cama y la cocina” no era un eslogan sino un credo, pero nunca lo tuvimos tan claro como cuando ella lo dijo a la cámara -sin odio , ni temor -sino con conciencia de que estaba partiendo cadenas que nunca se podrían volver a soldar sobre su cuello. Hemos andado mucho, casi a ciegas, dándonos codazos entre nosotras y atándoles las manos a algunos a base de jurisprudencia, sentencias y prisiones. También ha habido suicidios tras los asesinatos y muchas hermanas caídas, demasiadas. Aún seguimos aquí luchando por algo tan esencial como que no te maten, que no te peguen o que lleguen a considerarte persona- no un bulto o una ignorante sin derecho a hablar ni a pensar -como denunció Ana Orantes ante Irma Soriano. A todas nos marcó su testimonio, supongo que a Irma más que a nadie porque la sintió vibrar a dos metros de distancia. Nunca será una más, porque abrió camino para que no caiga ninguna en el abismo que el maltrato genera. Nunca ninguna debe ser una más , porque sin cada una de ellas somos mucho menos. Menos persona, menos corazón, menos fortaleza. Hay que dar la cara para que ellos vean la cruz, abrir los ojos a destelladas de balas dirigidas a la opinión pública, a las fuerza de seguridad, a los medios de prensa. Hay que batallar porque sigue ocurriendo, porque la educación no lo es en igualdad y hay jóvenes promesas que rompen el ruedo con vítores de machadas retransmitidas. Hay que visibilizar- educar, denunciar, proteger, asesorar- porque lo que no ves no existe y lo que no te llega a la médula no te duele en el alma.

viernes, 1 de diciembre de 2017

SUICIDIO EN DIRECTO

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 Un ex general de las guerras sanguinarias de Bosnia y Croacia se hizo el matarile a plena cámara. No es más que otro episodio de “Gran Hermano” retransmitido. Los nuevos tiempos que llevan a robar un móvil tras una agresión sexual para que no sea prueba de juicio, ni rescatador universal.                                                                                                         Nos hemos hecho a convivir con la tecnología de tal forma que se ha convertido en nuestra charla durante el café de media mañana, que ahora hacemos solos pegados a un móvil  muy sofisticado.                                                                                                                             Reciclamos sentimientos de otros haciéndolos nuestros, nos vemos en sus pupilas o nos asqueamos a nivel global porque la individualidad está demasiado cotizada como para poder pagarla en este mar de pixeles transferidos.                                                                             Si llegara un apocalipsis mundial lo contaríamos devanándonos los sesos, no por salvarnos sino por ser los que recabaran más “me gusta”.                                                                                                                                      Hemos llegado a dejar la privacidad en la papelera virtual en la que vaciamos los anuncios que no nos gustan o esa gente tan antigua que no se mueve por las redes como pez por conexiones afines.                                                                                              Compartimos la salud y la enfermedad con gente que no conocemos de nada hasta que las ganas nos aguanten o los seguidores nos pateen las nalgas, aburridos – como lo estamos la mayoría ya- de las chorradas caducas de “Gran hermano” u otros realitys que antes nos hacían parecer un poco menos desastrosa nuestra vida.                                                     Las Kardashian o las Campos nos llamaron a la vocación de sabernos gente del montón, normalitos no más para hacernos un puré de cotidianeidad que nos lleve a sobrevivir un día más entre tantas obligaciones mal pagadas y digeridas.                                                 Somos currelantes de días vividos, de normalidad a raudales pero- como espermatozoides cabalgadores de primeros puestos- nuestro gen dominante nos lleva a querer hacer grandes cosas que solo en la red están permitidas. Qué sería de nosotros si nadie lo supiera, para qué valdría estarse una hora cansina en la peluquería sufriendo con las jodidas extensiones si nadie nos regala un ” me gusta” o conecta un comentario halagador o divertido para tanto esfuerzo. Ya se lo digo yo… nada.                          Porque vivimos en una pecera de emociones que nos controlan hormonándonos, no a hacer grande logros ni a darnos a los demás, ni a culminar grandes causas que engrandezcan la humanidad sino a meternos canela por la nariz- al modo decimonónico- para estornudar mocos supersónicos haciendo reír a medio planeta.                                 Podríamos ser patéticos pero solo somos simiescos sin planeta que recorrer a caballo sino con las botas mohosas puestas de guerreros que ennegrecieron su fama como el que se metió veneno a bocanadas para no acatar la sentencia condenatoria , ni muerto.                                       Tenemos pocas agallas- que diría mi tía María- porque los jornaleros que se partían las espaldas por cuatro reales, los españoles que emigraban para buscar sosiego para sus familias se han plegado sobre si mismos en cámaras digitales con memoria de disco. Ya nada es real, ni siquiera estas líneas.

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL CRUCIFIJO DE PACHECO

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 El que fuera Alcalde de Jerez anda en horas bajas en Puerto III. Le han arrebatado un crucifijo que él trataba como prenda porque se lo regaló un recluso luego de darse el piro.                                                                                                                                       Rapunzel también tiene sus tesoros ensortijados en el banco de paseo que se aposenta en las inmediaciones del Colegio de Pinar Hondo. No es como Pacheco una presa de cárcel alguna más que de huesos y médula , perjudicada anatomía que la lleva a pernoctar en desbandada.                                                                                                                  Hace mucho que debió perder la conciencia. Mucho que la vemos vagando -de cualquier modo- con enseres que depreciamos en contenedores y papeleras  para que ella les dé cariño y fines adecuados.                                                                                         Un día llamé a los locales para darles cuenta de que por mi barriada vagaba perdida una joven rubia, pero me dijeron lacónicos que irían en un rato sin que hasta el día de hoy les hayamos visto el pelo.                                                                                                                Si la hemos visto a ella que se ha instalado -siempre en la provisionalidad que da la propiedad municipal - como les dije antes en las inmediaciones de un colegio, frente por frente a un centro de preescolar.                                                                                                      No es mala vista la de este banco con más solera que los que cogieron maletas y se fueron cuando lo de la DUI de Puigdemont.                                                                                          La tiene de sobra entre sus tablas y metales porque ya antes de Rapiunzel -con sus trenzas rubias y sus ojos celestes desvaídos de raciocinio- estuvo otro ocupa que parecía Papá Noel con barbas extensas y greñas níveas.                                                                            Lo atraparon un mal día los de servicios sociales devolviéndonoslo rapado y de imagen impoluta al mismo banco donde se apalancan los que creemos locos mientras que ellos piensan lo mismo de nosotros que nos afanamos como hormigas imbéciles en hacer cada maldito día las mismas inútiles cosas.                                                                                    Rapunzel pasa las horas mágica e inalterable, princesa del cuento más desgraciado porque ni Príncipe -ni rana- van tras ella, sino críos ya rozando la pubertad mezclada con mala leche que se burlan a los gritos estridentes de “ahí está la loca del Puerto”. Loco del Puerto era Alberti que simulaba ser poeta pero era ido magistral y dicharachero visitando el Colegio de Pinar Hondo cada vez que se lo pedían para deleitar igual a maestros que al alumnado.                                                                                            La veo cuando paso atareada yo, ella perpleja,  escribiendo en un cuaderno quizás símbolos mágicos que conjuren su mala suerte o puede que un testamento vital que nos aclare dónde se encuentra su castillo en esa otra dimensión donde los cuentos de hadas no terminan más que con finales felices . Tumbada en su banco día y noche, vestida con una cazadora de mil vidas regaladas, desguazada y despellejada como si fuera una segunda piel, con pantalones que una vez fueron de marca y unos cinturones que cada vez tienen más agujeros para ajustarse a la silueta quijotesca.                                                  A Pacheco le quitaron el crucifijo porque dijeron que podía usarse de arma, pero qué más arma que la mente puede haber dentro y fuera de un presidio. Cierto que se podría decir que nadie mata más que las religiones, más que una cruz donde fue ejecutado un inocente, más que una cárcel que mata almas al minuto, más que un banco solitario sujeto a la indiferencia de los paseantes.                                                                                   Todos quieren que la normalidad vuelva, que Pacheco siga en la cárcel pleiteando recursos para los presos y Rapunzel escondida entre los asfaltos y la arboleda que siempre fue – más para ella- perdida y oscura como la conoció Alberti enamorándolo de por vida, volviéndolo el más ido y magistral que había en todo el Puerto.

viernes, 24 de noviembre de 2017

CONSENTIMIENTO EXPRESS

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No se crean que este es un tema de actualidad sino muy viejo. Ahora anda de “boca en boca” por lo del juicio de “la Manada” pero realmente es un concepto que se ha manoseado en casi todos los casos de violaciones. Las de mi generación que nos hemos criado con ese cisma tatuado en el cerebelo lo tenemos muy claro porque convivíamos con las mártires cristianas que antes se dejaban cortar los dos pechos que mancillarse.                                                                         No piensen que soy apocalíptica , solo vieja. Estábamos inmersas en lo que ahora- algunos jueces y el mismo abogado de “la Manada”- esgrimen para disculpar a los que hicieron lo que les dio la gana.                                                                                                                                                       Es el eterno canto de la violencia machista. La charla insustancial de las Marujas de barrio sentadas a la puerta de su casa- a la fresquita- diciéndose entre ellas cuánto les arreaba el marido y encima tomándoselo a gala porque así les demostraban cuánto las quería.                                                  No te puedes emborrachar, ellos sí. No puedes ponerte según qué ropa, ellos pueden ir en pelotas picadas o con camisetas acordándose de los muertos de tu padre.                                                   No puedes ir y decir que es un capullo integral aunque lo sea porque eres una histérica, ellos nunca porque es un vocablo griego que tiene su origen en la matriz por lo tanto de género femenino y punitivo.                                                                                                                                        Hay una guía muy fácil para saber cuándo no hay consentimiento…  No es que tengas ganas , ni que vayas buscando carne con cuatro descerebrados más para darte gusto en los fondillos de los pantalones a bajo precio. Es saber que no puedes aprovecharte de una persona bebida porque eso es de canalla. Porque si está bebida y no habla, si sois mayoría y ella está sola, con pocos años, asustada y arrinconada es un NO como una casa. Aunque te mueras de  ganas porque nunca se preocuparon de enseñarte que las personas se hablan con educación, se comportan con respeto y no se va por ahí como Terminator hecho una máquina de hacer la puñeta. Somos ya muy mayorcitos para tener los cerebros tan huecos como para jugar a roles caducos -apestados de ranciedad- de antiguos regímenes de pernada ancha. Vergüenza me daría de montármelo- con cuatro amigas más -con un tío tan pedo que no pudiera ni mover las pestañas para decirme “sí quiero”. ¿Esa es vuestra defensa?. Pues vaya. No sabía que aún debiéramos cortarnos los pechos para que no nos violen, que hubiera que clamar al cielo un diluvio universal, ni cerrar las piernas soldadas con alambre de espino para que no nos violarán. No podemos beber como hacen ellos, ni ronear como hacen ellos, ni confiar como hacen ellos, ni ir solas como hacen ellos, porque no somos ellos en un país que presume de igualdad pero que riega sus calles con sangre inocente porque la libertad y la integridad personal no se visten igual según el género. No se crean que habló del juicio a “la Manada” porque- por desgracia- esto es mucho más viejo.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

12 AÑOS Y EMBARAZADA

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El otro día la amiga de mi hija se asombraba de que las mujeres con quince se pudieran quedar embarazadas. Iban haciendo cuentas de cuántos años habría tenido la madre de una compañera cuando se quedó embarazada sacando en conclusión el mágico número de 15 años. Les informé – lo más natural que pude- que las mujeres gestan a partir de que menstrúan, pero como sus gónadas están despobladas se me perdieron en el invento mientras íbamos a los entrenamientos.                                                                                                   No me extraña la noticia de que una niña de 12 esté embarazada. Las oigo cantar requetones que hablan de camas y amores carnales como si fuera la cosa más normal del mundo , mientras sé de compañeras de mi hija que ya el año pasado burlaban a los profesores para meterse besuqueos babosones dentro del recinto escolar.                                          Me dirán que por qué no dije nada – los más represores- o por qué lo digo ahora- los más liberales- cuando ya todo ha pasado. Sinceramente con los hijos de los demás no ejerzo ni de madre, ni de vigilante más que si se quedan a mi custodia. Tampoco es que los besos sean algo que pueda traer más consecuencias, pero lo cierto es que permitimos ver y hacer muchas cosas que a los menores de dieciséis les perjudican. Internet está ahí omnipresente hasta en la sopa con cantidad de contenidos descargables que ni tocan como los grandes museos o las enciclopedias. Los besos no son nada, pero la parejita del colegio que se encontraba a destiempo se deshizo porque le chaval quería apretar el beso rozándose con más fuerza. Otra niña le metió manteca de cacao desde atrás porque las mujeres -aún con las gónadas despobladas- ya hemos aprendido la lección de que es mejor protegernos entre nosotras. El problema no son los besos sino la aceleración, el carmín en los labios, la depilación láser o la cera en axilas despuntados los once. Los pantalones metidos en las nalgas, el suéter levantado con sostenes de aro y la cara punzando una mueca que simula un beso. No sé qué hemos hecho mal, pero sexualizamos a nuestras niñas avanzándolas diez años tan deleznablemente como hacen con las africanas a las que mutilan los genitales para casarlas con la honra – hasta la médula- intacta. Es la otra cara de la moneda porque a las nuestras las mutilamos de jugar con muñecas, de hablar de tonterías, de cantar canciones acharoladas porque los requetones, las series de jovencitas de Disney y todo lo que les caiga en las manos vía internet las trae locas de atar. Podemos protegerlas de casi todo menos de sí mismas, de sus deseos incontrolados de parecerse a las modelos que desfilan por las pasarelas creyéndose Ángeles para ociosos de la retina que beben cerveza mientras la riman con erecciones espontaneas. No estamos hechas las mujeres para alegrarle el día a nadie, ni aun siendo niñas para que nos preñen por descuido mentes sin educar. El cerebro debería estar desarrollado al mismo tiempo que el cuerpo, porque no es justo que se nos desplieguen los senos cuando aún no bailan el vals las neuronas. El caso de la niña de 12  no será más que un quebradero de cabeza para la cría, un disgusto mastodóntico para los padres y el chismorreo de moda en el colegio. Suerte tendrá- ya que es menor-si no le ponen etiquetas y la dejen puñeteada como a esas tantas otras a las que le cayó la ofensa como si fuera nacida con género por dejarse preñar o cohabitar con uno del sexo convexo. Lástima de cría tan chica que no pudo ver más allá de los hechos porque no tenía capacidad para saber lo que estaba haciendo . Se dejó llevar por los impulsos , las hormonas y la poca información que no hay como mirar internet- todo el santo día- nada más que para saber lo que chismorrean los amigos.                                                                                                                                                La amiga de mi hija dice que ella tendrá a su prole a partir de los 37. “Eso con suerte”- le dije yo en voz baja mientras conducía pensado en lo que cuesta ahora situarse, encontrar pareja estable y además equilibrar tu vida lo suficiente como para reproducirte. No me quito de la cabeza a los padres, la cara que se les pondría porque fueron al hospital por un dolor abdominal muy fuerte para una cría de doce años. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

TRES TONELADAS

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 En la Barriada del Saladillo se desayunan con balas.                                                                  Desde Málaga llegaron narcotraficantes seguidos a  la rueda por los beneméritos. Cuando entraron en una casa de Antonio Machado se blindaron todos los accesos coordinándose civiles, locales y nacionales. Aquello era un episodio Made in Spain entre el “CSI” y “Mentes criminales”. Para muestra de desayuno férreo un Mercedes blanco abandonado y coches cercanos con marcas de balas.                                                                   Los periodistas zumbaban en pos de las noticias mientras los mirones aguardaban. Una vecina de los pisos altos creyó morir -dándole gracias a todo lo que la había salvado -porque una bala había travesado una ventana de su casa. A las once de la mañana con cafés por medio, los niños casi en el recreo y la comida sin hacer, entraron en la vivienda en la que se había refugiado el presunto. Llevaban una orden judicial como la que pidió la rubia de la heladería” Otoño” después de haber lanceado al que asesinó y guardó en el congelador. Se encontraron con que los Narcos habían huido pero les habían dejado la Navidad adelantada de casi tres toneladas de hachís. Salió un guardia civil herido en la pierna, pero está recuperándose de un chance que hilvanaron agentes de Málaga, Algeciras y hasta Ceuta.                                                                                                   El Saladillo se recupera hasta la próxima.                                                                                        La vecina – del tiro en la ventana-se medica de la ansiedad que va para crónica porque este es el cuarto percance en lo que va de año, con tiroteo por el robo de cargamento entre bandas, otro por líos de sangre con tracas valencianas y un herido más en el hombro por una bala perdida.                                                                                                                        Los del IES del García Lorca asentado en el Saladillo son los más trabajadores porque no quieren que una bala les aterrice en el alma, sino  trabajar y prosperar a curro vespertino. No da esto inseguridad sino ganas de salirte corriendo como los dibujos animados porque las películas están muy bien, pero los narcos ni tienen alma ni les importa nadie. Lo más escapar para sacar botín de sangre.                                                                   La droga mata desde el inicio en que se hace hasta que se pace. Mata por refilones de balas, por ataques de ansiedad , por gente de doce que se levanta sin ganas para ir al instituto porque ven lo fácil que es amañarse un Mercedes para dejarlo abandonado cuando tienes que cruzar calles a pie ligero porque te persiguen los civiles. Matarifes de tres al cuarto consentidos hasta ser encarcelados, luego el “mete y saca” de los clanes y la Mafia que les inspira sin actores importantes sino pasacalles.                                                                           El Saladillo late como un corazón asmático, como una perra agónica que espera turno para que la capen porque ya no puede más con tanta carga, con tantos hijos mamándole de las ubres sin leche que da la drogadicción, la miseria y el hambre. Tres toneladas de mierda pura, de cagajones de gato, guano para desgraciados que se parten el pellejo para transportarlo dándole la muerte brindada al infeliz que lo cate.