
Desde sus ventanas se ve hacerse la Avenida como recién lavada. El Ficus enorme que hay en uno de los patios, verdea el cemento encalado y las ventanas traen expurgaciones de otras vidas y otras enfermedades, diferentes a la tuya.
No eres persona, eres enfermo y lo sabes, solo subes las escaleras que nadie sube , aunque un cartel rece que es mejor para tu salud y que los tramos de tres repartidos en pisos de diez, estén limpios y aseados sin colillas , ni alquitranes , gracias a “los humos fuera” que impulsaron los socialistas.
Nada de volutas ascendiendo a tropel por los huecos de escalera, nada de gente al lado de la puerta expeliendo humo de vendetta, de cánceres lejanos o a la espera, introduciéndose por el organismo, mientras el fumador, obsoleto, dice, como el avestruz , que su vida es la que cuenta y que se la gasta en la ruleta.
Los pasillos son blanquecinas oscilaciones de puertas contrapuestas, la gente de bata blanca o verde, hipotéticas figuras de rostro humano cambiante, de voz alterada y pasos cansinos y rotos, porque el cansancio apremia y las horas y los turnos y es lo que hay en sanidad, por mucho que digan que es vocacional y más trompetas.
Las bandejas de las comidas van en carritos, la abuela va en carrito tacataca y los enfermos a la habitación en cama con rueda o en camilla rodada, que , para colmo, es igual , porque si los de las batas blancas o verdes se pusieran patines, todo el Puerta del Mar giraría como en danza , cabeceando y cimbreándose, como bailarina al compás del viento de levante que viene del Balneario y que esquinea en el Nebrasca, aleteando en las Flores y expeliendo un aliento a cazón en adobo y boquerones fritos.
Seguro que su majestad de los mares del Norte, no degustó semejantes platillos en su visita al casco antiguo y sí en cambio se jartó de discursos y es por ello, causa y razón de que ande triste y abatido y que pierda el sueño por el paro juvenil y por ello que los viejos jubilados, los parados y otras ramas gaditanas , como chirigoteros, periodistas sin nada que escribir y solteros de buen ver, vayan por las aceras de nuestro solar patriotero, rezumaditos de belleza natural, enchirlotados de tragedia griega, pero de buen ver y mejor catar, para mayor gloria de todos los que los conocemos.
Cuando entras en el puerta del mar, no eres persona, eres enfermo o acompañante o visitante o vistes bata blanca o verde, para lo que da, porque el aliento de la mole de cemento y hierro , es diferente y asmático, borrascoso y tenue, y la gente lo sabe y habla bajo o entrecala risas nerviosas , porque hay algo que los acojona y derrota, puede que la eterna lucha de los comic o los ojos enfebrecidos de los mártires , aparecidos en los cuadros de cualquier capilla que se precie, es el duelo entre la muerte y la vida, que se gana, en un suspiro o se pierde, en una ráfaga de mala suerte.
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